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Mundo mágico

SOS DESESPERADO

SOS DESESPERADO

 

 

Datos de Reporteros sin Fronteras en 2014 a fecha 31 de julio

 

35 periodistas asesinados

7 colaboradores muertos

12 internautas asesinados

177 periodistas encarcelados

11 colaboradores encarcelados

188 internautas encarcelados

 

A veces se me apodera el miedo y no puedo evitar el pánico que me invade al contemplar las cifras que Reporteros Sin Fronteras nos actualiza día a día a través de su pagina web www.rsf-es.org. He visto la  muerte personalmente y muy de cerca en mi profesión, me ha correspondido cubrir la información de numerosos atentados terroristas y algún que otro secuestro, he sido amenazado en lo que a mi integridad física se refiere, con la correspondiente espada de Damocles que no se fue de mi cabeza a lo largo de muchos años. Y desde luego no me siento nada orgulloso de ello, sino que más bien me da vergüenza contarlo. Sin embargo he sido al mismo tiempo una persona apasionada y hasta feliz ejerciendo la profesión a la que he amado y amo hasta límites insospechados. Parecerá que sufrir y disfrutar sea un contrasentido, pero ahora bien entrado en la época otoñal de mi vida, estoy convencido de que si volviese a nacer seria periodista, algo que puede no entenderse a los ojos de la razón, pero si a los del espíritu, y a ciertas dosis de rebeldía. Puede que seamos un poco extraños, o raritos, como supongo que pensará  convencido más de uno. Y lo peor de todo ello es que aún nos tenemos que oír eso tan manido de que la culpa la tienen los buitres de los periodistas. No somos los autores de las noticias,  sino sus transmisores, y pensamos siempre de una manera vocacional que nuestra obligación es facilitar que el mundo se entere de cuanto sucede en su entorno, bien explicando limpia y llanamente las cosas como suceden, aunque molesten a determinados intereses o defensores a ultranza de posiciones en ocasiones inexplicables, o bien a través de determinadas investigaciones que por concretos motivos destapan auténticos escándalos. Hay que pensar que nunca es más cierto aquello de que la verdad nos haga libres a todos, que debemos plantarnos cara a nosotros mismos y conseguir que las noticias lleguen sin ser manipuladas al más amplio abanico de receptores, sin excepción alguna, aunque la meta perseguida pueda parecer una utopía. Persigamos las utopías pues salvando todas las coacciones, aun a pesar de que compañeros de profesión de todo el mundo, frecuentemente sean víctimas que pagan su vocación con resultados de muerte por asesinatos, con incomprensibles condenas de cárcel por parte de gobiernos regidos por dictadores y a veces dictadores disfrazados de demócratas. Ejemplos claros los hemos tenido muy cerca en país todavía llamado España, aunque sus promotores parece que ahora están calladitos y por lo menos no activan de momento sus armas, si bien tampoco las han entregado.

Sin duda, en estos momentos es urgente lanzar un SOS desesperado, bien por la humanidad que vive unos dramas que deberían hacer sentir la cara llena de vergüenza a tantos y tantos dirigentes mundiales, que allá donde hay petróleo y otras riquezas se vuelcan a fin de favorecer sus finanzas, aunque eso sí, en nombre de la democracia, una democracia que ni existe ni existirá en lugares pobres y plagados de miserias, con gentes que pasan hambre y hasta mueren por carestía de alimentos. Tales desatinos cargados de maldad no parece que guste sean divulgados,  ¿La culpa la tienen los periodistas?

Como botonazos indignos de muestra de toda esta sinrazón, me concretaré en dos frentes, aunque hay muchos más. Ucrania y  franja de Gaza en Palestina. Todos quieren periodistas afines y odian a los que tratan de ser imparciales y que no solo son encarcelados y secuestrados, sino secuestrados.

Así tenemos que en la autoproclamada Repubica Popular de Donestk (territorio rebelde de Ucrania), se ha restringido de forma drástica la cobertura periodística de los enfrentamientos, produciéndose  igualmente un alarmante aumento de detenciones y desapariciones de periodistas. Una periodista polaca, Blanka Zulewaka, que acompañaba a un grupo del ejército ucraniano fue tiroteada y herida gravemente en la columna vertebral. El también periodista ucranio Argakov fue detenido por funcionarios de inmigración rusos el pasado 18 de julio cuando trataba de investigar la desaparición de dos pilotos de su país, que fueron asesinados por fuego de mortero en la región de Laganks, en el este de Ucrania. Igualmente, el 20 de julio, los rebeldes detuvieron a diez periodistas ante la morgue de Donetsk, cuando intentaban completar su labor informativa sobre el avión de pasajeros de Malaysia Air Lines derribado el día 17 y en el que murieron doscientas noventa y ocho personas. La jornada anterior, los propios rebeldes arramblaron con los equipos de una web de noticias de Luhanks.

Por otra parte, tras el comienzo de los recientes conflictos en la zona palestina de Gaza, a los 19 días de desastres continuados, el ejército israelí ya había causado mil muertos. Mientras, Estados Unidos comunicaba que seguiría proporcionando munición a Israel. Recientemente, el pasado 30 de julio se vivía la jornada más cruenta hasta el momento, con un saldo total de 119 muertos y 500 heridos palestinos. En esa misma jornada, en pleno bombardeo en Shujaíya, fallecía el fotógrafo Tamiy Ryan. Y lo peor es que la escalada bélica parece aumentar día a día, sin visos de solución por más que se proclamen treguas débiles que se rompen con la máxima facilidad.

En estos escenarios plenamente inhóspitos para los seres humanos, se mueven  periodistas de todo el mundo. Que ¿qué quien les llama para meterse en sitios donde saben que los peligros son tan seguros? Algo muy seguro es que sin estos profesionales entregados no habría información veraz, y sin información no habría democracia. Amamos la democracia,  no concebimos la vida de otra manera. Nos gusta aportar nuestro granito de arena desde las más distintas áreas del mundo de la información, no solo política, orden público o conflictos bélicos, sino incluso en la parcela deportiva, donde la violencia ha empezado a hacer sus apariciones alimentada por la barbarie a todas luces incomprensible.

 

MANUEL ESPAÑOL

 

 

 

 

LOS TRENES DE LA VIDA

LOS TRENES DE LA VIDA

Mi tío Víctor era el amo del tren. Paraba con su locomotora y carbonera enganchada todos los días a las puertas de mi casa. Tocaba un pitido fuerte con el chiflo, y yo que allí acudía vestido con mi minúsculo pijama. Me cogía en brazos con sus manos llenas de carbón, me ennegrecía como un deshollinador, y entre risas partíamos hacia unas estaciones mágicas que paraban en mundos de ensueño. Aquellos sueños de infancia comenzaron a volverme alegremente loco, y esta locura ha ido en un aumento dosificado y con dosis cambiantes de humor y hasta de formas un tanto surrealistas. 

Nací... no me acuerdo cuando, que de eso ha pasado mucho tiempo; que no, que no me acuerdo nada de ese día en el que asusté tanto a mis padres, que no sabían de verdad lo que se les venía encima, que no era una broma ligera, que la broma, pesada ella, era para el resto del mundo, que se estaba recuperando de los desastres de la segunda guerra mundial. ¡Lo que faltaba!

Con el tiempo, entre otras virtudes y defectos, y más estos últimos, fui desarrollando mis aficiones. Los trenes seguían y siguen siendo parte de mis pasiones; que siempre he sido un apasionado. Me  gustaban especialmente aquellos viejos amasijos de hierro y madera con bancos de tablas de madera y  sabor a una humanidad envolvente, muy parecidos a los que conducía  en  mis sueños el tío Víctor. Allí, en sus vagones y con la lógica evolución de los tiempos, se han escrito paginas hermosas, historias de amor y de odios, de celos, momentos llenos de chispa.

No estoy de acuerdo cuando  se dice que “cualquier tiempo pasado fue mejor“, porque soy de los que piensa que lo mejor esta todavía por llegar, que el futuro aún hay que escribirlo, que debemos ganarlo día a día, si bien no está de más echar de vez en cuando la vista atrás y recordar los errores cometidos a fin de que no se vuelvan a repetir, si bien  me gustaría volver a vivirlos con toda intensidad en viajes reiterados hacia ese mundo mágico, inocente y feliz que todavía añoro. En el fondo aun me considero un niño que finalmente se ha convertido en un loco surrealista y soñador sin dejar atrás mis esencias a veces un poco extrañas. Ya lo he dicho: soy un niño, y no tan grande.

Gabino, despierta, que tienes que poner a cocer las judías y después tomar e coche e ir a ver a la tía Cuqui... Así que oigo la voz de Jimena, que pone el punto realista a mi existencia, sin dejar de ser una inseparable cómplice y además tolerante, aunque a veces pierda su paciencia, que lo comprendo. Pero no, en esta ocasión no le voy a hacer caso, que es que me niego y me pongo a pensar en esos viejos vagones de Renfe, si, los de tercera clase, en los que todo un mosaico de ocupantes daba color, calor y sabor al ambiente, sin faltar tampoco la alegría y la generosidad entre los ocupantes. Como los desplazamientos se hacían largos debido a la lentitud de los trenes de entonces y yo era un nene con cara de bueno, solían obsequiarme con ricos almuerzos de tortilla de patata, o bocadillos de carne empanada, y a veces me dejaban la bota de vino para que no  me atragantase. Como  la temperatura física era bastante alta, lo que los mayores consideraban correcto para aliviar los efectos del calor era abrir las ventanillas a fin de que penetrase el aire; lo malo es que al entrar en los túneles, la carbonilla procedente de la locomotora se colaba en los vagones, y unos tosían desconsoladamente y otros lloraban al ser invadidos en sus ojos por los malos humos. Por aquella época eso no pasaba en Francia, que ya tenían electrificada su red, pero les faltaba la tortilla y la carne, y ese sabor y olor a humanidad pura y dura, no exenta de pequeñas dosis fétidas. En otras ocasiones te encontrabas que en tercera clase había muchos cazadores acompañados de sus perros y montañeros que iban a hacer escaladas en los Mallos de Riglos,  que hablaban en alto y cantaban sus canciones no comprometidas políticamente, por si acaso aparecía la Guardia Civil, que solía siempre estar muy cerca, y no era cuestión ciscarse con el orden establecido.

Pero los tiempos siguieron avanzando y con otros aires, imparablemente. Que uno ya tenia acceso a los vagones de segunda, mas mullidos y con compartimentos de ocho personas cada uno, y aunque seguía entrando la carbonilla, ya era otra cosa. También aquí se escribían historias, se conversaba, pero con cuidado, que los tiempos no estaban para bromas, que en uno de esos apartados, igual podía haber un policía o un adicto chivato, si bien no faltaban sonrisas y humor, ni chicas bonitas, que a veces llevaban las faldas por encima de las rodillas y con las que se intentaba primeramente entablar conversación aunque sin resultados posteriores.

Pero ya he dicho que me gusta el tiempo presente y mirar siempre hacia el futuro. Ahora con los AVE, los desplazamientos son otra cosa, se alcanzan velocidades que a principios del siglo XX hubiesen espantado a toda la población, que entonces se decía que a 30 por hora se le podía salir el corazón loco del cuerpo a cualquiera. Ahora no entran animales en los trenes, bueno sí, unos cuantos que enturbian el ambiente en grado superlativo, se habla poco  o nada entre los pasajeros, si bien se usa y abusa del teléfono móvil, artefacto que dicen está inventado por el diablo, y a través del cual se establecen  conversaciones que no interesan a nadie, de las cuales se entera uno de todo quiera o no. y así se utiliza un tono de voz tan alto, que no le permiten al resto del pasaje centrarse en la lectura, o simplemente posibilitar las conversaciones entre dos personas en tono bajo. Visto y oído en un AVE entre Zaragoza y Madrid: “Hola cariño, estoy pasando por Calatayud. Jajajaja, si, que dicen que aquí esta la Dolores... No, no,no, que los besitos son para ti, que un pesado a mi lado también habla por teléfono. Cuelgo, que alguien de por aquí pone mala cara, que te llamare luego. Yo también te quiero“. Otra nueva llamada se produce al paso por Guadalajara con un nuevo diálogo para besugos con similares características Luego, diez minutos después se pasa por Alcala de Henares, y aquello ya parece la torre de Babel agravada con los avisos oficiales dichos en español, catalán e ingles. Los ecos continúan ya y por fin entramos en la estación de Atocha. "Mi amor, que ya estoy aquí, que te veo... Te quiero..... ", dice una joven pasajera por teléfono cuando divisa a su novio. Punto final, que ya hemos entrado en Madrid. ¡Que horror, que pesadez de viaje! Y además, sin tortilla de patata¡ Por si fuera poco hay pasajeros que viajan con sus hijos casi bebés, que hacen cacas y pises, que no paran de llorar o gritar sacando de sus adentros esos sonidos fuertes y agudos, capaces de acabar con los nervios de cualquiera, que termina acordándose  de Herodes. Y digo así, aunque me encantan los niños. Afortunadamente en Renfe han tomado nota y dicen que van a disponer de coches no invadidos  por los sonidos telefónicos. Me apunto, pido que mis billetes sean de este tipo. Si por lo menos se  contasen chistes con gracia…

Y aunque la cosa va de trenes y pasajeros, me adentro en la capital del Reino de don Felipe y doña Letizia y accedo al metro. Me encanta. Te desplazas bajo tierra y pasas a formar parte de una fauna muy variada, llena de olor sabor y hasta de humor. alguna joven con gafas ahumadas y vestida de novia, mozas con las que pretendes ligar y al verte se levantan y te ceden el asiento hundiéndote así en la miseria. Vamos, que en cierta forma, los vagones de metro me recuerdan bastante a aquellos viejos trenes tan llenos de encanto a pesar de los pesares.

 

MANUEL ESPAÑOL

BESOS ROBADOS A ORILLAS DEL EBRO

BESOS ROBADOS A ORILLAS DEL EBRO

Decididamente soy un romántico no anclado en el tiempo, algo loco, a veces majara total, y tengo tintes de auténtico surrealista. Vamos, que no me aclaro por más que piense y que le de vueltas a la cabeza. Me llamo Gabino, que no lo había dicho todavía, soy un hombre felizmente casado y mi mujer se llama Jimena. Mi inventor, al que no pienso mencionar más en estos relatos a fin de que no me quite protagonismo, se llama Manuel Español (otro chiflado), igualmente casado desde hace decenios, muy enamorado de su Mercedes, y cada vez más embobado por ella.

Jimena: “Gabino, no te pases que como aireemos sus intimidades, se va a cabrear el jefe y nos puede borrar de un plumazo. No querrás que tu y yo desaparezcamos del mapa con lo bien que lo pasamos…”.

Gabino, medio sonriente y con una pizca de malicia: “No sé, no sé.... La realidad es que Manolo no es un mal tío. Y si no, que te lo pregunten a ti que tantas veces pones a prueba su paciencia”.

Jimena, herida en su honor y un tanto colérica (tiene un sentido del humor muy particular): “Machistas, que sois unos machistas los dos. Ahora me callo un poco para no descargar del todo lo que pienso. Pero mi venganza será terrible”.

 

Bueno, pues a partir de ahora no habrá mas protagonistas en “Historias de un loco surrealista”, que el propio Gabino (muy identificado con Manuel),  y sus compañeros o “familiares” de reparto como Jimena (afín a Mercedes, que es su representante, mánager, abogada defensora, etc.). Espero que los protagonistas no se revuelvan contra mi, que estaré manejando los hilos desde atrás, si bien todo es posible hoy en día, y más después de lo que acabo de decir. Deseo que la sangre no llegue al río, a pesar de que sus aguas suelen bajar turbias. Doy paso a mis personajes, que no cunda el pánico.

 

Y con mi espíritu romántico enamoradizo también con tendencias evocadoras, soy muy dado a la meditación vespertina y a veces hasta matinal. Eso no quiere decir que cuando paseo por la margen izquierda del Ebro, aunque no ejerza religiosamente, no sienta un respeto imponente cuando a mi frente (margen derecha) se divisan majestuosas las siluetas del templo del Pilar. Y el Ebro guarda silencio con susurros de jota aragonesa, aunque no siempre.

Mis meditaciones no son precisamente muy católicas ni castas, pero nunca están cargadas de mala intención, que los besos cuando son muestras de atracción entre dos personas o están cargados de amor y ternura, resultan siempre hermosos. Y si pienso en anécdotas ya vividas o hasta por vivir, lo normal es que me asome una sonrisa gestual no exenta de una pizca de picardía.

El atardecer, cuando destilan los últimos rayos del sol hace que se sienta una inagotable fuente emanadora de inspiración y de imágenes hermosas. Parejas de jóvenes o con sed de amor se enlazan por la cintura, se miran a los ojos y no ocultan sus sentimientos. Besos apasionados destilan momentos llenos de encanto y la hierba sirve de colchón para unos revolcones maravillosos. Hay naturalidad total y uno, un tanto madurito, no puede evitar que afluyan a su mente recuerdos que quedan en la distancia real, también muy cercanos a su propio corazón. Me entran ganas de gritar y de decir: “Os quiero”. No podría ser de otra manera, exactamente igual que en mis tiempos más juveniles paseaba con una chica determinada o con la que pudiese por esos mismos lugares tan irresistibles y propensos a sentir las emociones en toda su intensidad, abriendo de par en par todos los mecanismos de la emoción, que es cuando surgen con naturalidad los besos robados venciendo cualquier tipo de resistencia, si es que en algún momento se había dado.

Estas reflexiones se las hacía un día a mi mujer que presentaba el más dulce semblante con que la he visto nunca. “Gabino, eres un romántico”, me decía. “¿Todavía te acuerdas de eso?”. Y le contestaba: “Te llevaré a ese lugar, nos besaremos y haremos el amor locamente. Nueve meses después tendremos una niña, que a mi me gustan más las niñas que los niños”.

“Cada día estás más loco, y casi me atrevería a decir que hasta más activo. Pero yo no quiero ir  ningún lugar en plan furtiva, que tenemos una casa cómoda, y no quiero que nos pase como te ocurrió a ti cuando un cura te llamó a atención en plena vía pública mientras estabas con una pobre colegiala”. Yo le contesté que la niña no era pobre ni colegiala, que estaba impresionantemente bien, y que el cura era un voyeur, digamos que salidillo, y que lo que tenía era cochina envidia. ..  “Y cuando ligaste con mi amiga Laurita, de lo cual me enteré yo con el paso de los meses? No sé como te perdoné” Y le contesté: “Es que la pobre lo estaba pasando mal después de aquel desengaño y yo traté de ayudarla”. Bueno, ¿y qué te pasó a ti con Carlos?”, contesté con inmediatez. Con una sonrisa abierta y mirada extraña y hasta un tanto sorprendida, me dijo: ”Anda ya, Gabino, date una vuelta que yo me quedo en casa esperando a Juanjo”. Muy oportuna ella, las carcajadas sonaron a dúo de una manera un tanto escandalosa.

El caso es que como me esperaba un atardecer maravilloso me fui, como no podía ser de otra manera, a “meditar” por las orillas del Ebro, a disfrutar viendo los besos robados o no tan robados, pero siempre intensamente bellos. Estaba observando los rayos del sol bien reflejados en las aguas del río, y un poco a o lejos aprecié una figura escultural, bellísima ella, melena al viento y no pude, pero es que de verdad, no pude hacer otra cosa que acercarme poco a poco a ella, que estaba sola en un banco rodeado de verde, acompañada por un perro labrador. Traté de acercarme al animal con ademán de acariciarle como paso previo para entablar una conversación con su dueña, por ver si podía robarle un beso a orillas del Ebro, con las siluetas del Pilar al fondo. ¡Qué sonriente estaba la chica! Como poco a poco se reía más ante una apariencia mía de estar preso de unos ciertos aires tímidos, por lo menos eso es lo que personalmente creía, pude sentarme junto a ella como si de un triunfo mío se tratase. Me dio un beso en la mejilla y me dijo: “qué guapo estás tío Gabino”. Era la hija de mi amigo  Celestino, que había salido a pasear con su animalito de cuatro patas, acompañada también por otro de dos, un tipo de un equipo de baloncesto, creo, al que por supuesto saludé muy amablemente cuando hizo su aparición. Al momento, cuando me despedí de ellos, estaban abrazándose con hermosa ternura Fue cuando me dije a mí mismo, aquello de “Gabino, cuida con lo que haces que estás en la edad media”. Y un servidor, como es habitual en mi, sigue haciendo el gili.

 

MANUEL ESPAÑOL

CRUELDAD Y TERROR MÁS ALLÁ DE LA MUERTE

CRUELDAD Y TERROR MÁS ALLÁ DE LA MUERTE

Imagen captada de un horno crematorio. Hay fotos que por su crueldad he considerado no publicables.

 

Ha pasado una semana desde que llegué de Polonia. El país me enamoró y parte de mi corazón se ha quedado allí, entre sus gentes sufridoras y a la vez encantadoras y abiertas. He intentado beber de las fuentes de la historia y ya no soy la persona que era, a la que siempre le ha gustado la broma, mirar siempre hacia adelante con una sonrisa dibujada en mi rostro. Dicen que el tiempo lo cura todo y me muestro reticente hacia ese pensamiento, si bien puedo asegurar que intentaré recuperarme, volver a reír y a tratar de hacer reír. Sé que es difícil, muy difícil, pero  espero lograrlo tanto por mi como por las personas que me rodean, que no se merecen esta mirada mía tan apagada, que no hace más que reflejar lo que siento en estos momentos.  La crueldad y el terror más allá del límite hallada en los dos campos de Auschwitz, me han dejado mal, muy tocado. Según la información que se conserva en los archivos del antiguo KGB, las SS hitlerianas mataron a más de cuatro millones de reclusos, judíos en su gran mayoría, si bien igualmente los había de etnia gitana y muchos ciudadanos polacos. De acuerdo con el testimonio de un superviviente que igualmente figura en los documentos de los servicios secretos rusos, se asegura que la cifra de víctimas muertas violentamente ascendió a seis millones.

Con estos últimos datos ofrecidos ya sé que no aporto nada nuevo, que para eso están los documentos y los propios libros de historia. Mi corta pero intensísima experiencia en estos campos de la muerte cruel y violenta, me ha llevado a reflexionar, a sentir asco total hacia los responsables del genocidio. Allí, en mi visita, coincidí con un grupo de oficiales del Ejército de Israel, que no podían evitar su semblante triste y serio. Les comprendí inmediatamente.

Tanto al campo de concentración como al de exterminio, que se hallaban entre sí a muy corta distancia, habían sido trasladados durante la Segunda Guerra Mundial, judíos procedentes de toda Europa. Tuvo que llegar el 27 de enero de 1945 cuando varias unidades de la División 100 del Ejército Rojo liberaran a los 2.819 prisioneros que permanecían en un lamentable estado de vida. Pero entre el comienzo de la guerra y la fecha de la liberación ocurrieron auténticas calamidades, jamás justificadas ante los ojos de la razón y a ante los de los sentimientos interiores humanos.

En el inicio de los conflictos, el hecho de ser judío en Polonia ya era un estigma. Tanto es así que se les obligó a vivir hacinados en guetos sin poder salir de los mismos, y siempre con la estrella de David cosida en el brazo, sin que nadie hiciera nada por impedirlo. Así, poco a poco, día a día, eran sacados de sus “moradas” y llevados a Auschwitz, donde a los niños, ancianos y mujeres se les sacrificaban en las cámaras de gas, para luego ser incinerados en los hornos crematorios. Los jóvenes, mientras servían para trabajar, eran mano de obra barata hasta que no podían resistir más. Así sucedió que en 1943 se produjo un levantamiento judío por parte de personas que sabedoras que iban hacia una muerte segura, con las pocas armas que tenían y con el tímido apoyo de la Resistencia Polaca, que tampoco disponía de muchos medios, se lanzaron abiertamente contra el enemigo  causándole numerosas bajas. Sabían que no conseguirían nada, pero por lo menos iban a morir como valientes y con dignidad. Así hasta que los nazis se rehicieron y jamás demostraron el menor síntoma de piedad.

Si ya personalmente había leído numerosos libros de historia, no es lo mismo enterarte desde tu propio domicilio de asuntos tan terrible, que ser visitante de unos escenarios en los que se escribió una auténtica vergüenza de la humanidad, contada en el propio lugar con el apoyo de un inmenso caudal fotográfico otro con escritos perfectamente documentados. Allí, aun a pesar de la distancia de alrededor de setenta años, se nos transmitían vivos los lamentos de unas víctimas que pedían justicia, que no las olvidásemos nunca para no repetir los mismos errores con el devenir de los tiempos. La crueldad era impartida con los estilos de las más bajas calañas. Nada más llegar allí los reclusos eran desnudados y se les tatuaba en los brazos su número correspondiente, que a partir de ese momento iba a significar su propia identidad, ya que el nombre propio no se les reconocía. Si alguno de ellos lo decía de viva voz, la tortura iba a ser implacable y el propio y último suspiro se transformaba en un deseo.

Todos los días se registraban numerosas bajas entre los apresados. No me fue mostrado ninguna cámara de gas, pero sí los hornos crematorios. Se me pusieron los vellos como escarpias cuando recibí las explicaciones de polacos nada sospechosos. A los prisioneros se les desnudaba completamente para acudir a las duchas higiénicas muy aparentes, pero de las que salía gas en vez de agua y de esta manera eran masacrados. Asegurados los verdugos de que el genocidio había sido consumado, entraban a las cámaras, se revisaban las dentaduras de oro que llevaban algunos cadáveres, así como piernas ortopédicas y otros aparatos auxiliares, que iban a parar a propiedad nazi. En ambos campos se mostraban al público de hoy en día, de trajes de presidiarios que una vez fallecidos sus propietarios iban a parar sin limpieza alguna a otros usuarios, así como zapatos de niños, zapatos de mayores y ancianos, orinales, fotos de auténtico impacto y espanto con personas desnutridas y esqueléticas, y las ya mencionadas piernas ortopédicas.

De acuerdo con mi criterio particular, lo más lamentable, lo más terrorífico, era que buena parte del personal que conducía a los “reos” a las “duchas”, estaba reclutado de voluntarios de los propios judíos, a quienes se les prometía ser liberados si lo hacían bien. Hacían un trabajo muy sucio violando incluso los cadáveres de los suyos. A pesar de todo, con el peso de la conciencia sobre ellos, eran vilmente engañados y luego asesinados. Eran otros números más que luego serían quemados en los cinco hornos que había en funcionamiento, con una capacidad de incineración de 270.000 cadáveres al mes.

Mientras tanto, y a lo largo del período nazi, en los dos campos de Auschwitz había unos equipos científicos y médicos que experimentaban con los apresados, a quienes les inoculaban enfermedades y luego eran curados o no, pero que siempre acababan en las cámaras.

Diez días antes de a llegada de las tropas rusas del rescate, sabedores los nazis de que su derrota estaba próxima, procedieron a dinamitar las cámaras de gas y los crematorios las huellas del horror. No lo consiguieron. Quedaron testigos y la historia está escrita. Han quedado muy pocos sin mancha.

Polonia es un gran país al que quiero, que ha conocido el sufrimiento como nadie, con numerosas invasiones por parte de Alemania, Rusia y Suecia, hasta el punto de haber sido borrado del mapa durante cerca de cien años, que hasta no hace demasiado ha sido dominada por el régimen soviético, pero que como el ave fénix ha sabido resurgir de sus cenizas. Ahora es miembro de pleno derecho de la Unión Europea y por consiguiente asociada a Alemania, país que está invirtiendo mucho dinero.

El dolor de la humanidad, no obstante, ha quedado grabado a fuego en los propios cuerpos, en las propias almas de todas las personas sensibles. Desgraciadamente, el mundo no ha aprendido. Estados Unidos masacró Japón con las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, e hizo lo propio en Vietnam arrasando aldeas enteras y campos de cultivo con bombas napalm a fin de vencer por hambre a unos enemigos con los que no pudo. Hay muchos niños que mueren todos los días, también de inanición en el tercer mundo, cuando en la tierra existen alimentos suficientes como para evitarlo. A veces hay que quemar campos de trigo enteros para enriquecer los intereses creados y que no bajen tanto los precios.

Ante esta circunstancia ¿no es para estar triste?

 

MANUEL ESPAÑOL

 


PATATAS A LA RIOJANA, INSPIRACIÓN MOZART

PATATAS A LA RIOJANA, INSPIRACIÓN MOZART

Mis amigos cocineros, y no digo “cocinicas”, son unos magos en el mundo de los fogones, muchos de ellos estudiosos del arte de cúchares, perdón, he querido decir de la cuchara, si bien con las cosas del tenedor igualmente hacen maravillas. Recuerdo que en una de las sesiones de un congreso nacional de periodistas y escritores de turismo que se celebró hace ya unos cuantos años en Zaragoza,  y aquí debo referirme a Emilio Lacambra porque deslumbró y sorprendió al auditorio con la exposición de sus conocimientos gastronómicos, no faltaron en sus citas personalidades como Teodoro Bardají ni otros históricos. Con amigos como él y los que aquí no menciono porque afortunadamente para mi a lista sería muy extensa (que me perdonen el resto de mis amigos), es imposible que uno no tenga cierta afición por el buen yantar. Si a ello se añade que a lo largo de los casi ocho años que estuve viviendo en Bilbao, frecuentaba los llamados “txokos” donde buenos aficionados hacían sus guisos magistrales, se puede comprender que a estas alturas, aunque no quiera pasarme de la raya, y hago todo lo posible, necesito del auxilio del médico endocrinólogo, porque mi apetito ha ido en aumento, mi peso no disminuye, el perímetro adiposo tampoco. A muchos cocineros les he preguntado qué hacen ellos para transformar tantas maravillas alimentarias en manjares exquisitos sin engordar ni un gramo, y en su sabia respuestas me han dicho de las mil y una formas posibles que “hay que saber catar y no probar”, algo que no va conmigo, que cuando guiso no me ha de faltar una buena cerveza o un buen vino para ayudar a “pasar” ese aperitivo que previamente me he preparado de cara a la buena navegación culinaria.

Curiosamente, en el “bocho”, donde vivía en la soledad hogareña aunque disfrutaba de muchos y buenos amigos, los directores que tuve la suerte de estar con ellos en mi periódico, me encomendaban cariñosamente las críticas gastronómicas, eso sí, siempre con el apoyo del bueno de turno, que bien me gustaría en este caso citar a Miguel Ángel Astíz, un maestro., y la buena conexión con Busca Isusi. Por si fuera poco, nunca me faltaban entradas para los conciertos y temporadas de óperas, algo que trato de que me ocurra en Zaragoza, si bien no lo consigo del todo de la manera que quisiera. Así, desde esta posición, digamos que privilegiada, la música y la “gastro”,  pasaron a formar una parte armónica y esencial de mi vida, que de vez en cuando toma la personalidad de un loco surrealista, al que empezaré a llamar Gabino a fin de acortar. Además, uno que es de Biescas, y no lo digo por presumir, tiene buenísimos paisanos que son unos fieras de la cocina, que se portan como auténticos demonios con eso de la tentación de la carne, del pescado y del marisco, que lo suyo es de vicio. Y no digamos de los quesos …

Con estos ingredientes combinados con mis tantos años del ejercicio del periodismo en todas sus variantes, que no se extrañe nadie que tenga que dar rienda suelta a todas las fuerzas interiores hasta hacerlas confesables a través de la confección de mi “Mundo Mágico”. La lógica de mi trayectoria, aunque un tanto majara sí que estoy, hace que sienta la necesidad de acudir a los recursos de mi discoteca y ponga con frecuencia a Mozart, mi compositor favorito, el más grande, pero que extienda el abanico a toda la música sinfónica mientras me pongo a los fogones caseros. Uno de mis platos favoritos son las Patatas a la Riojana, a las que he tenido el atrevimiento de llamarles “a lo Mozart”,  con su inequívoco punto de picante. Si estaré como una cabra, que comienzo el rito cocinero imaginándome el teclado de un piano y poniendo sobre el mismo estos dedos que se han de llenar poco después de olores a chorizo picantoncillo, cebolla, ajo, pimentón, pimientos, tomate (perdón a los ortodoxos). Así que antes de ponerme a pelar las patatas,  debo imitar a Salieri y decir como hacía él tras las barrabasadas al más especial de los músicos de todos los tiempos: “¡Perdón, Mozart!”, para añadir: “estas patatas van por ti, las hago en tu honor y me las como después”. Y así comienzan a sonar malamente las notas de la “Alla Turca”. Como yo mismo me asusto y si está Jimena en casa me espanta a escobazos, recurro a mi equipo de música y ante tanta maravilla me olvido de las patatas. Pero la realidad se impone y vuelvo a los fogones, que como no me esmere me quedo sin uno de los grandes manjares culinarios. Hago el sofrito  con la cebolla, pimiento, tomate, añadiéndole pimentón de la Vera y varios trozos de chorizo; pongo las patatas y después de removerlas un poco las cubro con agua y vino blanco; se echan a la olla, y a esperar. Ya sé que después de leer hasta aquí, profesores como Emilio, Eduardo, Miguel, Ángel, Ignacio… se echarán las manos a la cabeza. “Está como siempre, algo loco”, dirán. De acuerdo, pero les invito a que degusten este plato que no digo que esté muy bien hecho, pero que a mi me sabe a gloria. Después les propondré que canten conmigo algunas de las arias de “La flauta mágica” para acabar con bien una sesión mozartiana.

 

MANUEL ESPAÑOL

DEL POLVO VENIMOS AL POLVO VAMOS

DEL POLVO VENIMOS AL POLVO VAMOS

Hoy me encuentro absorto en mis pensamientos a veces un tanto disparatados y  a veces hasta incongruentes. Así que estoy dándole vueltas y vueltas  sobre temas tan serios como la vida, y sólo se me ocurre una frase que a algunos les puede parecer un tanto gamberra (no digo que no les falte una pequeña chispa de razón), pero que no deja de ser de lo más auténtico: “Del polvo venimos, al polvo vamos” sintetiza el origen y el ocaso de la vida, ahí es nada.

 ¿Ya está este pirado con sus chaladuras?, se preguntarán algunos. La existencia es un polvo continuo, y hasta en determinadas etapas la religión nos recuerda eso de que “polvo eres y en polvo te has de convertir”. Vamos, como para banalizar el tema. ¿Algún ser humano o animal (irracionales hay muchos) han sido fabricados en común acuerdo de mala gana?  Recordemos que los santos también llegaron al mundo a raíz del polvo. Y así la vida es una cadena circular que se repite desde que a Adán y Eva decidieron crecer y multiplicarse. Aparecieron los chinos, los europeos, los americanos, japoneses, rusos, por supuesto que también los españoles, y en medio de este mosaico surgieron los idiomas, las diferentes creencias y tradiciones. Pero lo que no puede negarme nadie es que el inicio de la esencia de la vida, sigue siendo el mismo. Pero es que si además se disfruta tanto, ¿por qué se empeñan algunos en demonizar una situación tan natural cuando dos personas se ponen de acuerdo? Que no, que mientras se pueda y el cuerpo aguante, la represión no deja de ser puro masoquismo sin ton ni son.

Recuerdo el gran complejo de culpabilidad que trataban de inculcarnos desde antes incluso de llegar a la pubertad a cuando teníamos malos pensamientos. Que todas las semanas nos hacían confesar y nos peguntaban: “¿cuántas veces, hijo mío?”. Pecado mortal, condenado al infierno, ese lugar (nos decían) que si mueres en desgracia es al que vas a ir. Y para acojonarnos más nos lo explicaban de la siguiente manera: “Imaginaros que estáis ahí permanentemente  envueltos en las llamas de Pedro Botero y encerrados en una gran bola de acero, y tan solo de millón en millón de años aparecerá un pajarito a dar un picotazo en un punto determinado. ¿Cuál es el poder de perforación del animalito. Niguno. El fuergo será eterno”. Así hasta que empezaron a reaparecer los polvos en nuestra existencia, y venga a hacernos pesadas las penitencias. Como la paciencia tiene un límite, al final ni puto caso, que en este país del nacionalcatolicismo en que me tocó vivir, todo era pecado, o religioso o civil. Aún recuerdo que cuando servidor aún era un tierno infante, en el Parque Grande José Antonio Labordeta de Zaragoza (antes José Antonio Primo de Rivera), un cura con hábitos sorprendió a una pareja besándose en la boca. Y aunque yo era niño  y ya apuntaba a cierta afición por el cotilleo, presencié la bronca tan impresionante por atentado a la moral pública y la amenaza a los “infractores” de llamar a la policía. Sí, era la época en la que los jóvenes no tenían dinero y que antes de las diez de la noche debían estar en casa.

Crecer y multiplicar. Si ya lo decretó el Creador, que además nos dotó de una naturaleza suficientemente hermosa para disfrutar sin mojigaterías. Que el polvo es como es, que no surgió de otra manera. Lo malo es que conforme uno se hace mayor aparecen las primeras goteras, va al médico, te receta muchas cosas, te prohíbe muchas más, y cuando protestas, con sorna te comenta: “los polvos son buenos, disfrutas y relajan muchos, que ahí no te prohíbo nada”. El muy cabrito…

MANUEL ESPAÑOL


UNA ESTRELLA EN EL FIRMAMENTO

UNA ESTRELLA EN EL FIRMAMENTO

“¡Cumbreeeeeeeeeee, cumbreeeee, cumbreeee! Carlos Soria se desgañitaba con voz ala vez firme y alegre en la madrugada del pasado domingo 18 de mayo a las 5.20 hora nepalí (9.05 hora peninsular española) cuando en compañía de Sito Carcavilla Urquí, Luis Miguel López y Carlos Martínez hollaban la cima del Kangchenjunga, la tercera montaña más ata de la tierra con sus 8.586 metros de altitud. “¡Estamos todos arriba y somos muy felices. Ha sido -decía Soria a través de un video difundido por el BBVA- una ascensión muy dura (14 horas) y todavía nos queda la bajada, pero estoy encantado de poder ofrecer por fin una cumbre a nuestros patrocinadores del BBVA, y a todos nuestros seguidores en todo el mundo que son muchísimos. Tengo la suerte de que puedo hacer lo que me gusta. Ahí estamos. Como he dicho, un saludo para los seguidores, los amigos y sobre todo la familia y las familias [del resto del equipo]. Un abrazo”. A las 16.49 ya se encontraban todos descansando en  el Campo III a 7.550 metros. Para alzar los brazos y hacer correr la espuma de las botellas de cava en el Campo Base (lo habrán hecho finalmente?), ayer bajaron antes al C-II (6.900 m.) y al C-I (6.200 m.) donde descansaron ligeramente  e ingirieron alimentos para llegar más enteros al Base. La emoción de saberse completamente a salvo les hacía sentirse un poco agotados por el gigantesco esfuerzo, que sin embargo era neutralizado por la intensa felicidad que se hallaba manifiestamente dibujada en sus rostros. Mientras tanto, una estrella enormemente especial seguía brillando con mayor intensidad que ninguna en el firmamento.

Siempre he tenido como norma en el ejercicio de mi profesión que el periodista no se debe involucrar en exceso en la noticia, y mejor es no involucrarse. Sin embargo desde el domingo pasado hasta que lleguen de regreso a Madrid, serán unos días muy especiales para mi, intensos en recuerdos e igualmente en choque de emociones. Diré sin temor a equivocarme que Carlos Soria es una persona a la que admiro intensamente y a la que profeso un gran cariño derivado también de los contactos personales y reuniones que me han hecho apreciar y verificar en él unas huellas auténticas e imborrables. Por sus valores humanos y deportivos y por su alto sentido de la solidaridad, sí que se merece más que nadie el Premio Príncipe de Asturias al Deporte.

Hecha esta salvedad sincera y sentida, y volviendo al estado emocional que todavía no he superado tras comprobar que los héroes del Kanchen ya descansan sanos y salvos en el Base, siento la necesidad interior de explicar que si esta expedición tenía un interés especialísimo para mi era por la presencia de Sito Carcavilla Urquí, un ejemplo de profesionalidad como geólogo investigador y de amor a la montaña, un amorío en el que siempre le he apoyado, y del que a veces me arrepiento. No sé, la afición al montañismo es difícil de entender a los ojos de la razón. Había un papa montañero que era Achile Ratti-Pío XI, que en pleno período de su papado, coronó el Montblanc por una vía que fue denominada “de los italianos”. El público en general no entendía tan aparentemente desmesurada atención a un deporte cargada de dureza y de riesgos, y así se le planteó una recepción en el Vaticano. Si no eres montañero –dijo a la persona que le preguntó directamente- no te lo voy a explicar porque no lo entenderás. Y si eres montañero no hace falta que te lo explique". La respuesta quedaba muy ágil e impactante para reflejarla en la historia con letra impresa, si bien igualmente expresó frases en torno al mundo de la naturaleza, y no me resto a reproducir una de ellas: “Un silencio solemne, un infinito y vivísimo centellear de astros sobre el azul profundo y aterciopelado, dijera, del cielo; un elevarse imponente de enormes masas y de cimas sublimes; un extenderse y encontrarse de sombras gigantescas sobre la cándida extensión de nieves y hielos.”

 Sito es un sobrino muy entrañable que me preocupa cuando pienso en los riesgos objetivos y hasta subjetivos que se dan en el ejercicio del montañismo. He perdido a más de un amigo en el entorno de las cimas, otros han quedado “tocados” para siempre. Ciertamente, el alpinismo es una actividad que comencé a vivirla infante y que me sigue fascinando a pesar de todos los peros. Le entiendo, en cierta forma le envidio porque me hubiera gustado ser igual, pero lo malo o lo bueno para él es que se ha iniciado en lo que los deportistas denominados irónicamente como una “droga dura” que causa grandes placeres para la mente y para el propio interior de la persona. Me temo para desesperación tanto de su mujer como de sus más directos familiares y amigos, que nos va a tener en vilo durante muchos años. “Sito, no seas cruel, pero sé feliz, que eso a fin de cuentas es lo importante”.

Por supuesto que el momento de cumbre en el Kangchenjunga de este madrileño con raíces aragonesas tuvo mucho de especial y sobretodo de mágico. Y si no me lo ha dicho él todavía, pero seguro que cuando estaba a 8.586 metros de altitud veía una estrella muy hermosa en el firmamento, una luz que le iluminaba sólo a él. Era el momento de decir: “Va por ti, mamá”.

 

MANUEL ESPAÑOL

En la imagen, un momento del descenso hacia el Campo Base


LA CRISIS QUE HACE TEMBLAR

LA CRISIS QUE HACE TEMBLAR

Aun enamorados vocacionales de la profesión más hermosa del mundo, en nuestro panorama de futuro, parece como si fuésemos caminantes cuesta arriba sobre una cuerda floja a unos 3.000 metros de altitud y sin red. Y nos llaman, nos llamaban, mejor dicho, “El cuarto poder”, cuando la realidad es que una mínima Y mañiciosa pizca de viento puede arrojarnos al abismo sin paracaídas y sin cámara lenta posible. Ya se sabe cual es el resultado. Puede parecer a ojos de muchas personas, exagerada esta visión apocalíptica del ejercicio íntegro del periodismo, y desgraciadamente no existe demasiado margen de error. Periodistas asesinados, secuestrados, encarcelado, despidos, cierres de medios, están en las notas de cada día en este mundo tan inmensamente globalizado. La crisis nos hace temblar.

Independientemente de la labor profesional que nos haya correspondido llevar a cabo como periodistas, alejados de las imágenes dadas en las películas y series americanas de televisión, quienes tuvimos la suerte de iniciarnos en esta profesión y seguir años y años en ella, muchos de nosotros, a pesar de todo, manteníamos siempre en lo más alto posible el grado vocacional y de entrega con que trabajábamos en nuestros comienzos. No siempre se acertaba en las informaciones y algunos de nuestros errores sabíamos que podían causar daños. La seguridad consigo mismo no quita para que también seamos capaces de mostrar un comportamiento entrañablemente humano, alejado de cualquier tipo de prepotencia. Es bueno hacer periodismo de investigación e informar siempre con honradez. Y si se hace de esta manera, siempre con la verdad por delante y guardando las mínimas normas de ética, podremos mirarnos plenamente ante el espejo que llevamos o debemos llevar todos en nuestra conciencia.

El asesinato de un amigo marca para siempre. Ese amigo era José María Portel, compañero que fue en La Gaceta del Norte y que pereció ametrallado por los pistoleros de ETA. Su muerte me hizo plantear la posibilidad de dejar la profesión. Una profunda reflexión me hizo reaccionar y mirar hacia adelante y amar todavía más el ejercicio del periodismo, desde las más diversas secciones.

Siempre se ha dicho aquello de que “la verdad os hará libres”, si bien ser sinceros y valientes   casi siempre entraña grandes riesgos. De acuerdo con los datos “online”  ofrecidos en las últimas actualizaciones de Reporteros Sin Fronteras, en lo que llevamos de 2014 se han registrado 17 periodistas asesinados, 6 colaboradores muertos, 3 internautas asesinados, 166 periodistas encarcelados, 14 colaboradores encarcelados y 165 internautas encarcelados. Bien es verdad que los datos resultan aterradores. ¿Y luego nos denominan “El cuarto poder”? cuando constantemente oímos que nos llaman buitres. Sí, los periodistas matamos a Jesucristo, a Kennedy, a Marx y a Lenin.

Pero es que en España la situación no da mucho más margen al optimismo. Quienes hemos tenido la fortuna de trabajar ininterrumpidamente no debemos, no podemos quejarnos personalmente. Pero nos sentimos solidarios con nuestros “sucesores” y vemos que el empleo joven ha caído en picado, que es discontinuo, que se van cerrando demasiados medios. ¿Cuál es el futuro? Pues muy oscuro, como los trenes españoles a la vieja usanza, que cuando pasaban por el túnel se inundaban de carbonilla.

¿Qué se eliminó la censura? Ahora ya no hay que acudir con las pruebas de imprenta de los  periódicos a los censores designados por el régimen al que logramos decir adiós. Sin embargo, los miembros del Gobierno que preside Rajoy y sus  subordinados da la impresión de que quieren dejar todo atado y bien atado, y se han inventado el anteproyecto de Ley de Seguridad Ciudadana. Ello quiere decir que aunque sean imágenes captadas en el exterior, no se permitirá que los objetivos apunten a las fuerzas de seguridad, ni a las propias autoridades, “siempre que puedan resultar lesivas, inconvenientes o inapropiadas”, según estimen convenientemente los delegados del Gobierno o del Ministerio del Interior. No sé si nos toman el pelo miserablemente o es que, si con buena fe, quieren aliviarles parte de su trabajo a los tribunales. Está claro que nos hallamos ante una medida intimidatoria sometida a los intereses políticos, o más especialmente, a los del partido o partidos que estén en el Gobierno. Rechazo, y espero que mis compañeros también, cualquier tipo de mordaza. Como solemos compartir los periodistas en nuestra defensa de la libertad de expresión, “Sin periodismo libre no hay verdadera democracia”.

 

MANUEL ESPAÑOL