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Mundo mágico

¡NENES, DEMASIADA CACA!

¡NENES, DEMASIADA CACA!

Me encantan los niños. Tengo amigos progenitores de inocentes criaturas a quienes les da lo mismo les da por estar todo el día a carcajada limpia o en un llanto constante (los nenes, claro). Y como no conocen otro idioma, los mas pequeños se pasan la vida tragando, llorando o riendo, y por si fuera poco hacen pis y cacas continuamente, así hasta que aprenden a base de aburrimiento a pronunciar la palabra !ajo! para satisfacción materna y paterna, que aquí intervienen los dos. Y no digo nada cuando llegan a adolescentes, que quieren lanzarse a volar sin paracaídas. Joé…, que mal huelen los condenados bebés.

Hace ya unas pocas semanas me llamó mi amigo Tancredo Pancrudo, que vive en el pueblo de mi primo Marcelo, para decirme que él y Luci habían sido padres de un niño muy rico, muy mono, al que le habían puesto el nombre e Federico, y que había pesado al nacer, nada menos que 4 kilogramos. ¡La madre que lo parió, lo ancha que se debió quedar cuando lo hizo (el parto, quiero decir). Así que al Fede este ya le llamaban el tardano, que su hermanito Felipín había cumplido los 10, y tan hermosote él. El repapi, que se hallaba tan entusiasmado y que llevaba tanto tiempo con que tenia que ir a verles a fin de jugar con sus hijos y comer juntos, asegurándome que lo íbamos a pasar en grande, terminó por convencerme, por lo que decidí aprovechar una de mis visitas a la tía Cuqui y al tío Tan, que viven en Biescas, y allí en el Pueblo Largo que me planté.

Paré el coche en la plaza, que es donde casi se concentra toda la población, donde se halla ubicada la pequeña pero coqueta iglesia, el dispensario donde acude el médico una vez a la  semana, y una escuela escasa de chicos en estado semisalvaje y amantes del aire libre. Como soy muy despistado, nada más llegar y cuando no había remedio, me di cuenta de que no llevaba regalo alguno, por lo que entré en la tienda de Bienvenida, que igual vendía vinos y licores, unas tortillas de patata deliciosas, bragas, periódicos, caramelos, bacalao y juguetes y más cosas... Bienve es una mujer bonachona que por todos sus poros destila extensa humanidad, y se alegró tanto al verme, que me acogió entre sus brazos  potentes, me estampó dos sonoros besos, y casi me deja  sin respiración. A decir verdad, aquel encuentro fue de un emotivo subido con el recuerdo añadido de tiempos pretéritos que nunca se olvidan, en los que de niño pasaba por su establecimiento y siempre me daba algún dulce. Hoy -me dijo- no te escapas sin tu regalo, que aunque seas mayor sigues pareciéndome un chiquitín, y te guardo un paquete de caramelos con la condición de que seas tu quien se los tome, y otro más para que lo entregues a Jimena de mi parte. La verdad es que en  los escenario de mi infancia, la gente es así de noble y generosa, aunque como en todas partes, hay de todo. A Tancredo, por muy entregado  que esté a la causa de su villa, es un chico cultivado al que le gusta la buena música, por lo que me lo puso fácil, y con un disco mozartiano sabia que  iba a  quedar muy bien. Para Lucia, Bienvenida me recomendó un perfume que decía haberle llegado de Paris, al bebé le correspondió un pijama que dentro de dos años creo le estará bien, y me quedaba la duda de Felipin. Con este -señalaba mi cariñosa asesora- no merece que te gastes mucho dinero, que lo que mas ilusión le hace son los cromos de futbolistas, de los que te voy a dar diez que el no ha recogido todavía, y que no te los voy a cobrar!. !Pues compraré igualmente –aseguré yo- una camiseta de Cristiano Ronaldo con el 7. Gabino -me respondió- que yo soy del Barsa, que de Messi te puedo dar todas las que quieras, ¿pero del Real Madrid? Anda tontuelo no gastes más y hazme caso, que con os cromos quedarás muy bien.Y con unas carcajadas mutuas a modo de hasta luego, dijimos que a partir de ahora ya no tardaríamos tanto tiempo en vernos. Que es que mi Bienve…”. Con el semblante alegre me dirigí a casa de mi amigo, encontrándome un panorama que parecía una tragedia  cómica para ser contada. Luci, que es gerente de la cooperativa comarcal, como ya había cumplido con la baja  por maternidad, acababa de volver a trabajar. Total, que el señor Pancrudo se hallaba ya muy horneado y estaba que no podía más. Para mayor destemplanza, el chico mayor había agarrado una pataleta inmensa y no paraba de dar puntapiés y de gritar en plan guerrero aquello de “¡¡¡¡quiero salir!!! y “¡¡¡papa malo!!!, así como unas trescientas cincuenta y cinco veces. El bebe lloraba, y aquella casa era lo mas parecido a un tormento, que no se les había ocurrido a los lumbreras de los inquisidores de tiempos atrás. Pero esos gritos, afortunadamente, no duraron más de una inacabable media hora ante mi presencia, dado que el mayor se había puesto muy contento,  nada mas entregarle los cromos; otro tanto podría decirse de Tancredo con respecto al disco con música de Mozart dirigido por Von Karajan, es decir, con el sello de  los dos genios de Salzburgo. Pero Federico... Me acordare de el, de ese momento, durante todos  los  días de mi existencia. Ya Tancre, con  muy buen humor y tras el entrañable y sincero abrazo que nos dimos, cogió a su niñito en brazos con  la  intención de calmarle y de hacerle reír,  porque este nene es muy risueño, me dijo. Y el bebé,  aun en brazos de su padre, ya puede creer el lector la fuerza con que se hacia oír; vamos, que parecía un Pavarotti, pero muy desafinado. Yo igualmente me ponía a hacer monadas y demás  tonterías, muchas de ellas inimaginables, a ver si conseguía algo, pero creo que lo hacia tan mal que era capaz de irritar también a cualquiera; la vergüenza propia duró hasta que detecté en mi olfato un olor a caca insoportable. !Tancre, Tancre, que tu hijo huele a mierda!, le  dije. !Pues yo no noto nada, que  Luci  lo ha lavado de arriba abajo antes de ir a trabajar!. !Pues tu que eres el padre de la criatura, ponle la nariz en el culo!, le grité”. De tal manera lo hizo, que inmediatamente me di cuenta que el repapi estaba a punto  de vomitar. La respuesta que me dio no daba lugar a dudas. !Gabino, por nuestra amistad, báñale tu mismo, que yo no puedo mas, estoy a punto de desmayarme. Y eso que todo un mocetón casi montañés que excepto estudiar, aunque mucho, había hecho toda su vida en el pueblo, me pasó la papeleta a mi, que estoy sin hijos y que no paraba de hacerme el remolón. Mientras, Felipín igualmente mostraba a tope su fuerza pulmonar gritando repetidamente por toda la casa: !Federico se ha cagado, Federico se ha cagado, Federico se ha cagado!... Afortunadamente el hermano mayor, que ya había visto varias veces a su madre limpiar al hermanito, ya más calmado en sus ímpetus verbales, adoptó una pose chulesca. Tranquilos que  lo haré yo. Y lo hizo. Al verse el padre limpio de caca, el se echó a reír cuando vio a su hijo pequeño ya sin pañales, pero despidiendo un olor espesamente  desagradable. Asombrado me  quedé cuando Felipín acabó la faena dejando a su hermano con una pulcritud asombrosa y dándole seguidamente el biberón que ya había dejado preparado la madre. Vamos, que el chico se merecía salir de casa para correr por esos campos con olor a fiemo poblados de vacas y terneros y por las riberas del río en las   que se sentía tan a sus anchas. Y para diversión de los dos adultos, el niño mas  pequeño dormía plácidamente en su  cochecito, cogimos el avión volador teledirigido de juguete volador que Tancredo había regalado a su hijo como excusa para propia diversión, y la verdad es que lo pasábamos tan alegremente, hasta que de nuevo el chico agarró otra de sus pataletas reclamando lo que era suyo, pero de una forma escandalosa tal, que casi se oía su voz al otro lado  del océano. Aquello olía ya demasiado mal, por lo que opté por volver a la  tienda de Bienvenida, quien  nuevamente me asesoró sobre el potencial receptor a quien quería calmar. “¡Pero si es un niño encantador al que conozco mejor que su padre, un buenazo infantil  este repapi que siempre pierde los papeles. Anda,  llévale este balón de reglamento, que te lo dejo barato. El caso es que el chico se calmó volviendo a mostrarse simpático y sumiso. Nosotros volvíamos a jugar con el avión, y con la excusa de que conocía su funcionamiento, Tancredo Pancrudo no hacia mas que exhibirse ante mi haciendo piruetas, hasta que el aparato se estrello necesitado de una buena reparación, si es que resultaba posible. En ese momento, para acabar de enredar todo, Lucia llamaba a  su marido a través del teléfono móvil, y le decía que no iba a volver a casa al mediodía, que habían llegado los miembros de no se que sindicato, y que debía de comer con ellos, con los que hay que estar siempre a bien. Gabino, que lo siento mucho, que si quieres nos vamos a la tienda de Bienve, que también da comidas, que invito yo. Lo único que se me ocurrió responder es que no se preocupase que aprovecharía la circunstancia y me iría a comer a Biescas a casa de la tía Cuqui, que cuando quisiera, y siempre que estuviera su mujer, yo acudiría con Jimena para disfrutar en su domicilio del autentico calor de hogar, dicha esta última frase, con el mayor cariño del mundo. 

 

MANUEL ESPAÑOL

 

TODO ES POSIBLE EN MADRID

TODO ES POSIBLE EN MADRID

 

Que uno es muy aragonés, nadie lo dude, y lo seré siempre compartiendo cariños en cualquier lugar del mundo en el que me encuentre. Pero Madrid... tiene un sabor muy intenso. Si, amigos, que lo que quiero decir es que si hay una ciudad muy especial para mi en este conjunto de comunidades autónomas aun llamado España, esta es la capital de la Villa y Corte. Aquí, donde tengo parte de mi corazón, todo resulta posible. Y de esta manera me remito a lo acontecido en una que recordare siempre gracias a mi memoria, a veces con lagunas voluntarias, pero bien filtradas a través de mi mente, que para mi satisfacción resulto  muy autentica. Ese día, para empezar, me encontré con un tipo vestido de manera estrafalaria, con sombrero negro de copa,  chaqueta colorada y pantalón ajustado a la manera de un jinete rancio, quien con un látigo inofensivo en la mano derecha, o izquierda, según prefiera el lector, a modo de director de pista de circo lo movía impulsivamente de arriba abajo y por medio de un megáfono animaba a los transeúntes a visitar un conjunto de maravillas urbanas de las que se sentía todo un anfitrión: "Pasen señoras y señores, pasen, crucen la Puerta de Alcalá y dispónganse a descubrir una ciudad en la que puede pasar de todo. Aquí nada es lo que parece, y todo parece que no es nada". Así que siguiendo los consejos de Arcadio, que de esta manera se llama el personaje, me dispuse a pasear alegremente por las calles  capitalinas del Reino de Felipe VI, dispuesto a sorprenderme y de esta manera poner a trabajar mi alma de niño que observa todo, que no pierde detalle, y que luego dice todo lo que se le ocurre sin pensar si está bien o mal, o si es políticamente correcto o no. Como no soy políticamente correcto (todavía no he aprendido ni pienso) me pasa lo que me pasa, que de vez en cuando me encuentro con lo que no deseo, si bien me da igual siempre que no haga daño a nadie y no reciba una paliza física, que las anímicas ya me las curaré como pueda, si es que lo consigo.

Tras dejar al improvisado  amigo, como siempre que paso por allí, casi me quedé con la boca abierta al contemplar en su esplendor el  antiguo Palacio de Correos, hoy sede de la Alcaldía, desde que lo dispuso el fenecido como ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardon, si, este que estableció las tasas judiciales a fin de que la Justicia no fuese igual  para todos, el que quiso introducir su ley del aborto y finalmente se la abortaron sus propios compañeros de Gabinete, los mismos que al principio le habían  apoyado  !sin reservas!. Ay, don Alberto, que la vida presenta situaciones muy complicadas, que todo es del color con que se mira, y a usted no le han mirado bien. Bueno, que este loco surrealista que osa dirigirse a Su Excelencia, tampoco se hañña muy afortunado de la vista y a veces le echan mal de ojo entre otras maldades. Que oiga, que luego dejo usted en la Alcaldía a doña Ana con su dominio del ingles acento de  Lavapiés, y eso es muy fuerte y no se lo puedo perdonar.

Pues criticas aparte, puedo asegurar que quien me cae muy simpática es la diosa Cibeles, la cual sin decir ni pío a lo largo de los siglos, se ha ganado el cariño de los madrileños. La suya es la imagen mas retratada y su monumento está situado en el centro de una hermosa fuente con chorritos y todo, como decia Pepe Isbert en !Bienvenido mister Marshall!, y que también es fuente de alegría para los aficionados del Real Madrid, en la que de vez en cuando se mezcla el agua con cava de la tierra. El caso es que me disponía a cruzar el paso "incorrectamente", para ver la fuente y la estatua más de cerca, cuando alguien me daba unos toques en el hombro.  Y me llevé un no pequeño susto al pensar que se trataba de un municipal que me llamaba la atención. No sé si afortunadamente o no, pero al darme inmediatamente la vuelta me encontré con otro personaje extraño que por encima de allá donde termina o empieza el  cuerpo, que al respecto no me aclaro del todo, portaba un sombrero de lluvia en un día soleado, vestía un chubasquero total, calzaba unas botas de goma que llegaban casi hasta los atributos hombrunos y portaba una caña acompañada de sus correspondientes  aparejos de pesca. Otro pirado, ya somos dos, fue lo primero que pensé. No estaba muy equivocado. Se presentó como el pescador de coplas del Real Madrid, y me dijo que lo  que trataba era de evitar que yo le quitase el puesto de trabajo. El caso es que mi desconcertada figura no entendía nada, algo que captó inmediatamente Paquito Gento, que es como se apodaba. !Mire usted -me decía-, yo con este aspecto me asomo a la fuente y canto coplas. Luego me acerco al publico y paso la bandeja, y a veces es generoso y otras no, yotras ni siquiera encuentrp publiico. Si quiere verme actuar,  le dedico una canción y después hablamos. Pero hombre, contemple usted mi arte". Así que se plantó junto a la  pobre diosa Cibeles, y no se le  ocurrió otra cosa que  entonar, nada menos que "La bienpagá". Si le llagan a  escuchar Miguel de Molina o Antonio Molina, seguro que en un principio les hubiese dado un síncope como para devolverles a sus respectivas tumbas, pero también es posible que como Gento tenia aspecto de bonachón, en el fondo iba a ser perdonado. Terminó de cantar Paquito y tras sonar unos discretos aplausos vino a mi encuentro y yo tan cínicamente le felicité dejándole contento, algo que cuesta poco, que todo consiste en ser caritativamente cínico. Tan feliz le hallé bañado en su propio sudor, que no tuvo inconveniente en asegurarme que muy cerca de donde estábamos, en el monumento a Neptuno, estaba otro cantador muy amigo, aunque rival deportivo, ya que este había elegido el sobrenombre de Collar, igualmente pescador como él. Era lógico que el personaje afin a los colores colchoneros hubiese elegido ese lugar por ser donde el Atlético de Madrid celebra sus triunfos, que también son muchos y muy merecidos. Y a Collar le dio por cantar el pasodoble de "El gato montés". El hombre no tenia la voz de Plácido Domingo, ponía una pasión autentica y animaba a bailar al público que iba a aplaudir. Luego me  entere que Paquito Gento y Collar iban a medias en todo, y hasta compartían dormitorio en una pensión. Con un socorrido !que no decaiga la fiesta!, compartían hasta sus miserias.

Después de una copla y otra, decidí cambiar de escenario y mis pasos se dirigieron a la Puerta del Sol, todo un mosaico  multicolor y multicultural patrocinado por Vodafone, organismo que ha conseguido a base de dinero, poner su nombre por delante del oficial de toda la vida, que no llegó a cambiar con semejante descaro régimen político alguno. Bueno, así es  la vida, que Don Poderoso Caballero tiene mucho poder y hasta capacidad  de comprar casi todo. En cualquier caso, no se puede conocer bien SOL, que no digo Vodafone porque a mi esa empresa no me compra por ahora (el futuro aun está por ver). sin pasar allí una mañana entera, por lo menos, poniendo al máximo en juego la capacidad de observación. Es curioso que uno acude allí con la  intención de poner el pie sobre el punto donde se ubica el Kilometro Cero, y si mira a uno de los frentes se encontrara al  otro lado de plazas tantas veces remodelada con comercios como El Corte Inglés, las calles Preciados y La Montera, zona toda ella bañada por ríos de gentes. Y si el visitante se da una vuelta de 180 grados, se topará con el edificio de la antigua Dirección General de Seguridad, actualmente sede del Gobierno de la Comunidad Autónoma, el mismo que presidió Esperanza Aguirre, hasta que  le cedió el testigo a Ignacio González, sin pasar por nuevas elecciones, al igual  que Ana Botella.

 

OTRA VEZ MARCELO

 

Malicias atrás, debo reconocer que no hay, o casi no puede haber en un entorno como el de Sol, un espacio de tantos contrastes y tan disparatados entre si: náufragos de secano, mendigos de diversas procedencias, grupos musicales, vendedores de lotería, manifestantes, réplicas de los personajes del cómic o de las series de televisión, improvisados predicadores... Junto a realidades amargas, si lo que se desea es disfrutar de la risa y el humor son trata de ingredientes que no han de faltar. Oiga, que la risa es lo mas serio que hay. De esto ultimo me di perfecta cuenta,  cuando me entretenía en observar al Pato Donald y sus patitos, que tenían una gracia muy especial, sobretodo cuando se acercaban a una zona medianamente acuática y ponían al personal perdido. Mientras disfrutaba del espectáculo y de alguna mojadura, a mi lado había voces que interpretaban con cierta gracia una jota aragonesa. Me volví y no di crédito a lo que veían mis ojos; una jota salía tras las máscaras de Micki Mouse y Minnie. Así que del traje de Micki, cogido de la mano de su compañera del alma, salía una voz me llamaba por mi nombre: "Gabino, majete", Yme dio un par de castos, sonoros y cariñosos besos, como no podía ser de otra manera. ¿A que no me reconoces?, me dijo. El acento  me resultaba inconfundible. Era el de mi primo Marcelo el trompetista, un bonachón que me las ha hecho pasar muy mal en bastantes etapas de mi vida con sus aficiones escénicas. Que todavía tengo presente el día que trompeta en mano hizo escaparse del pueblo a todas las vacas, porque no había quien le aguantara, también cuando compró una cabra equilibrista. Vamos, que el de Marcelo es un caso difícil de repetir. Como no me lo esperaba, me di un alegrón enorme y el público que presenciaba la escena se partía de risa con mis caras, por lo que le depositó una cantidad muy estimable de monedas, que él mismo se apresuro a recoger. Llegó el momento de poner punto y aparte al espectáculo de la zona central de la Puerta del Sol para quitarse los disfraces (los de ellos,que yo llevaba el propio de todos los días), y en una callejuela muy cercana nos mostrábamos cual somos; mi primo, como siempre, con sus mofletes trompeteros abría la boca a base de carcajadas continuas.  Su amiga, que hasta el momento no había pronunciado palabra, y a la que no había visto ni siquiera la mano, resulto ser una chica espectacular, y muy sonriente me llamó "primo". Estaba impresionado, casi mudo me haba quedado.

"La vuestra es una historia que e tenéis que contar a fondo". No e podía imaginar que mi primo, todo un tiarrón que comienza a entrar en años, tuviera una pareja estable, y ademas una chica guapísima. "!Pero Gabino, parece que eres mas tonto que yo, y ya creo  que conoces a Mariajo. Sabes muy bien que en el pueblo de al lado tenemos unos parientes de la tía Cuqui, que hace veintiún años, ya mayores, tuvieron una hija.... !No me digas Marcelo que aquella niña es Maria Jose... !Siiiiiiiiiiiiiii, tonto el bote!, me contesto. ¡La madre que te parió¡, le respondí. ¿Y hace mucho del comienzo de esta historia?. La respuesta era que desde entonces hasta ahora habían  pasado dieciocho meses.

Continuos tacos, pero  moderados en su intensidad todos ellos, porque en el fondo soy educado, salieron  de mi garganta. Cuando se lo cuente a Jimena, que le  tiene un gran cariño, es que no se lo creerá. Que antes nos enviaba del pueblo Morcillas, jamón, chorizos de cerdo, y ahora no se que será de tales envíos. Que igualmente quiero a Marcelo, con quien hemos hecho tantas pifias juntos, y del que ya hacia tanto tiempo que no sabia nada de el. Que haya enderezado su vida con una casi adolescente... que hasta en eso ha sido rápido, me parecía maravilloso. Lo que no entendía era de qué narices vivían. Resulta que entre los dos habían reunido unos ahorrillos y decidieron conocer mundo, por lo que se fueron a Alemania, y mas concretamente a Munich, donde aprendieron a manejar las maquinas de hacer salchichas, si bien ellos introdujeron, como buenos españoles que son, la novedad de hacer chorizos y morcillas. Como los productos elaborados tenían una aceptación progresiva, ganaron muchos euros que les sirvieron para pensar en el retorno a España. Como el gran Marcelo aun mantenía una afición desmedida al mundo de las tablas, fue cuando propuso estar un mes en Madrid haciendo comedias improvisadas, lo que le permitió perder la vergüenza y parecerse mas a mi como primo mayor. Y hasta en eso tuvo suerte. Está visto que con Mariajo tiene todo un talismán. Que ahora en el pueblo pondrán un cafe bar de artistas, y hasta Jimena y yo iremos allá a ver unos espectáculos que prometen ser únicos. Incluso es posible que me anime a subir al escenario a contar alguna de mis historias surrealistas. 

Como Mariajo y Marcelo se conocen bien el mundo callejero de la farándula en Madrid, aun me llevaron a seguir una visita tan especial comenzando de nuevo por la calle Arenal y contemplar autenticas estatuas vivientes, con elementos que parecen desafiar a la ley de la gravedad, brujitas buenas de la suerte, guerrilleros aparentemente fieros pero pacíficos, calaveras graciosas que solo pretenden dar sustos, cantantes desafinados pero que ponen entusiasmo, y un largo etcétera de atracciones que nunca dejan indiferente. Y para terminar un recorrido que no tendría fin a lo largo de cientos de paginas, nos fuimos a la Plaza Mayor, donde me presentaron a un Spiderman pasado de kilos, un torero que decía haber sido matador, y varios hombres invisibles. "Cada día, con esto de la crisis hay mas  personajes de este tipo, que se han vuelto pobres de pedir y no quieren ser reconocidos.. Nosotros pronto desapareceremos de este bloque, que mi chica y yo queremos tener niños". Mi respuesta fue "Dichosos vosotros que habéis sabido hacer lo que os da la gana!. Afortunados, que estáis mas locos que yo".

 

MANUEL ESPAÑOL

LOS SILUROS QUE COMEN PALOMAS

LOS SILUROS QUE COMEN PALOMAS

 

A veces la naturaleza depara unas sorpresas que hasta hace poco creías que sólo se daban en los reportajes especializados de la televisión, en los que pensabas que todo estaba preparado para el rodaje. Y eso, pero de verdad sin trampas ni montajes, es lo que viene sucediendo últimamente a orillas del Ebro, a su paso por Zaragoza, y concretamente detrás  de la basílica del Pilar y del Ayuntamiento, donde ya se empieza a hablar de tiburones.  ¡Quién lo iba a decir que allá donde se celebraban concursos internacionales de pesca, eso sí, sólo con barbos como especie principal, que luego unos monstruos de agua dulce importados como son los siluros, iban a invadir el cauce urbano y a llamar tanto la atención con sus casi dos metros de envergadura y unos doscientos kilogramos de peso. Esos terribles depredadores, nadie pensaba tiempos atrás que un día acabarían devorando aquellas palomas, especie que tanto defendía El Vigía (José María Zaldívar) y que con tanto sentimiento cantaba Antonio Machín. Han caído demasiadas hojas del calendario de aquellas cruzadas que concentraban tanto gentío en la Plaza. Era la época en la que en España sólo se podía manifestar uno reclamando Gibraltar a los ingleses o la reivindicación de una mejor suerte para las palomas, que aunque cochinas, son consideradas como símbolo de la paz y como representación del Espíritu Santo. No sé, no entiendo esto último, pero dejémoslo todo con un interrogante abierto. El gentío que iba a esas manifestaciones casi llenaba el mucho espacio disponible animado por coches con altavoces que reproducían para emoción de unos cuantos, y para bastantes también martirizaban con esa canción de “Las palomas del Pilar”. Que servidor de Dios y de usted, que todavía no he adquirido uso de razón a pesar del paso del tiempo, hubiese preferido que el cubano afincado en España hubiese cantado al Paseo de los Besos Robados que se encuentra en el tramo de la margen izquierda comprendido entre Helios y el puente de Hierro (ahora lo ampliaría desde el puente de la Unión hasta el de La Almozara). Ya lo sé, señor alcalde, que oficialmente nunca se ha llamado así, pero recuerdo que en mis años mozos (y no tan mozos) trataba de ir por allí preferentemente en horas de crepúsculo a hacer lo que buenamente podía con la pareja de turno (esto no le gustará a Jimena). Y por allí paseábamos contentos y felices y amarraditos hasta que nos sorprendía algún cura mirón y cotilla de los que velan por la castidad, o alguno de los municipales de entonces, que parecían no acordarse de que habían sido jóvenes amantes de los arrumacos. Como Gabino que me llamo, señor Belloch, reivindico mi memoria histórica y que se oficialice el nombre. ¡Paseo de los Besos Robados, qué hermoso! Que también hay muchos jóvenes de hoy en día, que lo he visto aunque nunca vaya de espía, que ofrecen bellas e idílicas estampas ¿Qué le parece si nos vamos usted y yo de incógnito un atardecer cualquiera a pasear discretamente por un escenario tan romántico? No, no me malinterprete, que  no le tomaré de la mano, que será una visita discreta, bienintencionada y distendida de reconocimiento. Que al final de la sesión podríamos terminar disfrutando de unas refrescantes cervezas y hasta hacer algunas risas, que sé que usted tiene un sentido del humor y una locuacidad capaz de animar a cualquiera, aunque sea de la oposición.

¡Ay! Que mi cerebro, amadísimos y respetados lectores, no funciona adecuadamente, y la realidad es que me he salido y pasado unos cuantos pueblos de la hoja de ruta trazada al inicio de mi relato. Sin embargo reconozcamos que  también es bueno de vez en cuando saltarse las normas, por más que haya algún funcionario repipi que diga que las normas están para ser cumplidas. Que sí, que hay que  soltar lo que uno quiere decir y que lleva tanto tiempo grabado en el disco duro interino, aun reconociendo que a los lectores no les faltará la razón si dicen que estoy loco. Pues sí, estoy un poco majara y como tal me permito el lujo de decir lo que pienso. Bueno, del todo no, porque en el fondo soy una persona respetuosa, según se mire.

Hecho otro punto y aparte, el caso es que sigo por el Ebro zaragozano por cuyas riberas me gusta caminar y observar al personal, en este espacio tan maravilloso y ahora bien acondicionado para disfrute ciudadano, un pulmón de verdad y con unas aguas, aunque con frecuencia algo sucias,  que también alegran el semblante. Por las mañanas puede uno encontrar a jóvenes o no tan jóvenes atletas o ciclistas, o simplemente caminantes que hacen por allí sus cotidianas tandas de ejercicios.  Y en la ribera, casi al borde del agua no faltan unos ilusos pescadores que plantan un par de cañas y que también mientras pican o no pican los peces deseados, dan buena cuenta de un almuerzo campestre, y a veces hasta fuman un cigarrillo plácidamente (no fumen, que no es bueno). Un día, un pescador habitual como Paco, me decía que “esto ya no es como antes, que nos juntábamos por decenas y lo pasábamos muy bien. Ahora casi no se pesca, y cualquier día hasta se nos come a un siluro tan voraz y nada pacífico”. Aunque el amigo decía esto último con cierto aire de chufla, se sentía preocupado ante la presencia de estos monstruos que comenzaron a introducirse en España a través del río catalán Segre, luego pasó al pantano de Mequinenza y con el tiempo han llegado a la capital aragonesa y así, en algunos círculos se les aplica el calificativo de “tiburones de Zaragoza”, y no sé por qué, porque los tiburones no están sólo en el agua, que los hay de tierra y no andan lejos. Es curioso que tamaña visita ya asentada en estas aguas haya tenido ecos internacionales, aun a pesar de que su presencia es muy normal en ríos alemanes y hasta en el Tíber romano, donde llegan a alimentarse de ratas (luego dirán que la  carme del siluro es deliciosa). Ya son muchas las personas que se acercan al Puente de Piedra para ver cómo ingieren a sus presas con plumas y todo, sí, esas, las sucesoras de las que en su momento cantara Antonio Machín, no sé si apoyado en sus maracas. Pero es que el eco ha sido tan grande, que hasta Zaragoza llegó con la finalidad de filmar tamaña monstruosidad, un equipo de la Televisión Japonesa compuesto por tres cámaras y un periodista.

Y mira que son persistentes y trabajadores estos colegas orientales, ¡qué derroche de paciencia para sorprender a estos animales con los que no me atrevería a nadar por su entorno! Dicen que los siluros no atacan directamente a las personas, que se conforman con la dieta las palomas enteritas y que de eso hay en abundancia en en el lugar, donde un poco más arriba nadan esos patos que no están nada mal en una cazuela, y que no sé si han sufrido ataques de los bichitos invasores.

 Reconozco que voy por la vida muy despistado, pero al fin, un día muy soleado y caluroso, pude enterarme que estos periodistas orientales habían venido desde muy lejos a fin de rodar un capítulo sobre esta especie tan salvaje como espectacular en las aguas fluviales europeas. Así me lo explicaba un viandante que decía estar apostado desde hacía días en lo alto del puente de Piedra contemplando los movimientos de los filmadores, que mientras estuve yo a lo largo de unos quince minutos diarios (la paciencia no me daba para más), así durante una semana, no tuve la suerte de contemplar el tamaña fiesta gastronómica al completo. Pero Cañizar no me dijo el nombre aunque sí el apellido porque en su casa su mujer y sus churumbeles le mentaban de esta manera “por ser el cabeza de familia”, según me dijo. Con su gracejo personal del que hacía gala, fue desgranándome el proceso paso a paso. “Muy sencillo –expresó-. Se lo voy a explicar tan fácilmente que hasta usted lo entenderá (….?). Como puede contemplar estamos en la arcada central, y desde aquí a la zona del Náutico podrá ver miles y miles de palomas. ¿Dónde están las palomas?, pues  donde hay comida. ¿Se fija en la parte baja de los pilares en las arcadas?, ¿aprecia que se ven alimentos? Pues verá que dentro de nada bajarán en bandada”.  Tal y como me dijo el hombre, las palomas se lanzaron en una operación conjunta y suicida con las cámaras de los nipones en acción. Un gran murmullo y exclamaciones expectantes envolvían el ambiente. Y aunque las aguas fluviales parecía que registraban un movimiento aparentemente sospechoso, todo quedó en una falsa alarma y los espectadores se marcharon. Antes de que me marchase, mi fugaz amigo me sujetó del brazo y me dijo: “Espere, que no le he contado el final del proceso tal como era mi intención. Usted ha visto cómo estos inocentes animalitos bajaban aun a riesgo de ser devorados por los siluros. ¿Dónde van los siluros pues? Está muy claro, donde hay comida”. El hombre, que era muy pesado, se quedó tan satisfecho de su exposición tan didáctica. Nos despedimos muy amigablemente hasta el día siguiente, al que por supuesto, no acudí a la cita.

El caso es que como soy curioso por naturaleza, dos jornadas después volví al lugar de los sucesos con toda la cautela del mundo, y para mayor fortuna, el cámara que seguía con sus artilugios desde arriba a fin de captar a palomas y a siluros, allí estaba solo y era el momento de sonsacarle algo. Algo de fantasmilla ya tengo, por lo que quise hacerle un saludo con todas de la ley, y no se me ocurrió otra cosa en el momento reverencial que decirle un preparado de antemano a modo de saludo: こんにちは、おはよう(Hola, buenos días), y el señor me lanzó una sonrisa y me devolvió la reverencia. “¿Habla usted español?”, ni caso; “¿english?”, ni caso; “français?”, ni caso. Aquello no era ni un diálogo para besugos; que antipático y serio el nipón, que terminó diciendo con gestos destemplados señalándose a sí mismo, después a la cámara que enfocaba en picado a Ebro, que me fuese con viento fresco “Si lo que es el viento fresco, en este sitio nunca falta”, le dije con la mejor de mis sonrisas. Cabreadilllo me quedé con el colega, pero no me di por vencido. Al día siguiente allí estaba Toshiro, del que uno, a base de contactos, aprendí el nombre. Para parecer más amable le llamé como en su país, con lo que al verme alzó los  brazos alegremente, me tomó del hombro y me señaló un cartel escrito en un perfecto idioma cervantino: “Soy un periodista japonés. Estoy haciendo un reportaje en torno a la alimentación de los siluros en Zaragoza. No hablo español, por lo que les ruego no me interrumpan. Gracias”. No puede imaginar el lector los improperios que se me ocurrieron en ese momento, pero como he dicho, soy tan educado pero a veces tengo tan mal café, que gesticulando y fingiendo una sonrisa muy amable, le hice una reverencia mientras le decía. “Oye, japo, eres un ser despreciable. Ojalá se te coman los siluros”. Y aún se me ocurrieron otras muchas lindezas que no expresé verbalmente, y que jamás trascribiré por su osado mal gusto.

 

MANUEL ESPAÑOL

LA SEÑORA MARIPOSA SE CORTÓ LAS ALAS

LA SEÑORA MARIPOSA SE CORTÓ LAS ALAS

El autor de la viñeta es mi sobrino Pablo Español

 

 

“Hay que echarle ingenio a la vida y falsear de manera casi imperceptible la realidad, hasta adaptarla a tu propia esencia, que es algo así como soñar, que los sueños no dejan de formar parte de la existencia de uno”. Así, con esta frase galimatías, se expresaba dejándome embobado mi pirado y viejo amigo griego Alekos, en el transcurso de una visita interétnica a Bombay, en la que coincidimos y no virtualmente. Aquello me hizo dar vueltas y vueltas al asunto durante mucho tiempo,  así como en la influencia que ejercen determinadas palabras en determinados momentos. Lo que faltaba para volverme más loco todavía, ahora que sigo con la mente puesta a piñón fijo en Japón, y con ello en Madame Buttefly (Señora Mariposa), en las distintas ceremonias, en las geishas.... Las mariposas pueden volar, ¿y madame Butterfly puede hacerlo?

En  India, donde el mundo de la magia suele producir unos hechizos especiales y te hace entrar en determinadas corrientes subterráneas, también mentales, aprendí (no sé si me timaron como crédulo fácil) la iniciación en el pensamiento, de que si uno quiere algo imposible, no tiene mas que desearlo con convicción. Anda que no hace falta magia para ello… Aunque ese gran país tan increíble dicen que es cuna de dulces y a la vez amargos hechizos me llegó profundamente, la realidad es que Alekos no pudo influirme con la pasión india puesta en sus palabras no del todo entendidas, en el sentido de la realización de mis sueños. También aclararé, que como buen aragonés soy bastante cabezón y tozudo (¿hace falta que lo diga?). Para ser más exactos, quiero expresar que desde mi época más tierna (a veces parece que sigo así todavía), mi mente y mi interés casi principal, está centrado en un país extraordinario también de grandes y hermosas leyendas. Puede que sea un tanto liviano por mi parte, pero la más sincera de mis ilusiones, insisto, es que ahora mis deseos son los de adentrarme en el mundo de los samurais y especialmente en el de las geishas o en las diferentes variantes de ceremonia del té. Algún día viajaré para visitar a conciencia el País del Sol Naciente, de los emperadores, donde espero pasar una buena temporada y tratar entre otras cosas de disfrutar con la contemplación de ese monte tan sagrado como es el Fujiyama con todo su entorno. Uno, que ha disfrutado intensamente desde edad bien temprana con los personajes de la “Novela de Genji”, ha imaginado mucho como consecuencia de la lectura y las películas, ha aprendido algo real o falso, no lo sé, pero el caso es que  no he visitado nunca físicamente el país nipón por el que siento algo inexplicable que parte desde adentro.

Así de majara andaba yo este verano meditando por las montañas de Biescas, soñando con la Señora Mariposa. Así de ido me encontraba hace muy pocos días como pasajero en el tranvía de Zaragoza con intención de continuar mis caminatas por el Parque José Antonio Labordeta. Tan abstraído estaba en mis pensamientos, que no me daba cuenta de que en el asiento de al lado en el tren urbano, había una japonesita vestida con su atuendo tradicional, que al darse cuenta de la cara que puse cuando la miraba, no podía disimular su sonrisa propensa a transformarse en carcajada. Intenté hablar con ella en un inglés bastante macarrónico y no entendía nada, en francés, y tampoco. Al final la chica oriental, joven, guapa, inteligente y buen tipo, fue a lo práctico y con un acento muy dulce y gracioso me preguntó: “¿Y tu no hablas español?”. Así  que, con cara de gili, de la que se dieron cuenta todos los pasajeros, me quedé cortado. Pasado mi primer momento de turbación comenzamos una larga y divertida plática. Aki, que así se llama, conocía muy bien nuestro idioma, pues tal y como explicó trabajaba de profesora de español en Osaka, ciudad al sur de Japón. A todo esto, aunque íbamos al mismo destino, tan animados estábamos, que no nos dimos cuenta que nos habíamos pasado cuatro paradas. Ni que fuéramos una pareja de tortolitos que sólo van a lo suyo pensando en darse el piquillo, que ese no era el caso en aquellos momentos. Tampoco es que nos importase tal pasada de rosca, por lo que nos lo tomamos exteriorizando nuestras mejores sonrisas, que además ambos disponíamos de tiempo y habíamos empezado muy bien. Bajamos del tranvía, le ayudé a transportar un pequeño y artesanal maletín, esperamos a otro transporte que finalmente nos iba a dejar en el Parque. La gente nos miraba con curiosidad, como si fuésemos auténticos “bichos raros”.

Como aún nos hallamos allá en el pulmón zaragozano en la época en la que el calor da sus últimos coletazos con un rigor insoportable, buscamos un lugar acogedor que nos ofreciese un banco a la sombra, a poder ser un poco aislado. Lo encontramos y tras la juerga y el humor de cortesía preliminares, me di cuenta de que Aki estaba más loca que yo. Y es que le conté que desde niño (aún lo soy) me gustaban las japonesas como ella, siempre tan gentiles y delicadas. Vamos, que para mi la chica era la geisha de mis sueños en las llamadas ceremonias del te.

Me quedé de piedra cuando entre lágrimas pretendió explayarse conmigo, con lo que me convertí en coprotagonista de todo un espectáculo en la vía pública, y aun cuando al principio estaba más colorado que un tomate ya casi fuera de la mata. Me fui calmando provisionalmente . La chica (ya no me parecía tan joven aunque sí atractiva) me dijo que ella se sentía la protagonista de la ópera “Madame Baterfly”, que no, que no era la soprano, que ella era la auténtica. Servidor, que para ponerme a su altura, no se me ocurrió más que ponerme a cantar a grito pelado, en la medida de mis escasas posibilidades, el aria para soprano de Cio-Cio San, cuando acompañada de su fiel criada Suzuki expresa con sus sentimientos la máxima expresión de esperanza hacia el cabrito de Pinckerton, sí, aquel teniente americano de la Armada de EE.UU. que le hizo un hijo después de casarse por la Iglesia Católica tras hacerle abandonar sus creencias budistas. El caso es que si en la obra se montó el cirio de la tragedia, como en casi todas óperas, en el Parque Labordeta sucedía otro tanto con la gente arremolinada en torno nuestro, con lo que el alboroto era total. Mi acción produjo un efecto mínimo de serenidad acompañada de vergüenza en Aki, y como tras la tempestad llega la calma, ya en la soledad volvimos a buscar un sitio tranquilo, que volvimos a encontrar. Luego ella me reveló que en el maletín llevaba los efectivos dispuestos para hacer la ceremonia del té. Con ello volví a mi locura, por lo que le rogué e imploré que me hiciera partícipe, que personalmente le cantaría lo que hiciese falta. Ella con tal de que me callase estaba preparada para hacer lo que fuera menester, incluso a repetir con su máxima dulzura “Un bel, di vendremo”. Y tan bien lo hizo, que llegué a creer que yo era el americano deseado, alto, rubio y de ojos azules, y para mí un personaje con cierto toque de estupidez. Ya un tanto mimosón por mi parte, confesé que mi ilusión se hubiera cumplido completamente teniendo como telón de fondo el mítico Fujiyama. En la placidez del momento entré en un trance extraño aunque parecía tan real que la acción se había trasladado al mismísimo Japón a los pies de la montaña. Allí Aki, como estaba en su tierra, se puso muy pesada, la ceremonia era desesperadamente lenta, tenía sed y hasta me entró un apetito voraz, que no tenía nada que ver con la mística de la profesora nipona de español; vamos, que todo lo contrario. Por fin ella me sacó del letargo y no sé si pasaron minutos u horas, cuando me dijo que ya estaba preparado el té, que me lo tomase, que se iba a echar la noche, y hasta me reprochó que me había visto como ausente durante toda la ceremonia. Reaccioné con la diplomacia que pude tras tomar el brebaje, y vuelta a las sonrisas le invité a tomar un buen chuletón con pimientos asados en un restaurante, y en el fondo y hasta por encima de la superficie ceo que estaré acertado si digo que aquello le gustaba mucho, que quizás en España no fuésemos tan ceremoniosos, pero que sabíamos pasarlo muy bien. Aki, tan contenta, señaló que había decidido cortarse sus alas de mariposa que le permitían viajar de país en país, para quedarse aquí a dar clases de japonés en este país todavía llamado España. ¿Y ahora cómo se lo cuento a Jimena? No se lo creerá.

 

MANUEL ESPAÑOL

LO QUE TU QUIERAS, CARIÑO

LO QUE TU QUIERAS, CARIÑO

Tal y como dice mi tía Cuqui, estoy como una cabra con mis ocurrencias un tanto surrealistas. Asegura también que tengo una imaginación desmedida pero con  la brújula velozmente loca, vamos, de la  que no sirve para nada.  Reconozco que en el fundo nunca he sido práctico, y que me dejo llevar mucho por el estado  anímico de cada momento. Le explico todo ello a Jimena, que se parte de risa y dice que a la tita no le falta razón, pero que de tanto aguantarme se han acostumbrado a como soy y hasta les divierte.. Vamos, que me  toman todos por imposible, aunque sabedores de que no se me ocurren  muchas maldades (ya veremos algún día…), toleran que vaya a mi aire. Así que extrovertido de mi, a veces me meto en unas aventuras en las que mi falta de vergüenza me permite gozar de momentos absurdamente deliciosos en mi propio interior, que pueden comenzar en las montañas de mi pueblo, pasar por la ciudad en la que cada uno va a lo suyo, y acabar en sitios tan alejados como el Fujiyama, todo un símbolo sagrado del Japón  de los emperadores, o en medio de una tribu selvática y salvaje con toques canibalescos, que  mal  gusto tendrían de haberme devorado...

Os diré que no hace muchos días estaba por el monte Arratiecho de Biescas, haciendo una pequeña ascensión libre y en solitario, y como aficionado al bel canto que soy, entusiasmado por las maravillas de la naturaleza, me puse a entonar breves fragmentos de partituras que me entusiasman. Como creía estar plenamente aislado, di rienda suelta al acto de expulsar un gallo tras otro, y de esta manera hasta que me tropecé sorpresivamente con el señor alcalde, que iba acompañado de  dos miembros de la Benemérita. Creí que me  iban a detener por haber asesinado a Verdi, Mozart y Bllini, uno tras  otro, y el caso es que tan “bella demostración” se la tomaron a broma. Como estaban de tanta guasa me  preguntaron que  si era capaz de pasarme a la jota. Como se da la circunstancia de que me  había topado con la autoridad civil y militar y en el fondo soy muy respetuoso, no supe decir que no, y tan solo osé a poner como  condición que entonásemos una que conociésemos los cuatro. ¡Que curioso!, que así surgieron las primeras notas de Los  labradores que llegaban de recoger el fruto de sus sudores, y eso ahora que los  rusos no nos quieren comprar la fruta. Pues ellos selo  pierden, que en Aragón, señor Putin, tenemos unos melocotones y unas manzanas... y unos tomates… Al final, un pollito bien como yo, que a fin de cuentas no es un maleducado, al darme cuenta que mis ocasionales y fugaces compañeros de excursión observaban mi mochila, de la que asomaba tímidamente una bota de vino, les invité a  un trago. Los guardias me dijeron que no, que les daba vergüenza, que estaban de servicio, pero el señor alcalde les dijo que entre el y yo había una relación muy familiar, que aunque chalado, era persona de fiar. Allí que nos dirigimos, a un lugar con sombra y con una fuente de agua fresca que no fue necesaria. La verdad es que la mochila que portaba era hermosa, y en ella cabía la mencionada bota de vino, un chorizo al completo que había  sisado de casa sin que se enterase Jimena, un taco de jamón mediano comprado a escondidas tras salir de mi domicilio  pelaire, y una barra de pan. No, si servidor estaba dispuesto a compartir generosamente por aquello de  que las cosas bien repartidas se aprovechan y se disfrutan más y mejor, pero mis eventuales compañeros, que no tenían vicios menores, debían de continuar ruta para seguir de servicio, y eso sucedía cuando ya me había acostumbrado a ellos y lo pasábamos tan amistosamente. Como me  encontraba en  un lugar paradisiaco, aproveche la  buena sombra (nunca mala, por Dios),  dispuesto a dar buena cuenta de las viandas que  había dejado ya preparadas. No habían transcurrido ni cinco minutos de la primera hincada de dientes, cuando pasaba un entrenador de fútbol de Primera División con sus ayudantes, de esos que se creen diosecillos, que con todo recochineo y desfachatez me dijo aquello de “¡buen hombre!”, a mi, un apuesto v  pacífico excursionista, y me preguntó por  donde estaba el estanco mas próximo. Por supuesto que con toda la cachaza y seriedad de la que soy capaz (no mucha) le indiqué textualmente: “Señor catedrático, lo que puede hacer es irse con todos sus alumnos a la cima del  Everest. Pregunte allí, que si tuene suerte le venderán el tabaco y en ese mismo lugar podrá fumarse uno de aquellos Celtas tan matarratas que había antes en España. Como aquellos graciosos llevaban un ritmo rápido, un tanto desilusionados y con cara de gilis, me  olvidaron a escape y me dije a mi mismo: al  fin soloooooooooooooo...., por lo que me puse a cantar a grito pelado eso de Las vacas del pueblo  ya se han escapau,  tiau riu, y ha dicho  el  alcaide  que  no salga  naide, que no anden con bromas, que es un mal ganau, riau  riau...!

Como la brújula  musical (la otra también)  me había abandonado y de haber empezado con opera había pasado a unas  jotas mal cantadas pero divertidas, tras dar buena cuenta y sin interrupción alguna de mi festín gastronómico-montañero salpimentado, los efectos del tinto me invitaron a gesticular con los brazos abiertos, y puesto encima de una roca me arranqué con el aria de la Tosca de Puccini, “Adiós a la vida”. Pero no, uno se encontraba alegre y siempre he amado la existencia, por  lo que casi de inmediato me di cuenta de la borrachera mental que llevaba y pasé al “Libiamo” o brindis de “La Traviata”, de Verdi. V amos, lo mejor tras haber acabado con vino de la tierra.

Una vez ya de regreso al pueblo, ese día me esperaba Jimena en el velador de un bar acompañada de un grupo de  amigos, además de la tía Cuqui y tío Tan tomando unas cañas. Me dijo que tenia un aspecto cansado, que las ojeras eran evidentes en mi rostro, que con el esfuerzo realizado se me  habría abierto mucho apetito. Así que como buena medicina, y a pesar de que ya estaba “mojado” me pedí un cañón cervecero, y mi chica tan cariñosa  me había reservado unos pocos calamares fritos; pero como le dije que aun notaba el estomago un tanto vacío, me contesto aquello de que hasta aquí podíamos llegar. ¿Es que quieres engordar? Y yo,  que ante tal pregunta observé mi incipiente barriguita, por lo que con aspecto sumiso, le  dije la manida frase de lo que tu quieras, cariño. Ella feliz y yo  igualmente.

 Algún día ya os cantaré, mejor dicho contaré algunas experiencias líricas por  esos mundos de  Dios y a veces hasta del diablo, que no tienen  nada que  ver con esta. ¿O  si…?

 

MANUEL ESPAÑOL

 

CANCIONERO, SULTÁN Y YO

CANCIONERO, SULTÁN Y YO

No hay nada que personalmente sospeche o sueñe que no pueda convertirse en realidad, por lo menos en mi interior. Eso equivale a ser poseedor de una riqueza ilimitada, más todavía que cualquiera de las personas que figuren en la lista Forbes. Que la vida, aunque de vez en cuando castiga, y muy duro, si miras siempre hacia delante,  no olvidas las cosas buenas del pasado y sabes mantener una sonrisa natural, la cuesta arriba será más llevadera sin necesidad de ayuda mecánica. En ese quehacer diario te encontrarás con situaciones insospechadas, y seguro que más de una vez te dirás eso de que “si no lo veo no lo creo”. Es como si por una de las aceras (ahora habilitadas para bicicletas) del zaragozano Paseo Independencia, o por el centro de las Ramblas de Barcelona, o por el centro de la madrileña calle de Alcalá, te encontrases con algunos jinetes y sus caballos al trote. Si ahora se asustan con las bicis, ¿que dirán de los imponentes cuadrúpedos por esas vías? Efectivamente, a veces la realidad supera a tu propia imaginación, te das cuenta de ello, lanzas tu mirada hacia el firmamento y aprecias que todo es posible en ese reino extraño y sorprendente, que uno no concibe sin sentido del humor, aunque haya momentos de la vida en que este resulte muy difícil hacerle salir a la superficie..

Lo que sí resulta verdad no sospechosa, es que mis raíces (soy Gabino, portavoz del también pelaire Manolo Español), trasplantadas y muy profundas e imposibles de arrancar, están en Biescas, población rodeada de bellas montañas, en pleno Pirineo aragonés. Aquí, desde mi infancia hasta esta etapa que precede al tiempo amarillo, he crecido, he conocido dar pasos unas generaciones a otras, he desarrollado mis ilusiones y alcanzado buena parte de mis sueños.

Verdad es también que aquí, además de familia, he tenido amigos singulares. Como dar nombres sería muy tedioso, pues la lista es fácil deducir tendría una gran extensión, quiero comenzar por dos amiguetes entrañables: Con Cancionero y Sultán, la existencia era muy especial y divertida cuando compartí mi tiempo de infancia con ellos. Cancionero era un caballo blanco y gigantesco, y aunque su figura no parecía elegante, lo mismo servía para montar que para llevar el carro de la casa cargado de lo que fuese, con su fortaleza tan especial. Sultán era un pastor alemán divertido, inteligente y cariñoso que me mojaba, a veces exageradamente, con sus lametones. Parecíamos un trío inseparable, aun a pesar de las broncas del abuelo y el taparse los ojos por parte del resto de la familia, aunque no podían ocultar una cierta dosis de complicidad secundada esta también por mis tíos y varios miembros más de la casa. Decía por el pueblo que se trataba de mi caballo, y es que el animal aprendió a obedecerme, siempre que le tratara con cierta dulzura, pues como se dice, “a las buenas” podía hacer con él lo que quisiese. Más de una vez le ponía las manos en los lomos, el pobre se agachaba, me subía encima después de escaparnos de la cuadra con Sultán siguiéndonos, “hala,  a pasear los tres por esos campos de Dios…”, bien alegres, sin pensar ninguna malicia, a pesar de ser conscientes de que cometíamos travesuras que traerían consecuencias familiares aparentemente ácidas. Al “corre corre caballito” le castigaban sin demasiada severidad porque poco después debía trabajar a pleno rendimiento, y no era cuestión de encerrarle. Aún es más, cuando se había quedado sólo, a Cancionero un servidor le llevaba un par de terrones de azúcar previamente sisados, y me relinchaba de satisfacción. Al perro, a la cuadreta de leña encerrado, si bien después de tanto ladrar era liberado a fin de que no diera mucho mal. A mi, personalmente, después de un apercibimiento verbal y no exento de ternura, a fin de que no cometiera más travesuras, me dejaban jugar con un Sultán que me ponía las patas delanteras sobre los hombros, sacando además a pasear su lengua, como muestra de afecto. Pero este can tan cariñosamente pegajoso como buen colega, con sus patas y sus orejas, me indicaba que los amigos éramos tres, que faltaba Cancionero, y de esta manera me llevaba hasta la puerta de la cuadra. Una ves se enfadó tanto conmigo, que no paró de ladrarme en toda la mañana, hasta que vino la reconciliación, con… nuevos lametones.

Me encantan los perros. Les veo nobles y buenos, y hasta con ganas de ayudar, por lo menos los de determinadas razas. En cuanto a los caballos mis sentimientos resultan muy especiales, especialmente dada su inteligencia y sentimientos. De muy niño también he estado mucho tiempo en Toulouse (Francia), donde descubrí tiendas especializadas en carne caballar, lo que me llevó a pensar muy negativamente del sistema o de las empresas que comerciaban con estos animalitos a fin de que una vez asesinados (concepto así valoraba yo) trocearlos y convertirlos en piezas de mostrador.

Hace unos años, como apasionado de la montaña que soy,  hice una de las excursiones veraniegas más maravillosas de mi vida. Se trataba de la circunvalación por los lagos franceses de Ayous, una excursión en forma de herradura, que a nosotros nos costó unas seis horas y que partía de un desvío frente a la estación invernal de Artouste, para volver al punto de salida. En los diversos puntos del camino éramos testigos de la belleza de unos paisajes salvajes pletóricos de hermosura, por lo que al pasar por un enclave precioso, hicimos un alto en uno de los refugios de montaña más coquetos que he conocido, ubicado en una pared lindante con un lago muy especial, de aguas cristalinas. En total fueron doce los lagos naturales que pudimos visitar en la vertiente norte pirenaica. Y entre lago y lago el espectáculo natural iba creciendo, y no pude evitar gritos de satisfacción al ver en libertad caballos salvajes, “No se alegre tanto usted -me decía un pastor galo que estaba en el entorno-, que estos animales de los que no cuido personalmente, tienen dueño, y están destinados a ser vendidos en las carnicerías especializadas”. En ese momento me sentí muy triste, y más al contemplar que los caballitos eran de lo más sociable, hasta el punto de que se quedaban noblemente quietos para las fotografías y hasta se dejaban acariciar. Desde entonces, me he negado a masticar la carne de una especie tan generosa e inteligente  y con sentimientos comunicativos. De no haberlo hecho, tendría el remordimiento de haber cometido un crimen.

Lo siento, pero esta vez el loco surrealista ha acabado triste. Hay situaciones, momentos amargos, que el hecho de recordarlos te hace dar emocionalmente un paso atrás. Si damos un repaso a nuestras vidas, encontraremos de todo. Hagamos valer nuestras sonrisas y pensemos en la felicidad como un sueño que estamos obligados a convertir en realidad.

Desde Biescas, con amor.

 

MANUEL ESPAÑOL

 

Decía Calderon de la Barca en "La vida es sueño", eso que se ha venido repitiendo a lo largo de los siglos hasta la saciedad, que  “en este mundo traidor, nada es verdad y nada es mentira, que todo es del color del cristal con que se mira“. Yo, Gabino, hombre tarado de la generación del 68, de esos que decíamos aquello de “La imaginación al poder“, de los que miran con el color del cristal que a uno le da la gana, hago mi abstracción y me dedico a hacer las mas increíbles piruetas en torno esos mundos y extraños que tanto me obsesionan, para crear tus propias realidades. Se trata de una experiencia onírica y envolvente que me ha permitido la introducción  un grado de igualdad, con ilustres admirados míos de distintas etapas de la historia del calendario. Si, si, puede ser un alarde de imaginación de lo que después se llamo “la generación perdida". Y ahí estamos, buscando todavía nuestro propio norte, y parece que la brújula esta loca. Pues vayamos cada uno con su locura en busca de la propia cordura, si es que se le puede llamar de esta manera.

En un espacio cualquiera, que solo se halla en mi mente, en un plano se encontraba Álvaro de la Iglesia, el hombre del humor mas disparatado y vivaz, director que fue de "La Codorniz"· (La revista mas audaz para el lector mas inteligente. Presente en tan extraña cita se hallaba se hallaba también  Jardiel Poncela, todo un genio del absurdo y el autor teatral mas imaginativo, ese que valientemente se decidió titular aquello de "¿Hubo alguna vez once mil vírgenes?". No faltaba tampoco Pedro Muñoz Seca, acompañado de su personaje don Mendo, uno de los favoritos, que decía venir con el animo de venganza en la reserva, por si hacia falta. Igualmente se hallaban otros dos de mis mas imaginativos maestros, Miguel Mihura y Julio Camba. Para una próxima   ocasión prometo que no  ha de faltar Dario Fo, a quien le planteé la cita con muy corto espacio de tiempo y el hombre se hallaba centrado en evitar determinados pagos, y como él mismo dice en una de sus obras más famosas, “Aquí no paga nadie“.  El caso es que como mi  imaginación  loca ha avanzado tanto, cada uno de los personajes citados lo situé en su correspondiente espacio, envueltos todos en uno general que permitía mi trasvase personal por los variados escenarios, a fin de tenerlos “controlados“ y a la vista de mi mente. ¿Hay alguien que se lo pueda creer? Por cierto, que me gustaría también hacer referencia a Julio Verne, que seguro me inspirará tantas y tantas cosas... Ese si que era un prodigio futurista en el mundo de la aventura, la tecnología, que tan bien nos hacia  soñar momentos cargados de deliciosos romances pletóricos de ardor guerrero.

Quería aprender de los genios y que me contaran sus secretos. Pero como son grandes maestros y yo un mal alumno, pienso que son inimitables. Así que lo mejor es leer sus obras y disfrutarías con su dominio narrativo, también con su ternura y con su inteligencia inigualable.

Recordar las lecturas de Alvaro de la Iglesia equivale a un partirse continuamente de risa. ¿Has leído "En el cielo no hay almejas?, me pregunto viendo su imagen. Como no iba a hacerlo. Entonces me viene a la memoria su relato El nacimiento de un río, en el que hace referencia a una joven montaña preñada, que siente las molestias del embarazo provocado en plena naturaleza. Ante la revolución del vecindario, es decir, de otras montañas mas viejas, de pájaros, liebres y cochinos entre la demás flora y fauna, todos ellos con el don de la palabra y con un idioma común, animan a la joven madre que saca de sus entrañas un pequeño riachuelo, que con el paso de los siglos y tras enriquecerse con las aportaciones de sus afluentes, desemboca en el mar ante la alegría de una mama  que cuando salen nuevas corrientes de sus entrañas, estas le dedican un tierno !adiós mami! Otro día no seria de extrañar que me refiriese a su novela "Yo soy fulana de tal", que también tiene su miga y no estaría nada mal desmigarlo. ¿Da usted su permiso, don Alvaro?

 Conocí a De la Iglesia en Zaragoza, y esto si es verdad de la buena, siendo servidor un  niño, cuando firmaba uno de sus libros en las fenecidas Galerías Preciados. Ese día era coincidente con el aniversario de la boda de mis padres. Así que como la ocasión lo merecía, me rasque el  bolsillo todo lo que pude incluyendo la sisa, y se lo llevé al autor para la firma. La dedicatoria fue realmente hermosa, y el se levantó de su asiento y me dio un abrazo que me pareció tan emotivo... Para ser un maestro del humor hay que ser también muy sensible.

Sensibilidad, gracia y emoción transmitía igualmente Jardiel Poncela. "¡No te pases en calificativos Gabino!", me decía mi siempre acompañante y asesora Jimena, sobre este  rey del ingenio ante la mirada divertida del listo de mi sobrino Currito, que sabe de todo, lo cual no soporto, aunque le quiera mucho. El caso es que siempre recordaré y me mantendré en deuda con  Jardiel, entre otras novelas por "La tournée de Dios". Y es que, en tal obra está garantizado el mas fino humor, no faltando tampoco las carcajadas de máxima admiración hacia un autor tan sorprendente. ¡Hace falta osadía y amplitud de miras para traer a España al mismísimo Dios y hacer venir al Papa de turno desde Roma, viajando en un zepelín, a fin de reunirse con el jefe en lo alto de un cerro. Pero es que a Jardiel no se le ocurrió cosa mejor que por medio de unos periodistas (ya esta aquí de nuevo la canallesca) llevárselo por Madrid a una sala de fiestas. Siento que el novelista no me hubiese incluido en el grupo canalla a fin de no perderme un momento tan histórico. Y rían ustedes con "¿Hubo alguna vez once mil vírgenes?", o la hermosa locura de “Los habitantes de la casa deshabitada“, o...   

El caso es que de “La codorniz“ (insisto en la revista mas audaz para el lector más inteligente, porque hacia falta ser inteligente para hacernos reír en la época del Movimiento del 18 de julio (*1) estaba llena de escritores y autores novelistas o de teatro,  realmente ingeniosos, cultos y maestros en el idioma, especialistas en saltarse las barreras dictatoriales, de esos que ya no quedan. Uno de aquellos personajes era Miguel Gila, todo un triunfador de los textos y de la escena, con quien tuve la ocasión de hablar privadamente largo y tendido en una discoteca antes de una de sus actuaciones, cuando en España ya presumíamos  de democracia. Gila, que no decía ni culo, ni caca, ni pis, seguía haciendo reír como nadie sin tener que recurrir ni una sola vez a la menor vulgaridad. Habían salido entonces numerosos y nuevos “talentos“ que no acababan de cuajar, que aparecían y desaparecían con la misma rapidez. Para explicar esta circunstancia, Gila me dijo que “pertenezco a un tiempo en el que estábamos un tanto obligados a hacer trabajar a  la inteligencia y al idioma sin salirnos de las normas para seguir con nuestras filigranas. Teníamos fijados unos limites de los cuales no podíamos escapar, y aun con todo también llegaron a caernos unas cuantas sanciones. Ahora, como se puede decir todo, al haberse suprimido la mayoría de las barreras, algunos se caen por el precipicio“.

Si seguimos con el mundo del disparate mas congruente *algo que es perfectamente posible porque a esta generación de escritores le sobraba el ingenio, seria imperdonable que no mencionara a un invitado tan especial como es el caso de Miguel Mihura (1905-1977) miembro destacado de la Real Academia Española de la Lengua, autor teatral maestro del surrealismo, periodista y fundador de la revista “La ametralladora“, también paso a ser otro “revolucionario“ de La Codorniz. Su relación con Álvaro de la Iglesia era tan especialmente buena, que en cierta ocasión decidieron unir sus talentos y del embarazo salió un parto tan divertido como “El  caso de la mujer asesinadita“.

 

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Tan  abstraído me encuentro en mis pensamientos, que Jimena, siempre pendiente de mi y con ganas sinceras  de ejercer la asesoría que un día ella misma se otorgo, por lo que la la tengo encima viendo lo que hago, igualita que mis anteriores redactores jefes, me dispara a bocajarro y me dice de manera casi imperativa Y no te olvides de Tres sombreros de copa“. "Pero cómo lo voy a olvidar, mi vida, si precisamente esta obra la considero cumbre en el continuo homenaje que jornada tras jornada le dedicaba Mihura al arte de Talía“. Efectivamente, en “El caso...“ hay uno de los momentos que personalmente creo estelares, que cuando  lo leo o veo representado, mis carcajadas son de lo mas sonoro.  Recordemos uno de los pasajes en los que Dionisio, joven  enamoradizo que esta a punto de casarse, pero que no sabe decir que no y no hace ascos a Paula, artista de circo muy guapa y dulce, que se encuentra solo en una estancia un tanto hotelera con Buby, un actor y músico negro de talla imponente, y que aparenta ser celoso. Entonces, para romper el violento silencio, Dionisio pregunta: "¿Y hace mucho tiempo que es usted negro?". Buby quiere no aparentar tanta fiereza, por lo que decide ser simpático y la contestación es esta: No sé. Yo siempre me he visto así en la en la luna de los espejitos...“.

Antes de que me lo imponga mi asesora y porque lo siento así, diré que la obra de Mihura  abarca títulos tan celebrados que contribuyeron a auparle en la concesión maxima que se le otorgo, como es el Premio Nacional de Teatro:  “El caso de la señora estupenda“, “Carlota“, “Melocotón en almíbar“ y «Maribel y su extraña familia“ que son auténticas perlas dentro de un amplio y selecto abanico.

Y en este mundo traidor, en el que nada es verdad ni es mentira, que todo es del color del cristal con que se mira, con los ojos de la admiración debo referirme a Pedro Muñoz Seca todo un mago del humor escrito, cuyo testigo se lo paso a su nieto Alfonso Ussia, como si del mas digno sucesor se tratase. Cuando leo una obra, sea del tema que sea, solo quiero que sea buena, que tenga ingenio y buena fabulación, independientemente de las ideologías. Muñoz Seca era un genio que acabo en el paredón de fusilamiento. La mayor humorada de su vida la pronuncio momentos antes de ser abatido. “Me vais a echar de este mundo, me vais a quitar del calor de  los míos, me vais a quitar de mis amigos, ya no voy a escribir mas... Pero lo único que no me vais a quitar es el miedo que tengo a morir“. Autor de LA OCA (Libre Asociacion de Obreros Cansados y Aburridos), entre un amplio panorama escénico, sin duda alguna  fue “La venganza de don Mendo“, que el mismo no dudo en calificar como “caricatura de tragedia“, la pieza teatral mas celebrada, en la que muere hasta el apuntador, y en la que cada verso puede parecer un chiste. Si no, refiramos el momento mas postrero con el suicidio del propio don Mendo, sirviendose de un puña:

¡Fuera ocioso¡

¡Ved como muere un león!,

cansado de hacer el oso

.....

Sabed que menda... es don Mendo,

y don Mendo mato a menda.

 

A mi me gustaría seguir reproduciendo textos de estos personajes irrepetibles, pero ¨Nanin, otro de mis impacientes sobrinos. que espera que le invite a merendar cuando termine de escribir, no tiene consideración y al estilo Jimena me dice… “Hala tío, que eres  un plasta. No te extiendas tanto y termina...“ . Al chico puede que no le falte razón, porque la autentica realidad es que a personalidades así, que hacen parir a las montañas, que son capaces de llevarse al  mismísimo Dios de discotecas, que colocan a sus protagonistas en las situaciones mas disparatadas, hay que leerles de principio a fin. Así se darán cuenta que el humor elevado al máximo nivel es el mejor antídoto contra la tristeza. Seamos todos felices

MANUEL ESPAÑOL

1.- Movimiento del 18 de Julio: La inmovilidad del Movimiento. En aquella larga época, cuando un hombre quería pioropear a una chica, le decía: "Tienes un movimiento, que ni el 18 de Julio"

DESDE BIESCAS, CON HUMOR Y MUCHO AMOR

DESDE BIESCAS, CON HUMOR Y MUCHO AMOR

De entrada, quede claro que antes que los de Bilbao, los de Biescas nacemos donde nos da la gana. Que no se me enfaden los del Bocho, tierra de buenas gentes y donde el agua es especialmente buena. Uno pide “un agua de Bilbao” y repetirá una vez tras otra de este líquido maravilloso hasta que el  cuerpo aguante, para terminar cantando aquello de “Desde Santurce a Bilbao...”. Que por ese entorno también,  no lo dude nadie, se pescan unas merluzas extraordinarias.  Bueno, pues yo, Gabino, he de decir que aun a pesar de haber sido bien parido en Zaragoza, nací en Biescas, en pleno Pirineo aragonés, rodeado de hermosos picos y con unos alrededores por los que brinco mentalmente  y gozo pasionalmente, atraído por la increíble fuerza del más poderoso imán, del irresistible canto de unas sirenas de tierra firme adoradoras de la diosa Pirena. A ver quien, a estas alturas de mi vida, va a discutir mi condición de pelaire o biesquense (prefiero la palabra pelaire) que no se lo consiento a nadie. El mío es un idilio indestructible, que llevaré siempre en este corazón loco que tengo, ese corazón loco que me ayudó a conseguir importantes cimas de mis aspiraciones emocionales. Algún día explicare este entuerto dialéctico que no deja de tener su sentido, reconozco que un tanto majara. Son ya muchos los años que llevo aquí y casi formo parte de un paisaje cargado de magia y de un panorama humano auténtico y enriquecedor, y en el que no faltan toques especiales de simpatía y entrega a los demás. Si no existiera Biescas habría que inventarlo con idénticos personajes a los actuales y a los que se han salpicado con el paso de los  tiempos y que dejaron sus huellas. ¿Queréis adentraos conmigo por ese interior tan especial? No lo dudéis, y alcemos todo un telón de montañas en las que los propios montañeses  (señor alcalde, ¿me puedo incluir entre ellos?) son los protagonistas. Invitamos a los de Bilbao, que aquí todos, vengan de donde vengan, son bienvenidos, que a la media hora de estar con nosotros ya se pueden sentir  capacitados para decir que son de esta tierra.

 El despertar de cada día, por más que uno se haga el remolón entre las sábanas, siempre tiene algo de sorprendente, especialmente porque nada más abrir los ojos para ver las primeras luces del nuevo día, puede contemplar el paisaje, y al segundo de pisar la puerta de la calle, a poca sensibilidad que se tenga añadiendo una natural dosis de imaginación, se sentirá siempre sorprendido, no importa el día y la hora, que las imágenes apenas sufrirán variaciones, tan sólo en nuestra mente.  Así es la villa donde he jugado y en la que he protagonizado travesuras propias de un tierno infante; ahora sigo siendo infante si bien  ya no estoy tan tierno y no robo fruta, ni juego a policías y ladrones. Me refiero una época inolvidable que me ha hecho sentir y vivir extraordinarios tramos de huellas que se han convertido en imperecederas, aun a pesar del paso del tiempo. No es de extrañar pues, que si ahora en plena madurez física, aunque un poco pasado de rosca mentalmente, hoy o mañana o un día cualquiera a primera hora, tras haber realizado mi caminata diaria exigida por los galenos que no quieren que sufra percances evitables, acuda al bar del también amigo de infancia, Ramón, a fin de tomar mi tonificante cardiaco, es decir, un café que termina de ponerme en forma. Allí es fácil que me encuentre con mi amigo Paco, un buen médico que conoce de mis dolencias, y que de entrada me dice: “¿Pero te vas a tomar un café solo tan cargado de cafeína sin haber ingerido  nada sólido?.  Anda, que Romina o Andrés te pondrán uno de esos torreznos que tanto resucitan al caminante!” . Y como ellos me conocen bien, en menos de cinco segundos ya he empezado a masticar sin dar opción a un dialogo represivo por si el doctor en caso de arrepentimiento, me explica las malas consecuencias de mi vida disipada. Y Paco no se ha arrepentido al ver  mi cara de satisfacción. Termino con la mencionada joya gastronómica y haciendo un poco de uso de mi retranca, soy yo quien le echa la bronca: “¿Y no me decías en tu consultorio que no debo tomar grasas, ni dulces, ni...”. No me deja terminar:  ”Estás loco Gabino, y tu mal es que te lo tomas todo en serio, y así acabarás todavía peor del bolo. Ahora te he aplicado una medicina muy efectiva para el buen funcionamiento del cerebro”. Así que cuando me despido con un “hasta luego”, no puedo dejar de decir para mis adentros eso de “este sí que es un buen médico. Me gusta. Por cierto, que m recuerda que tengo que ir como paciente a su consulta, y no sé, bien lo que me va a decir, que mañana será otro día”.

El caso es que muy feliz en el Biescas de mi alma, cruzo de acera y veo al “Peque” en su carnicería. “Que no me compras carne -me dice-, que tengo un ternasco muy especial y una longaniza que veras...”. Y servidor, que soy débil ante las tentaciones de la carne y no sé decir que no, le hago caso, caigo y peco, aunque sepa que después no podré evitar la bronca de Jimena, que me quiere tanto, que a fin de que no me pase nada, esos chutes de colesterol se los adjudicará para sí misma en exclusiva, y servidor se quedará con unas humildes pero sanas borrajas. Al momento se lo cuento todo a Pepe, amigo de la infancia, de aquellos que de chicos dábamos buena cuenta de manzanas, higos, ciruelas y peras subiendo juntos a los arboles, y que para colmo también es médico especialista de pulmón y corazón. Y él, tan puñetero como siempre, no puede evitar una de sus habituales carcajadas. Como me gusta reír con los demás, acepto con una sonrisa su sarcasmo, que en el momento preciso le será finamente devuelto. “Lo primero que debes hacer –dice- es dejar de fumar".  “Pero Pepe -le respondo- si hace más de diez años que he dejado el tabaco”. “Tu te lo pierdes”, me dice sacando un paquete que parece salido de un estanco. ¡Si será c..!. Luego me explica que ese cargamento  acusado de cancerígeno y no sé cuantas cosas, es de chocolate. Me da uno de esos pitillos y le digo con tristeza que si lleva azúcar no me lo puedo tomar, con lo que la risa que viene a continuación es monumental. Ni que hubiera contado un chiste, que lo mío es estar en tensión baja. Precisamente me pregunta que cómo tengo la tensión, y al verle venir, le digo que en su punto justo. “Sube conmigo a casa que me he traído los aparatos médicos a Biescas y te auscultaré, que si todo te va bien sacaremos unas anchoas especiales”. El  caso es que aunque Pepe y yo seamos grandes  amigos por encima de todo, pues me conoce muy bien, a veces me da la impresión de que le odio.

Ciertamente, en Biescas, repito,  me lo paso genial, aunque solo sea contemplando el paisaje e imaginando historias en sus montañas mágicas, que habrá ocasiones de referirlas públicamente. Pero como tengo la suerte de disfrutar de buena parte de mi familia y de la amistad de personas muy entrañables, así como de mi inseparable Jimena, la dicha es mayor. Aquí contamos alegremente nuestras vidas y hacemos excursiones muy tonificantes marcando de vez en cuando altos en el camino para decir tonterías, para recordar y para pensar con optimismo en el futuro, aun a pesar de la ola de crisis que nos invade. En una de esas caminatas, camino de la ermita de Santa Elena, viene Jorge, miembro del grupo, del que forma parte esencial, eso sí, aportando en esta ocasión una generosa bota de vino, chorizo y jamón,  y ese sentido del humor que caracteriza a todos nosotros, que nos permite llegar entre risas a la cima de nuestros deseos. Que somos pelaires y aunque no muy creyentes, Santa Elena nuestra patrona, que está por encima de todo. En una de nuestras paradas, entre trago y trago y bocado,  la hora de dar repaso a nuestras travesuras, Jorge empieza a reír sonoramente y ante el interés demostrado por hacerle coro, relata sus motivos cargados de guasa. “No me tires mucho de la lengua, que la culpa la tienes tu, Manolo; perdón, quiero decir, Gabino”. Mi gesto ante la acusación, es de fingida inocencia, a pesar de que me asoma una sonrisa incierta y maliciosa. Le dejo que se refiera a los hechos, y desde el principio parece que adivino su discurso. “Los chinos -asegura Jorge muy serio- inventarían la pólvora, pero tu nos la diste a conocer cuando imitando a los rusos realizábamos en la viña de mi padre los primeros lanzamientos pelaires de sputniks, si, esos que comenzaron a llamarse satélites artificiales lanzados al espacio y que a nosotros, a pesar de sentirnos triunfadores, no nos llegaban más allá de 5 metros de altura”. El caso es que uno, que siempre ha sido algo cotilla y mis amigos, íbamos a la farmacia de don Benito a comprar una sustancia en pastillas que aliviaba las molestias de garganta. Las machacábamos y las mezclábamos con azúcar y en un tubo de ovillo de hilo introducíamos el material combustible sellándole adecuadamente y dejábamos un hilillo para quemar, que una vez atado a una pajilla le prendíamos fuego impulsándole hacia arriba. Pero los experimentos fueron de corta duración, pues advertido don Benito de nuestras andanzas, cada vez que íbamos a su farmacia, nos decía que la sustancia en cuestión ya no estaba a la venta (supongo que para nosotros). Ahora yo hubiese hecho lo mismo que él.

Éramos y somos guerreros que han disfrutado de un pasado intenso y que cargados de ilusión afrontamos el futuro. En nuestra vida hay lágrimas y música, pero lo que no debe faltar en la misma es el sentido del humor, que es la mejor medicina para casi todos los males. Hay una novela de Françoise Sagan que se titula “Buenos días, tristeza”. Entre todos escribamos “Adiós, tristeza”.

 

MANUEL ESPAÑOL