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Mundo mágico

A BIESCAS, MONTADAS EN ESCOBAS

A BIESCAS, MONTADAS EN ESCOBAS

Ay brujas brujitas, encantadoras e inspiradoras!, y hasta algún bruxo despistado. Me abandonáis cuando más os necesito. ¿Acaso he sido infiel?, ¿acaso os he ofendido últimamente? Pues debéis de saber que os adoro (a ese par de bruxos que me ayudan alguna vez y que están casi siempre en las nubes, también). Que sigo encontrándome vacío de mente, que no tengo ideas buenas y que las malas no me atrevo a ponerlas, porque me llamaréis de todo y además vuestra agresividad aumentará sin perdón posible en una larga persecución a escobazos. Y os tengo miedo o ……. ¿no os tengo miedo? Venga, brujitas a mi, que os quiero. Hoy tengo ganas de hacer locuras. ¿”Aún más?”, me diréis. Pero no, no os echéis a temblar. Si me prestáis una escoba mágica os acompañaré a un sitio muy hermoso, en el que el sonido del viento parece una sinfonía, a un lugar de muy buenas gentes, donde el sentido de la hospitalidad está arraigado desde tiempos inmemoriales. ¡Ay! Si es que enloquezco cuando me acuerdo de mi pueblo Biescas, el más hermoso del mundo. Jimena que es de Tarazona no está de acuerdo conmigo. “Pero cómo vas a comparar, cariño?”, que estoy hablando del Pirineo aragonés. Sí, soy un pelaire que ama profundamente a la Tarazona mudéjar, con su Moncayo incluido. 
Bueno, que por ahora ya vale de concesiones. ¿Qué tal si fijamos para el encuentro un punto concreto que bien podría ser Huesca?. Las argentinas y norteafricanas, así como del resto del mundo mejor que vengáis con escoba, que tal y como está ahora la aviación no me fío mucho. Conchy “una bruja buena” como es de Alquezar puede hacer todo el viaje con montura propia sin plantearse ninguna otra alternativa. Así que quedamos todos en El Alcoraz, visitamos después una ciudad muy hermosa con auténticos monumentos artísticos, una catedral y unos edificios que dejan impresionadas a las personas sensibles como vosotras, y unos bares en los que el tapeo y la más alta gastronomía son la perdición de los amantes de la buena mesa. Y no me tentéis porque me está entrando un apetito… a la vez que pienso que si fuese endocrinólogo establecería allí la consulta, porque si actuáis como un servidor que se plantea cada poco tiempo la necesidad de adelgazar, no os digo nada.
Después salimos hacia Biescas y si el tiempo es bonancible y soleado sortearemos los picos del Pre Pirineo, nos acompañarán en el vuelo los buitres, muy curiosos ellos. Aterrizaremos en la Plaza del Ayuntamiento, donde espero que nos reciba el señor alcalde repartiendo besos a todas vosotras menos a mi, que soy su primo. Os recibirá igualmente un juez de paz muy especial, que es Ramón Ruba, a la vez propietario del Hotel Casa Ruba, una institución que ha superado ampliamente el centenario de su existencia, visitaremos el Museo La Torraza, las que queráis bañaros lo podéis hacer en la piscina municipal, que la dejaremos solo para vosotras (no sé si los mirones podremos evitarlos del todo), realizaremos excusiones por los montes, lo pasaremos bien por las cascadas y disfrutaremos, eso sí, de las gentes de Biescas que son el mejor patrimonio. Había pensado igualmente en preparar “una sesión académica” en el Teatro del Centro Cultural l Pablo Neruda, en la que todos estaremos obligados a presentar ponencias cuyo requisito es prodigar el sentido del humor. ¿Qué eso es muy rollo? No os preocupéis, que como fin de fiesta organizaremos un baile en el que vosotras, mis brujitas, vais a estar muy solicitadas por los buenos mozos de allí. Así que si alguna puede, preparadme a mi también una escoba segura. ¡Ay madre, lo que voy a fardar presumiendo de tantas buenísimas amigas”. Tened por seguro que Biescas es un lugar de gentes nobles y generosas. “Eh Ramón, eh Luis que después de esto espero que os portéis también como corresponde, sed cariñosos y generosos”. 
Reconozco que cada día estoy más loco, pero inofensivo, como no podría ser de otra manera. Por cierto, ¿quién se define como bruja?

MANUEL ESPAÑOL

 

A LOS RICOS BOMBONES DE CHOCOLATE Y CARAMELO

A LOS RICOS BOMBONES DE CHOCOLATE Y CARAMELO

Akin se llama mi amigo nigeriano y Folami su mujer, dos negrazos encantadores que cautivan a la primera mirada. Les conocí hace tres años en un mercadillo playero del sur de Andalucía. Los dos, jóvenes y emprendedores, habían dejado a los dos hijos en su país, al que volvían a pasar días en los descansos de temporada, y así sacaban adelante y con alegría el negocio. Su tienda hecha muy coquetamente ya base de toldos, cuando estuve por allí la primera vez, era la más visitada, bien por la bondad de los artículos de piel (carteras, monederos, bolsos) o por la ropa atractiva, de buen gusto y de bellos coloridos. El español lo hablan con un impecable acento gaditano y ambos están rodeados de una simpatía y un sentido del humor muy envolvente. Hasta un petardo como yo, que cotillea estos puestos africanos con bastante ligereza, no pudo evitar una primera parada que duró casi una hora. Akin, muy gracioso él, es el relaciones públicas perfecto, y de su rostro no salen mas que sonrisas. Y ella… con un semblante muy dulce y con la mirada embobada hacia su marido, hace como que no se entera de nada, pero controla todo, que nadie se desmande y que del entorno no desaparezcan cosas, “que tal y como está la vida hay que permanecer muy atenta”, me dice. Pues eso, que el primer día llegué por allí, cotilleé en el puesto y entre hermosas ropas de colores había una mujer muy esbelta, todo un tipazo; vamos, un bellezón. Cuando se dio cuenta Folami de mi presencia se me puso delante y con una sonrisa que tan bien sabía emplear ayudada por unos dientes blanquísimos, me dijo: “Hola, chico (sí, sí, chico, no se extrañe nadie), ¿te gusta algo de aquí? Bueno, bonito, barato”. Y uno, pequeñajo, regordete y algo calvo, que aunque con buena intención y sin traviesas insinuaciones quería coquetear, vio a un tío alto y fuerte que por la talla bien podría jugar al baloncesto entre las estrellas de la NBA, y eché marcha atrás en mis intenciones y señalé un monedero, bueno y bonito que me lo daba a cambio de cuarenta euros. Me asusté tanto que vino Akin para preguntarle a su chica qué me había dicho. “No, amigo, que a veces confunde las mercancías, pero tienes razón, que te ha pedido mucho dinero. Tu amigo, yo amigo. Hola amigo. Yo Akin ¿Cuarenta euros? Es muy bueno, pero no, se te ve buena persona y te lo dejo en treinta”. Mi respuesta fue que “no pensaba gastar tanto, que  no me he traído dinero suficiente de casa”. Y en este toma y daca me preguntó que cuánto podía darle, por lo que me rasqué el bolsillo y le enseñé veinte euros que me los aceptó sin mediar palabra. Y un servidor de usted y de Cristo Bendito llego al lugar donde había quedado con mi chica, faltándome tiempo para enseñarle el regalo que  de “motu propio” acababa de realizarle. Muy chafadora ella me señalaba que “en Oportunidades de El Corte Inglés de Zaragooza hay mejores oportunidades. ¡Ay Gabino, qué torpe eres!, que te engañan como quieren. Ahora mismo vamos a la tienda a devolver ese monedero. Y …” Mientras, intentando decirle que me escuchase, que el regalo era un chollo, que “me ha dicho Akin que es de cocodrilo. Encima que me ha hecho un precio tan especial para que me lo pudiese llevar… Que no puedo, Nena, que me parece feo”. “Pues anda tu y tu ética… Mañana vuelvo contigo allí y verás cómo lo que le saque es mucho más chollo que esto”. Naturalmente que como siempre acepté a la primera su propuesta, que para evitar discusiones absurdas prefiero darle la razón desde el principio. Ella me contestó con que no le diese la razón como a los locos, y yo respondiéndole, pues eso de “locuela, cómo no te la voy a dar si es que la tienes”. Así que vueltas a la sonrisa y como concesión me dice que en el fondo no soy malo, que “vámonos pues a tomar una tortilla de camarones”. Como cuando empiezo con la guasa no hay quien me pare, le dije que me había quedado sin dinero al mismo tiempo que le tapaba la boca con la mano, y ¡casi me muerde! Se dio cuenta que era una broma que no había aceptado muy bien,  porque picó como una mosca. El caso es que tras la juerga nocturna volvimos al hotel a descansar, y el día después al puesto de tan encantadores comerciantes. De repente, cuando ya estábamos cerca veo la mano gigante de Akin que la mueve a forma de saludo. Me da un cariñoso abrazo como si nos conociésemos de toda la vida mientras me dice “amigo” y “hermano”. Ella, alucinada con la estatura del nigeriano. Se la presento, y muy cordialmente me dice “¿Este es tu bombón de caramelo?”. Le digo que sí, que es muy dulce, para pasar a preguntarle por su chica, también “muy bombón”. Él pone cara seria y dice que la suya no es de caramelo, pero se parte de risa cuando señala que es “mi bombón de chocolate”. Total, que entre Akin y Folami, casi nos venden todo el puesto entre sonrisas mutuas. Y terminamos ese día hablando de religión, de la suya, claro. Buen chico, buenos musulmanes. Me dice él que su credo le permite casarse con cuatro mujeres, pero que solo tiene a Folami. Con malicia y algo de picaresca le pregunto si no se lo ha pensado bien. Su respuesta es clara: “no me deja y como nos queremos tanto, ni se me ocurre”. Y eso me lo dice mientras toma cándidamente de la mano a mi mujer y aprovecho para hacer lo mismo con la suya entre las más sinceras y bromistas sonrisas. ¿O no?

MANUEL ESPAÑOL

LIBERTAD DE EXPRESIÓN ROTA

LIBERTAD DE EXPRESIÓN ROTA

Si, me acuesto para soñar bonito, me pongo el pijama si es que procede, apago la luz con una sonrisa y le abro el camino a mi mente para que ese subconsciente que  a veces trabaja por nosotros discurra con placidez. Pues no, que siempre tiene que entrometerse el “Pepito Grillo” de turno y hace que suene el teléfono de mesilla al que alguna vez le voy a poner un cohete automático desintegrador cuando al otro lado se escuchen voces diciendo tonterías inútiles capaces de amargar la existencia a más de uno. Así que me tengo que escuchar eso de “Gabino, no peques”, “Gabino, esa mano”, “Gabino, te tendrás que confesar de malos pensamientos”, “Gabino…” Y así hasta que despierto soltando toda una serie de fuertes, altos y malsonantes improperios que asustan a cualquiera que esté al lado carita con carita, incluso en el piso de al lado. ¿Pero es que eso es pecar? Anda ya, vete al carajo “Pepito de las narices”, que ya me has amargado la noche, que te voy a dar una somanta de palos que no te permitirán acercarte a Pepita alguna, y que si te acercas usurparé tu papel y verás lo que es sufrir”. El caso es que me vuelvo a dormir a ver si se enmienda la situación y al cabo del rato me ataca una sensación de vacío de estómago. Y en esta ocasión decido levantarme mientras me dirijo hacia la cocina y abro la puerta de la nevera. Cuando voy a atacar al tupperware en el que he dejado guisados unos calamares en su tinta enriquecida con algo de cebolla, tengo que oírme la voz de Jimena, una mujer con una capacidad extraordinaria para despertar cuando le da la gana, que lee el pensamiento y entiende bien los susurros si es que se trata de reprimir mis otros pecados, los de la gula. “Pero Gabino _dice- ¿quieres bajar el nivel de colesterol o no?, ¿quieres adelgazar o no?, ¿te gustará presumir de tripa cuando vayas a la playa?”. Mira que es puñetera, que en mi fase pecadora anterior no la despertaba ni una bomba explosiva y hasta sonreía angelicalmente, o hacía como que tal. Y mira que he debido gritar… Pero por lo visto hasta que no he ido a la nevera último modelo o todo lo que sea, no ha abierto los ojos y cuando lo ha hecho, ¡vaya como se ha puesto! Para colmo me ha entrado la risa por ni llorar y no he podido evitar decirle eso de “¡Ay, picarona, que te estoy calando!” A continuación me pone la mano en la cabeza y me acaricia el descapotable para no excitarme anímicamente, vamos, para que me calme. ¡Y me excito, ya lo creo!, y con ganas de volver al lugar de donde me he levantado. La pobre tras los diferentes estados de excitación se ha debido de poner tan nerviosa y se ha debido cansar tanto, que cuando se tumba se queda dormida como un tronco. Así suma y sigue tras mis intentos de despertarla con mi amabilidad máxima durante un buen rato, con palabras como “cariño, tu perfume me embriaga”, “cuando te acaricio incluso las manos, me llevas hasta el éxtasis”. Como en un intento de decirme algo, lo único que puedo escuchar eso de “Gabino, déjame dormir, que me estás dando una noche…” Ni caso, que se vuelve a dormir y con esta dinámica amable lo único que consigo es desvelarme a mi mismo. Me doy una vuelta, vuelvo a darme otra, y sin pegar ojo. Es que no peco ni de pensamiento, me agilipollo aún más, y de esta manera hasta que decido levantarme, cuidar mi higiene (la mental no) y salir de casa sin hacer ruido, para desayunar en el bar de José Luis, donde huele a un café excelente y tiene unos pinchos de tortilla de patata especiales. Y en solitario, pero muy tranquilo, tomo mi consumición gastronómica mientras me deleito con una música de jazz muy especial que se proyecta a través de una pantalla gigante. Curiosamente no me acuerdo ni de Pepito Grillo ni de Jimena. Y el jazz da paso a una danza frenética muy actual y me pongo a bailar solo. La vida es bella y mientras doy vueltas rítmicas se desvanecen las malas intenciones. Bien mirado, cuando salga de este garito iré a ver a Pedro Hill (cambió la G por la H), un cantante de calle muy bueno, que hasta me permite cantar con él a dúo. Eso sí,. Antes acordamos que la recaudación será íntegramente para el artista vocal. Pues conmigo va bueno el muchacho, que yo, a soñar aunque sea despierto. “Y pecar?”, me vuelve a soplar Pepito Grillo. Es que no puedo más, que lo mato; vamos, seguro que lo mato.

 

MANUEL ESPAÑOL

SIEMPRE RECORDARÉ A BLANCA

SIEMPRE RECORDARÉ A BLANCA

El piano sonaba con fuerza, la maestra hacía que sus notas musicales fuesen envolventes. Ella era de carácter alegre y sentía la pasión más enorme por Mozart. Sus dedos guiados por la sabiduría y la sensibilidad transmitían un arte sonoro que contagiaba y portaba hacia los diferentes y mágicos estados de ánimo de su expresión artística. Siempre recordaré a Blanca con esa sonrisa suya, que aun hoy luce en no sé qué dimensión. De ello estoy seguro. Vivía muy cerca de mi casa y le gustaba que todos los niños de su entorno aprendiésemos o por lo menos tuviésemos una cierta sensibilidad a la hora de escuchar y entender el lenguaje más internacional: la música, que no conoce de idiomas diferentes. Mientras en las emisoras de radio se escuchaban las canciones de Angelillo, de Juanito Valderrama, o Marcos Redondo, Blanca nos reunía en su casa y hasta quería que nos pusiésemos al piano para que palpásemos la magia de un instrumento muy especial. Lamento decir que de mi tan sólo consiguió que tocase y mal pequeñas y facilones piezas. Estaba claro que lo mío no eran las teclas, que lo que debía haber hecho es ejercer de joyero, es decir, hacer “joyos” en la tierra. Sí, me río de mi mismo, porque si no es para llorar. Y aun con todo la profe no se daba por rendida diciendo que mi autoestima estaba muy baja, que ella me la iba a elevar hasta lo inimaginable “porque tienes una voz muy buena”. Y empecé por el do, re, mi, fa, sol, la si, do. Y me hacía doblar hasta que me desinflaba y servidor estaba a punto de abandonar, que por lo menos me hubiese gustado cantar ya, por lo menos, “Campanera”. Blanca, insistió una y otra vez con Mozart, que hasta que no me aprendiese completa un aria de Mozart, no me dejaba salir de casa. Se iban los demás chicos de allí y nos quedábamos la profesora, su hija Marya, más pequeña que yo pero digna alumna de su madre, para pulir mi técnica de canto. Su chica al piano, ella a dirigir y Gabino a cantar. Antes, para darme ánimos, me preparaba Blanca un chocolate a la taza a fin de calentar la garganta, después me daba instrucciones para cantar con el diafragma, conducir la voz hasta el cráneo para que hiciese de caja de resonancia. Y… a ver qué salía de ahí. Su hija, ya lo creo que me gustaba, y a ella, que tocaba como los ángeles, no le quería defraudar. ¡Anda que no sabían ambas dos para sacar entonces lo mejor de mí mismo!, que ya tenía mi amor propio. Y así utilizaron entre risas sus armas más poderosas y convincentes. De esta manera atacamos y hasta aprendimos las notas de las bellas arias de Papageno y Papagena en “La flauta mágica”, un cuento de hadas que admito me trae bellos recuerdos y que repito con frecuencia como oyente y como cantante en la ducha. Hasta qué punto me gusta esa ópera que he ido de propio a Praga a escucharla en su bello teatro, y después en una presentación reducida en el entorno del Puente de Carlos de la capital checa. Después, con los años, hubo cambios de viviendas, pero en todo momento mantuve la proximidad con madre e hija y de vez en cuando nos reuníamos para cantar, y Blanca haciendo bises como una indiscutible estrella que era tan entregada a la enseñanza. A ella le hubiese gustado que su hija y yo nos hiciésemos novios, pero cosas de la vida, cada uno seguimos nuestros caminos independientes. Marya conoció a un gran tipo, hoy en día catedrático en la Facultad de Filosofía y Letras y buen amigo mío, mientras que servidor de ustedes y de Cristo Bendito, más bohemio, se fue por caminos algo más libertarios y se orientó hacia el Periodismo ante la comprensión y cariño de su Jimena del alma, de la que digo “la mujer perfecta”. De vez en cuando salimos los cuatro a cenar juntos o nos reunimos en nuestras casas, presididos por el recuerdo hacia Blanca, una mujer a la que tendré presente toda la vida. De vez en cuando me acuerdo de ella con tal intensidad, que no me resulta necesario entrar en estado de excitación interior para entonar la romanza “Una furtiva lagrima”, de la ópera “El elixir de amor” de Donizetti. Me gusta mucho esta aria tan especial y que sé que a ella le encantaba. Perdón Mozart, perdón a todos por esta voz que nada tiene que ver con Plácido Domingo.

MANUEL ESPAÑOL

SURCABA LOS CIELOS EN UN CORCEL ALADO

SURCABA LOS CIELOS EN UN CORCEL ALADO

Era como una diosa que desnuda sin más ropa que un tejido transparente y muy ligero, sobre un corcel blanco y alado había dejado su morada en el Olimpo para surcar los cielos y ser testigo de los aconteceres terrestres por un tiempo. Zeus había reservado a la hermosa Acantha para misiones poco frecuentes, pero siempre cautivadoras como ella. Su dulzura, su belleza y sabiduría se consideraban factores esenciales para poder introducirse en el mundo de los mortales y conocer con precisión lo que ocurría en un rincón concreto de la tierra. Los romanos, pocos años antes de Cristo, entraron a saco en Las Médulas, paraje de la inigualable comarca leonesa del Bierzo, con la única intención de explotar la mina de oro existente a cielo abierto, lo más rápido y fácilmente posible. Para ello se puso en marcha una obra de ingeniería impresionante, consistente en horadar la montaña y hacerla reventar a base de inyecciones de agua, lo que dio lugar a la alteración del medio ambiente con el resultado de un paisaje de arenas rojizas, cubierto actualmente de vegetación de castaños y robles. En La actualidad se considera un paisaje cultural y tiene la denominación de Parque Cultural, así como de Patrimonio de la Humanidad. Ni qué decir que los conquistadores enviados por Roma, abandonaron la explotación cuando la obtención de oro ya resultaba extremadamente costosa, y por supuesto, antieconómica.  

Embebido en la leyenda de Acantha, de la que en ningún momento garantizo su autenticidad, hace unos días disfruté de este paisaje tan especial, y a pesar de la salvajada de los invasores, considero que es único y que invita a soñar. Señores de Roma: nos dejaron sin oro, destrozaron el paisaje en origen, pero nos dejaron un lugar que cabría considerar único en el mundo. No sé si darles las gracias o formar grupos guerreros que claman venganza y que locamente piden conquistar Roma. Mejor dejemos las cosas como están y me quedo con la actual multitud de sugerencias de sueños.

Y en un entorno hermoso vi multitud de árboles, primero un castaño gigantesco, después esa especie de árbol cambiaba de tamaño, hasta que encontré uno que me dejó prendado por sus formas tan especiales y aparentemente embrujadas. A los compañeros del grupo les dije que fuesen hacia delante, y que no tuviesen prisa en volver, que me quedaba alí. Cuando ya estaba solo me dediqué a explorar esa maravilla vegetal de formas extrañas. Me separé unos metros para contemplar un aspecto general, y daba la impresión de que algo se movía. ¿O era mi imaginación?. Así que me metí en la oquedad de la base del tronco, y oí un sonido parecido a la música más bella que uno pueda escuchar. No cabía duda. Se había producido un eclipse, pero a lo lejos brillaba una luz muy intensa. Era el rayo que proyectaba una diosa montada en su corcel alado, y que venía hacia mi encuentro. Ya, a mi lado, me llamó por mi nombre y me puse a temblar pensando en que me había vuelto loco ante tanta belleza. Bueno, dejémoslo en loco surrealista. El olor a tierra húmeda daba un toque muy especial al aroma del ambiente mágico en el que me había metido. El corcel alado se alejó volando y me quedé a solas con la diosa o musa, no sé, del olimpo. Me dijo que era un hombre bueno, cariñoso, y hasta osó decir guapo. Como me consideraba así me contó historias de amor de allá de donde vivía hacía siglos, se acercaba a mi persona cada más, mientras que yo me ponía de un colorín colorado intenso como simple mortal que era ante una divinidad tan ligera de ropa. Me dijo que había estado en tiempos con los romanos y que entonces pensaba que como eran unos sosos no volvería más a la tierra. Pero claro, que como se cumplía el segundo milenio de aquel viaje, había querido saber si la situación de los moradores de Las Médulas había cambiado. Le confesé que era nacido en Zaragoza y con raíces muy profundas en Biescas, vamos, que soy de pueblo más bello del mundo. Y ella acercándose aún más, me pidió pues el beso de un aragonés. Me iba a entregar a mis deseos nada honestos, y de repente siento la bofetada que me da mi amigo Ramoncín. “Gabino, despierta”. Y yo sonriente; y otra bofetada, “¡Gabino, que despiertes o te doy más!”. Me abrazo a Ramoncín, le llamo Acantha y le pido que me de un beso. Y no fue eso lo que precisamente hizo mi amigo. Lógicamente no había quedado ni rastro del corcel alado ni de Acantha.

 

MANUEL ESPAÑOL 

ME QUEDO CON LOS PRIMOS DEL PUEBLO

ME QUEDO CON LOS PRIMOS DEL PUEBLO

 Iba este mediodía haciendo mi caminata por la inspiradora senda del Paseo de los Besos Robados, a orillas de un Ebro, que evidentemente bajaba con un nivel de agua más bajo que en la riada anterior, y me encuentro con el cantautor guitarrista que se dirige a los peces y que canta a los pobres patos que suelen acabar en las cazuelas. Me dice que ahora se ven muchos más, pero que no le hacen demasiado caso, posiblemente porque le ha dado por cantar en polaco. Me dice que luego lo intentarl, al cantante, precisoanas de decirle que cante a los siluros a ver si aparece alguno y se lo come a para decirle "e que ahora á en andaluz granadino a ver si hay más suerte. Me han dado ganas de decirle que cante a los siluros a ver si aparece alguno y se lo come a él, al cantante, preciso. Ha sido un cruce mas bien breve de tiempo, lo justo para decirle “agur” y poder empezar mis habituales meditaciones laicas en busca de mi propia carcajada. ¡Mira que soy egoísta!. Sin embargo, mientras dirijo la mirada hacia el agua turbia y a las torres del Pilar, me ha dado por el inicio de esa canción de Serrat “Cada loco con su tema”:

“Cada loco con su tema,

contra gustos no hay disputas:

artefactos, bestias, hombres y mujeres,

cada uno es como es,

cada quién es cada cual

y baja las escaleras como quiere”.

Es que me gusta mucho esa letra, que está cargada de razón hasta para los irracionales poseedores ellos solos de la verdad de las barbaridades que alardean, que como quien no piense como ellos, es que es tonto o ignorante. Y como no recuerdo la canción entera, termino con el consabido lalalalalalalalalalalala. Vaya marcha que debo llevar, pienso así a tenor de las sonrisas de pacíficos paseantes que no pueden evitar las miradas maliciosas dirigidas hacia mi persona. Y si soy así, ¿qué le voy a hacer?

Tan mochales me encuentro que en un momento dado de mi abstracción mental senderista, veo visiones y no salgo de mi asombro. No sé si allá a lo lejos diviso la silueta de la dama de las camelias con su mirada triste o es mi  primo Marcelo el trompetista, el bonachón que hizo huir a las vacas del pueblo provocándoles ataques de mala leche. O los dos a la vez. Pues no, que conforme me acerco veo que son el mismísimo primo y su mujer, que han venido a Zaragoza a pasar el día y sin avisar, pero eso sí, portando un paquetón, que supongo habrá sido traído de su fábrica de salchichas que tan bien les va. “Sí, sí, que son salchichas, me dicen”. Y ¡justo en ese momento!, me suena el teléfono. Al otro lado, la voz de Jimena que me dice que se le había olvidado decirme la noche anterior que iban a venir los primos a estar con nosotros. Claro que mía respuesta es “sí cariño, ya sé que te alegras mucho, pero es que ahora estoy con ellos. Sí, mi amor yo también te quiero. Besitos”. Y cuelgo para decirles a los familiares que “me ha dicho la mujer que os trate muy bien, que sois muy buenos”. ¡Buuf, qué trago!. ¡Pero si es que me da una alegría veros….” Otro beso, prima, y a ti Marcelo no te lo digo, que eres muy feo, ja ja j aja…” “¿No habréis traído también alguna morcillica sin colesterol…” Y chorizo, y jamón que habían guardado en el bar de Paco para no llevar demasiado peso. ¡Pero qué primos! Así que decido ir a por el coche para no pasear por Zaragoza con semejante carga, tomo la precaución ya de vuelta a casa de guardar la mitad de la mercancía en el maletero ante las protestas de ella, pero con la bendición de Marcelo, que me cuca el ojo con aires de complicidad. “Ay primo (le digo) qué te voy a decir que tu no sepas… Ahora sí que te doy un beso”. Espero que no se entere el endocrino de este desaguisado que estoy tramando.

 

MANUEL ESPAÑOL

LA PRIMAVERA COMIENZA A ESTALLAR

LA PRIMAVERA COMIENZA A ESTALLAR

La pintura se titula La Primavera y es obre de Boticelli

No sé los motivos, pero hoy estoy alterado y alegre. Algo en mi interior bulle con aromas que perturban la mente, hacen abrir los ojos y dan ganas de gritar. La primavera, a veces traidora, a veces agitadora pero siempre hermosa, entonará su canto de sirenas y llegará a este hemisferio acompañada de una explosión de colores, entre los próximos 20 y 21 de este mes de marzo. Los primeros síntomas se han hecho ya notar. He visto ya en esta Zaragoza compañera inseparable del viento, muy cerca de las basílicas del Pilar y La Seo, árboles en flor. Se barrunta un tiempo mejor, pero también unos cambios que amargarán a más de uno. Dicen que es la estación de las flores, del amor y también de las alegrías y hasta de trastornos síquicos. Trastornado ya estaba, aunque no en un grado  agudo. Así que hoy, para empezar, me he metido en la ducha intentando poner una voz de soprano, que no tengo, y he entonado el aria de la japonesita esa llamada Madame Butterfly engañada por un yanqui que le hace un hijo. Si hubiera vivido María Callas se hubiese metido conmigo en el mini recinto, pero con el látigo activado, mientras Puccini permanecía a la espera. Pero en esta ocasión ha entrado Jimena con la radio puesta y me ha hecho callar, que iba a empezar a  hablar Iñaki Gabilondo, con el que casi siempre estoy de acuerdo, y no sé qué historias iba a decir del Gobierno. Nada bueno, supongo. El maestro siempre está en sus cabales. Pero las ganas de gritar no se han ido, que es primavera (casi)que la sangre altera y además todas esas zarandajas que se me suben a esa cosa que le llaman cerebro. La primera frase lírica en la calle a pleno pulmón  es un recuerdo a Jaume Sisa (después se puso Ricardo Solfa) cuando estaba con Dagoll Dagom y representaba “Noche de San Juan”, cantando eso de “La señorita primavera, la sangre altera, y la la la la la la la la la la”. Me ve mi prima Marina por la calle y riéndose me dice eso de “¡cómo te ha afectado el tiempo!”. Entro en el bar de al lado y allí está la camarera, que es un cielo, demasiado cielo, con la sonrisa de todos los días, “¿No  irás a pedirme un café natural exprés”, me dice para añadir: “Anda, que cada día estás peor y hoy más alterado que nunca, que pareces invadido por el estrés primaveral. Confórmate con un descafeinado y sin churros… que te veo venir”. Pero no, no me enfado, que me encuentro amante de la risa y al ver ella que me lo tomo bien se carcajea tanto  que  para compensar mi frustración me pone el café y cuatro churros que saben a gloria, y a la hora de pagar me dice que “invita la casa”. Después, ya en el parque, intento vacilar con un amigo y me dice que lo deje para otro rato, que él está en plena abstracción meditativa espiritual. Le digo que yo también, que le dejo en paz y que por lo menos en dos horas no me interrumpa, que también voy a meditar, eso sí, a mi manera. Y me da por pensar en la Primavera y en sus efectos colaterales, lo que me conduce hacia Alejandro Casona y su obra “Prohibido suicidarse en primavera”, en las alergias que encuentran en esta estación su tiempo propicio para atacar  a los organismos humanos. La verdad es que Casona tenía razón, que en esa época se acentúan los desequilibrios mentales, las tendencias hacia el pesimismo, los cambios bruscos del tiempo, algo que tan intensamente influye en los hombres y hasta en los inhumanos con forma humana.

Ahora que se acerca mi Hora Bruja, no sé por qué, pero me da por reír. Tan loco debo de estar que por mi cabeza pasa la idea de enrolarme en Payasos sin Fronteras, pero para ser payaso hace falta un don especial de generosidad y de talento que dudo tener. Me gustaría arrancar algunas risas de seres que sufren, especialmente de los niños que pasan hambre. ¿Les iba a curar de sus miserias? Seguramente no, pero es la única arma con la que se me ocurre luchar en este ataque primaveral.

 

MANUEL ESPAÑOL

LA BRUMA QUE NO DEJA VER POR LA VENTANA

LA BRUMA QUE NO DEJA VER POR LA VENTANA

He apagado las luces de mi estancia y quedo sólo tras la ventana indiscreta. La bruma es tan intensa que tapa y anula el sentido de la vista. Y el silencio reina. Estoy solo, necesito escuchar el rumor de los borrachos, de las hojas que dan un suave chasquido al caer al suelo, las risas jóvenes de algunas parejas que ya no pasan, sentir que hay vida. El bebé del piso de arriba se ha dormido, el disco de los nocturnos de Chopin se ha silenciado. Aires de misterio inundan la atmósfera del ambiente, pero es extraño, no se escucha sonido alguno. Empiezo a tener miedo, miedo de mi mismo, que comienzo a ver al mundo exterior como un desconocido y a crear mi propio mundo con aires de recuerdos tristes. Ajeno al transcurrir real de las manillas del reloj, de repente me doy cuenta que no estoy solo, que suenan las campanadas de una iglesia próxima, que son las doce de la noche, que la hora bruja ha alcanzado su punto culminante. Sigue inundándome el miedo a lo desconocido, a espíritus burlones que tan sólo existen en mi imaginación. Luego la niebla intensa se disipa y la algarabía callejera se hace notar. Acabo de despertar, más que de un sueño, de una pesadilla.

Me levanto del sillón, me asomo y la ventana vuelve a ser indiscreta, más que nunca. Hace frío, pero da lo mismo, la abro en plenitud. “Que se renueve todo el ambiente de esta casa”, digo. La calle está iluminada por unas farolas discretas que permiten ver pero no reconocer. Una pareja se besa y se acaricia, y a mis oídos llegan al mismo tiempo los ecos de “Chanson d’amour” con la voz de Edith Piaf, los bares echan todos las persianas entre cálidos “hasta mañana”. La vida comienza a ser bella de nuevo, y vuelvo a encender la luz eléctrica. Me acerco al espejo y una cara me sonríe, será que empiezo a tolerarme. Pero me falta algo, que la dicha nunca parece que sea completa. En ese momento suena el teléfono y dudo en descolgar, se corta y vuelve a sonar insistentemente. Es la voz de la amistad, aunque en realidad son muchas voces que no me faltan. Jimena, que está en el pueblo, me llama a continuación para darme las buenas noches. “¿Buenas noches?”, digo para mis adentros. “Que no estoy solo, cariño, que tengo mis brujitas, que también me dan muchos besos para ti”. Y de esta manera vuelvo a ser el  Loco Surrealista, dispuesto a ser embrujado con sueños felices.

 

MANUEL ESPAÑOL