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Mundo mágico

MI PARAÍSO SE LLAMA BIESCAS

MI PARAÍSO SE LLAMA BIESCAS


Me gustan los paisajes con montañas, árboles, aguas de deshielos en forma de cascadas. Si me hallo en la naturaleza salvaje y siempre grandiosa, disfruto de la contemplación de las nubes con sus caprichosas formas, del sonido musical del viento con sus silbidos, del olor a tierra húmeda y también seca, de la fauna y de la flora, del gusto de los frutos silvestres y del tacto privilegiado cuando siento el roce acariciador de una determinada planta, o de los  aires cálidos y hasta frescos. Eso es como tocar el cielo con el pensamiento, y con los cinco sentidos. Con todos estos condicionantes bien cumplidos, la imaginación se dispara y los sentimientos alcanzan la más alta y esplendorosa cota. Estoy en condiciones de afirmar que este salvajillo y loco surrealista, cuando se siente así es que se halla en el paraíso, y aunque haya tantos y tantos paraísos en la tierra, el suyo y mayormente especial, se encuentra en el Pirineo aragonés y se llama Biescas. Es ahí donde tengo tantos y tantos ingredientes para alcanzar la felicidad plena:  amor, cariño, familia, amigos de infancia y de mayoría  de edad, donde siempre hay tiempo para una sonrisa, para disfrutar de los buenos recuerdos, para gozar del presente y tener ilusiones de cara al futuro, tengas la edad que tengas.

Ahora me encuentro en el Madrid abierto, cultural y divertido, y que tan bien me trata, luego, en breve, volveré a mi Zaragoza, mi otra enamorada con la que tan identificado me siento. Pero con frecuencia tengo ataques de nostalgia, y como imaginación no me falta del todo, a la espera de que llegue el verano, me dedico a cerrar los ojos y a fabricar mi propia realidad, por lo que tanto mi mente como mi espíritu se  trasladan a Biescas con la velocidad del pensamiento, para recibir los mas cálidos abrazos, para disfrutar del contacto físico y químico con mi gente. Pueden ser conversaciones primarias en apariencia, pero como disfruto tanto de familia y amigos, no puedo ser mas efusivo. No sé por qué, una de las personas que primero abrazo es al buenazo de Baltasar cuando me lo encuentro en la plaza del Ayuntamiento. Y si me hallo con Paco, me gusta hablar de sus vacas, saber cuantas tiene preñadas, si se vende bien la carne, si los arboles dan frutos. Y entonces me dirá que “la vida en el pueblo es dura y a veces ingrata, pero no la cambiaría  por nada del mundo“. Le digo que hace muy bien, y hasta puede que sienta algo de envidia por como afronta su existencia este hombre que tantos momentos parideros ha compartido con sus animales, con los terneros recién nacidos. Su existencia es de una autenticidad humana como no hay muchas.

Una de mis preferencias cuando voy por el Biescas, donde existen muy buenos establecimientos dedicados al buen yantar, es Casa Ruba, donde mi amigo Ramón me pone al tanto de los acontecimientos, de las penas y las alegrías que se van produciendo durante mis meses de ausencia. Buen zagal él, que si llego solo siendo el sabedor de mis limitaciones médico gastronómicas, diablillo que es, me invita a pecar en su establecimiento con cerca de ciento cincuenta años de existencia a sus espaldas. Y hablamos de los que se han ido y los que vamos quedando sin que nos abandone la ilusión. Y hablamos de Pepe y de Pedro, dos de nuestros inseparables amigos en todo y con los que compartimos travesuras. Se trata de dos médicos que conmigo se muestran muy permisivos, dado el marcaje conyugal al que maliciosamente creen que estoy sometido. Y seguimos pasando revista a cercanos tan entrañables como Jorge, Manole, los Toñines, Juanito, Manolo Laborda. Pronto los veremos de nuevo, y como dicen en Bilbao, haremos unas buenas risas.

 El caso es que si a alguien quiero allí de una manera muy especial, es a mi tío Sebastian, el decano de la familia junto a la tía Angelines. Una conversación con ellos puede ser tan divertida y a la vez instructiva como nadie pueda imaginar, y siempre llena de afecto y de un cariño tan ilimitado, que provoca repetidamente paradas de reloj, como si el tiempo no pasase. Y ellos, con toda la jovialidad del mundo, son los mejores compañeros a la hora de alternar por los bares para tomar  esas cañas tan clásicas y siempre bien acompañadas. Y si me reúno con los primos, la sesión es que no tiene fin. Y no digo nada si coincidimos con mi hermano y Concha y mis sobrinos Ignacio y Pablo. Es que me paso el día de brinco en brinco. Busco también el afecto de Maica y Angel, y entonces la alegría resulta completa.

¡Pero que suerte tengo en la vida¡ Soy un amante de la naturaleza salvaje, y mi pueblo es un privilegio con sus montañas espectaculares para mis sentidos, y que con tanta pasión me gusta recorrer. Me siento allí como uno mas entre sus gentes, y de ello no resulta extraño verme presumir. Es que son su mejor patrimonio, personas que antes de llegar ahí ya te han tendido la mano.

 

MANUEL ESPAÑOL

HORA BRUJA / A VER QUIEN SE DA UN SUSTO MAYOR

HORA BRUJA / A VER QUIEN SE DA UN SUSTO MAYOR

 

Estoy en Madrid castizo, si, esa ciudad que me resulta  cautivadora. A decir verdad, la jornada ha sido muy intensa y hasta divertida, por lo que mejor, imposible. Es para estar satisfecho. Pero tengo sueño a estas horas, y aunque parezca mentira, las ganas de juerga no se han acabado todavía. ¡Vaya contradicción¡ El caso es que los párpados empiezan a pesar, se me caen, y dentro de poco espero que Morfeo se apiade de mí y me envíe  sueños mágicos, y no digo ya de los de las mil y una noches, que me conformo con que sean divertidos o provocadores de sonrisas, que deseo no muy escandalosas que si no, Jimena me despertará bruscamente o preguntará en que pienso o que sueños acabo de tener para poner esa cara tan dulce y angelical, que adivino me va a decir. “Pues pensaba en ti, cariño, en estas horas tan maravillosas que me haces pasar día a día“, le explicare. Y claro, ella no se lo cree, me llamara cínico, gamberro y demás lindezas, y con una risita manipuladora y la sagacidad que le caracteriza, me hará  confesar lo que no esperaba decir. Que luego me veo obligado a recalcar una vez mas que “los sueños son incontrolables, que a veces resultan traidores, que al fin y al cabo sueños son“.  De esta manera, y ante la que se avecina, voy abriendo más y más los ojos, y como se me va la modorra, prefiero rebobinar para verme metido de nuevo en los aconteceres del día a punto de terminar. Que el amigo Morfeo se haga el despistado y me espere un poco todavía, eso sí, con las buenas intenciones preparadas.

Como suelo disfrutar de un buen dormir, hoy he despertado con dificultades y con una lentitud desesperante. Sin embargo pongo la radio y la intervención del maestro Iñaki Gabilondo, tan acertado siempre en sus comentarios, acaba de terminar, por lo que he caído  de nuevo en un sopor que no me deja ser dueño de mi mismo. Ella, que se ha levantado hace una hora por lo menos, me viene alegre y con su vena operística unida a  la potencia de su voz, me canta fuerte y al oído el dueto de Violeta y Alfredo, de la opera de Puccini, “La Traviata“. Cada día me admiro con mayor intensudad de mi rapidez de reflejos, modesto que es uno, pues de estar dormido y despertar con algún improperio, he pasado a una sonora carcajada, algo que no le ha hecho mucha gracia a Jimenita de mi alma, pero como también tiene su sentido del humor, tampoco se lo ha tomado muy a mal. Buena ducha con “Can Can” como música de fondo, y un servidor de usted y de Cristo Bendito, haciendo el ganso (pobres patos), a desayunar con dos cafés bien cargados y otras tantas rebanadas de pan tostado con tomate, ajo y aceite. Y a base de risas diciéndonos diversas tonterías, salimos de casa cada uno hacia su destino. El caso es que aunque con ganas de guasa,  aun con todo no paro de bostezar, algo que es observado por el camarero de un bar cercano al lugar por el que paso, entre el edificio del Senado y el Palacio Real, y que con una bandeja de churros en la mano, me dice eso de “Chico...., anda, que llevas una torta que se te ve en la cara. Chico, tomate un churrito y espabila un poco“. Le doy las gracias por lo de “chico“ y por el churro, que le digo está buenísimo, y que si quiere darme dos más se lo agradeceré, por lo que me da tres que me los como saboreándolos a plena satisfacción, con lo que me siento muy bien almorzado. El otro se ríe y me dice le vigilan, que entre en su bar, y por lo menos consuma por un café, “a un eurito”, que allí lo tienen de muy buena calidad. Cumplo con mi palabra dada, y ya me encuentro despejado y con ganas de música rockera bailando por la calle a mi manera. De repente, me veo tan metido en mis pensamientos y movimientos surrealistas, que no me doy cuenta que me hallo frente a la puerta principal del Palacio hasta que un guardia civil me dice muy amablemente que me retire un poco del lugar, “una chispina“, que  dice él con  acento gallego, y que si me quedo un rato podré ver a Felipe VI, quien no tardara casi nada. Y don Felipe que no viene, por lo que me dispongo a dejar el lugar, y al volverme tengo una visión terrible ¡Vaya susto¡ Pues que me tropiezo con Francisco Franco, barrigudín él, vestido de blanco almirante y haciéndome el saludo marcial. He estado a punto de salir corriendo ante la risa de unos testigos, pero he reaccionado a tiempo al pensar de que este Paco tenía voz recia y no de flautín, como el  “Caudillo de España por la gracia de Dios,. Dios, que gracia“. Acababa de encontrarme con uno de los hombres invisibles que pululan por la Villa y Corte posando junto a los turistas a fin de sacarse algunos escasos beneficios. Así que a modo de despedida, he estado a punto de saludarle alzando el brazo derecho con una cierta inclinación. Pero eso me ha parecido muy fuerte, y hasta allí no llego, he decidido desearle muchas propinas. Además le he dicho que si ve a Felipe VI le salude de mi parte. ¡A ver quien se da un susto mayor¡

 

MANUEL ESPAÑOL

LA MAGIA EN EL PAÍS DE LOS HECHIZOS

LA MAGIA EN EL PAÍS DE LOS HECHIZOS

Son las 7 de la mañana,  suena el despertador y me doy media vuelta tras hacerle un gesto obsceno a ese aparato odioso que tan solo utilizo cuando tengo algún compromiso apremiante. Me vuelvo a despertar una hora y media después, y lo primero que hago es pensar los motivos que me impulsaron a programar el artefacto, y no me acuerdo de nada. “Pues tan importante no será” me digo, pero sigo en estado latente plano. Así hasta que llama la despistada de turno que se equivoca siempre para preguntar por los abastecedores de butano. Para colmo el sonido del teléfono es maléfico, y eso hay que “agradecérselo” a Jimena, que lo programó así para que cuando no está en casa, poder llamarme ella y despertarme de una manera efectiva. ¡Y  para más castigo me encuentro con la butanera frustrada! Prefiero que me despierte mi chica personalmente con algo de dulzura y así encarar el día con una sonrisa, aunque a veces lo hace con una ironía… El caso es que poco a poco voy dejando de bostezar y empiezo abrir los ojos a la espera de la recuperación de esa memoria de la que soy víctima.

Pongo la radio, e Iñaki Gabilondo acaba de despedir su intervención. Y como estamos en pleno horario de tertulias en las que están los hábiles colegas que, dicho con respeto,  saben de todo lo divino y lo humano, y pontifican en lo que dicen con protestas de sus compañeros que siempre interrumpen pareciendo un gallinero. El tema que se trata en ese momento es ¡cómo no!, lo que dice Mariano Rajoy sobre la recuperación. Y no digo lo que pienso porque me considero una persona educada, pero este señor ha conseguido algo bueno, hacerme dejar los  bostezos, porque diga lo que diga, aunque me siente mal, no deja de ser el presidente del Gobierno de mi país, y debo contenerme en las expresiones. Y con ciertos aires de excitación pongo Radio Nacional a ver si hay alguien de la oposición, y el director del programa matinal se encuentra en La Moncloa entrevistando en directo a Mariano Rajoy, al cual ya le califican muchos ciudadanos y votantes como “el mago del país de los hechizos”. Ya no puedo más, que mi ánimo se asemeja en esos momentos al de una fiera en su estado más salvaje. ¡Ay!, que estos de la casta y de los que les critican de ser de la casta me están amargando la vida.

Menos mal que voy recuperando mi agilidad mental y me acuerdo de eso de que “la música amansa a las fieras”. Cambio el dial a Radio Clásica, y ¡maravilla de las maravillas!, suena la Sinfonía nº 40 de Mozart, mi autor favorito, al que siempre debo pedir perdón por tararear con mi timbre nada espectacular una música que hace respirar nada más que belleza allá donde se escuche. Y luego suenan las Polonesas de Chopin, y mi estado casi consigue hacerme levitar de tal manera que de las ondas excitadoras (no digo excitantes porque no es el caso) paso al de las ondas que hacen soñar y comunicar estados de emoción sin decir palabrotas. Así el loco surrealista se vuelve más pacífico, se calma y piensa en las cosas más hermosas de la vida, en sus brujitas  traviesas y buenas, en su Jimena del alma, en la poesía que siempre le gustaría saber hacer, en su afición pasional por el teatro y la narrativa de calidad y que especialmente tenga capacidad  para transmitir pensamientos combinados con la sapiencia permisiva que permita jugar con las posibilidades que ofrece el lenguaje cervantino.

Así comienzo a abstraerme y soñar con la que quiero sea mi realidad no exenta de un espíritu romántico, de volcar todo un sentimiento de acercamiento y solidario…Bueno, bueno, que me da la impresión de que empiezo a ponerme demasiado dulzón; empalagoso, ¡vaya! Habrá que ir bajando poco a poco de la nube y poner los pies en el suelo, si bien soy un soñador y nunca he llegado a pisar las aceras, porque me he quedado un palmo por encima de ellas. Eso si, que falta muy poco para irme a la cama y quiero hacerlo, como siempre es mi intención, con una sonrisa y muchos, buenos y hasta pícaros deseos. Empiezo a desear bellos sueños y descansos placenteros, sin acordarnos para nada de los políticos a los que también deseo una acertada higiene mental y que digan las cosas claras. Y después, que cumplan su programa electoral, que si no, se les juzgue por no ajustarse a su verdad.Me dispongo a abandonar el ordenador por unos minutos, y en una emisora oigo de nuevo la voz de Rajoy. ¡Brrrrrrrr!

Así que como quiero acostarme en paz, he decidido esta noche y todas, volverme a la nube placentera, en la que por lo menos hay libertad de pensamiento. Y duermo de bien…

¿Qué cual es mi necesidad apremiante que ha intentado hacerme despertar?. Pues no lo sé, espero que no me desvele. Así que callar y soñar en paz. Chsssssssss. Besos para quien los merezcan.

 

MANUEL ESPAÑOL

CON “B” DE BURRO

CON “B” DE BURRO

Pero si es que casi me da vergüenza decirlo cuando hay tanta carestía de afecto en estos paramos secos y manchados por  la envidia, el odio, rencor, egoísmo y fanatismo terrorista, entre otros males. Eso deprime con intensidad, pero no sé por qué, hoy he llegado a abstraerme de todos estos destrozos tan intensos provocados por el ser humano a cuya especie pertenecemos Sí, tengo ganas de gritar a los cuatro vientos: “¡Soy feliz. Que se enteren todos de una vez!”. Y todo ello mientras que los vecinos próximos a mi vivienda han puesto a todo volumen la música de “La vida es bella”, por lo que me he dejado llevar de un entusiasmo y no sé si avergonzarme de ello en un país en el que pronto habrá elecciones y en el que los políticos en el poder quieren que me sienta aquí como “Alicia en el País de las Maravillas” para luego estrenar si pueden “Tormento en el infierno”. ¡Cuántas dobles caretas se mueven entre las plazas de toros, polideportivos, teatros y plazas públicas que dan cobijo a presuntos implicados en el mundo político! No, si en el fondo soy un inocentón que no quiere que le engañen, aunque me da la impresión de que lo pretenden. Todos hacen promesas de nuevas ventajas sociales, se lanzan al degüello unos contra otros por faltas de ganas para sumar en los puntos básicos con la intención de que los méritos sean solo para ellos. Y quienes las podían haber llevado a cabo por sus alternancias en el poder, no lo han hecho. ¿Alguien puede honestamente dar garantías de cumplir las promesas?

Reconozco que algo loco ya lo estoy, que lo que quería decir es que “la vida es bella”, y sin embargo contradictoriamente, pongo en marcha toda mi batería verbal y a la vez armamentística cargada con balas “dum dum” y sin un ápice de piedad. Bueno, pues que ellos y un servidor nos vayamos todos a botar (con B de burro), por no decir otra cosas, que si no, me llamarán grosero y ordinario. Los hombres entramos y no salimos de continuas contradicciones.

Desde hace unos cuantos días recibo solicitudes casi múltiples de amistad de políticos con quienes mantengo buenos contactos directos y otros que ni siquiera conozco. Y se acuerdan precisamente de mi y de los lectores y no lectores de este “plumilla” cándido, sean de la yenka que sean (un pasito adelante, dos pasitos atrás y vuelta). ¿Cómo se le puede llamar a eso? Personalmente no le quiero poner calificativo por temor a que me digan “blando”, mientras otros me criticarán ferozmente de que no hable de la corruptela y del paro que afectan a “este país que va bien y que ha remontado el vuelo tras la crisis económica”, frase que produce una auténtica carcajada que a veces compartimos con las ganas de llorar. "¡Madre del amor hermoso, el cabreo que llevo encima”. ¿Y yo que tenía ganas de sacar adelante mi sentido del humor? Pues lo siento, que mañana será otro día y me gustaría provocar ataque de risa y hoy no estoy para mucha guasa. Y no sé por qué, dado que la política es un filón sin fin, incluso en su momento a pesar de Franco. Tan sólo ahora me acuerdo que en época electoral años ha, hubo mitin en un pueblo de Aragón, al que vino el político nacional de turno para apoyar a los candidatos locales de su partido: “Queridos ciudadanos míos. Es un privilegio para mi compartir unas horas con vosotros. Vuestro pueblo, que desde ahora lo hago mío, hace que haya venido aquí con una ilusión muy grande. Ya mis abuelos me hablaban de vosotros en sus tiempos, de la buena gente que habéis sido y sois todos. Os traigo una buena noticia, y esa buena noticia es que si tenemos vuestro voto y salimos elegidos, en la próxima legislatura os prometo que ya tendréis ese puente nuevo tan necesario”. Le interrumpe el secretario y le dice que el “señor diputado, que se ha confundido de pueblo y aquí no hay río”. El político nacional, lejos de rectificar, se vuelve de nuevo hacia el púbico, y con una risa abierta le dice: “¡Ay amigos!, que lo que quería era echarle un poco de humor al asunto. Que ya sé que aquí no hay río… Pero no os preocuparéis, traeremos un río y construiremos un puente. Eso seguro, que no os vamos a fallar”. Pues eso.

 MANUEL ESPAÑOL

MI BRÚJULA LOCA Y SURREALISTA

MI BRÚJULA LOCA Y SURREALISTA

He salido a los caminos sin saber cual elegir. El de la Melancolía me parece triste y no me ha gustado, el del Último Romántico tampoco, el de la Derecha no me convence, el de la Izquierda tiene muchas piedras de canto y restos de botella machacadas. Bueno, tendría que alquilar una aprisionadora que eliminase todos los obstáculos hasta convertirlo en un deseado sendero idílico en el giro hacia la “gauche”, pero no tengo dinero para acometer tamaña empresa, que si jugamos nada más que con las cartas generales y únicas, y con el apoyo de generaciones no maleadas, el panorama lo veo bastante negro. Y sigo preguntándome, ¿hacia dónde viro?. Vamos, la eterna duda, he aquí la cuestión. Y no me digan que tire por la calle del Medio, que además que no existe, es como dar bofetadas al aire con el consiguiente cansancio y además inútil. Y si pregunto ¿dónde se halla el centro ese hacia el que me muestro tan incrédulo? Seguro que la risotada es general en toda esta "piel de toro" con cuernos y demás aditamentos. Perdón, que no sé lo que digo, que llevo encima todo un revoltijo mental que no conduce a ningún lugar en el que la existencia no se vea complicada. El caso es que tan solo y modestamente mi único objetivo es encontrar la vereda que me guíe hacia un estado de sonrisas, de paz, de buenos deseos y mejores hechos, así como de libertad y respeto. Y las encrucijadas están tan difuminadas… Así que ni a derecha, ni izquierda, ni norte, ni sur, ni... Está claro que la brújula de la humanidad en la que pienso se ha vuelto loca, ha perdido toda la orientación.

 Me dice el amigo Pepote que con estas ideas no puedo ir por el mundo, que debo mantener al loco surrealista que soy en estado puro, y que debo proceder de inmediato a eliminar motas que manchan en exceso mi higiene mental. “Eliminar motas que manchen en exceso mi higiene mental…” Pues bien mirado, eso me gusta. En mi paseo diario junto al río, me entretengo al observar a un perro de pequeño tamaño que corretea por la hierba y recoge la pelota que le lanza su dueña, hasta que me la ofrece a mi, y ella me dice que “al animalito le has caído muy bien y quiere jugar. Tómale la bola y tírala lejos, pero sin que caiga al agua. Ya verás cómo te la devuelve”. Y el incansable can corre a una velocidad endiablada, coge la pelota con la boca y con una expresión alegre me la deposita, no sin pedirme antes una caricia. Así, con esta actividad tan sencilla, mejoro en mi humor y hasta río y simpatizo con una joven que sabe sonreír y que transmite alegría. Creo que el camino hacia lo que yo quiero lo he encontrado, pero aún quedan unas cuantas horas. Como estoy en la orilla sigo lanzando mi mirada hacia el cauce fluvial y veo dos patos que juegan entre ellos, al poco pasan dos piragüistas del Centro Natación Helios que me han reconocido porque son amigos de un sobrino y me saludan afablemente, se acercan hacia la orilla y me invitan para en posteriores días a unirme a ellos en el discurrir acuático. Y bien que  me apetece. Suena el teléfono a veces perturbador de la paz que se goza en el momento, pero que en esta ocasión es la voz de la tía Cuqui, que está al otro lado, que cuando quiera y le avise con tiempo, me preparará unos callos garbanzos con callos que sabe que me encantan, y después de decirnos las tonterías de rigor, señala que me va a dejar porque debe preparar una tertulia con sus amigas, a la que asistirá el cura, “sí de estas que me calificas de Rosario y Chocolate”, apostilla, porque la jocosidad es enorme por parte de los dos. Momentos después paso por uno de los chiringuitos que están junto al río y escucho a Miguel Ríos, me paro. Continúo hasta la siguiente canción cargada de ritmo, y noto que ya se me van los pies. En horas se me ha producido un cambio en el estado de ánimo camaleónico, en el que el triste pesimista que ha salido de casa ha cambiado de nuevo al alegre y a veces divertido loco surrealista, que también piensa en un mundo mejor. Con humor se puede conseguir todo lo que con la tristeza, y el pesimismo jamás. Así me alejo del lugar recordando y riendo al pensar en el pretérito, el presente y el futuro. Así que sed muy felices…

 

MANUEL ESPAÑOL

ME PASA COMO AL DESODORANTE

ME PASA COMO AL DESODORANTE

No sé los motivos, pero es que estoy en huelga total de actividad y con mente plana. Como hace un rato no sabía salir de la situación, he decidido que la próxima vez que me ocurra haré una llamada a todas mis brujitas y musas para que salgan en mi ayuda. Afortunadamente, la situación le he superado y de repente parece que el Loco Surrealista ha resucitado, y por eso mismo he comenzado a reír bien solito sin testigos, que hasta Jimena me ha dejado hoy abandonado por unas horas. A ver si no me ocurre como con ese desodorante que a veces abandona antes de tiempo (no a mi, que en el verano tórrido hasta me ducho hasta tres veces al día). Así he recordado una inspiración memorable de no mucho tiempo ha. Y como las cosas divertidas según se mire también las quiero compartir, situaré los hechos en Londres, de cuando Ryanair volaba desde Zaragoza hasta la capital del Reino Unido y algo bueno debía tener dentro de la aeronave, es decir, una pareja de amigos muy entrañables, Jimena y yo. Ciertamente aquél día había bebido mucha cerveza, sin llegar en ningún momento a estar borracho, si bien diciendo muchas tonterías, lo cual es habitual en mi incluso cuando quiero aparentar que estoy serio, que aún suelto más. Al final entramos en un buen restaurante con una decoración muy londinense y servidor de ustedes y de Cristo Bendito ya estaba con una incontinencia urinaria y comenzaba a hacer gestos extraños, como falsos pasos de baile, hasta que me agarré donde era lógico en ese momento y me fui corriendo hacia el baño que después de dar vueltas y vueltas no encontraba. Así hasta que encontré al camarero que había extendido las cartas sobre la mesa, y en ese momento se me habían ido las ideas en castellano, vamos, como para acordarme del inglés estaba. Le dije “piss piss piss please”, y lo debí de decir tan mal que el empleado puso aún más cara de tonto que yo. Mi abanico anglófilo en esos momentos se limitaba a “wáter” y “pee”, y las mismas caras de bobos entre ambos. Al final, ya cansado y a punto de gotear, se me ocurrió poner a prueba el lenguaje gestual, que tampoco dio resultado. Y cortando por lo sano, el camarero me llevó cogido del brazo hasta la mesa a ver si se aclaraba alguno con mi pis. Menos mal que en mi ayuda salió la lista de Jimena preguntando si le había dicho “toilette”. Entonces grité dando saltitos, eso de “¡toilette, toilette, toilette, please”. Siguió el hombre agarrándome del brazo, pero en esta ocasión ya con más rapidez me dejó en la puerta, si bien iba de saltito en saltito corto hasta el punto de llegada. ¡Vaya número! Cuando acabó la descarga, no sé los motivos exactos, pero me dio por cantar el “Dios Salve a la Reina”, y además partiéndome de risa por el camino. A mis compañeros de mesa, que no lloraban precisamente, les dije que ya me había quedado tranquilo. “¿Y de qué te reías?”, me preguntó Enrique. Mi respuesta un tanto irónica fue que “mira que no entender esta gente su propio idioma… Para entendernos he tenido que usar un vocablo galo. ¡Con lo que son los ingleses!”. Rápidamente llegó una camarera llevándose el dedo índice de la mano derecha a la boca con aires de soplido, para hacernos callar y diciéndonos en un perfecto español que el otro empleado era un pobre esloveno que sólo llevaba cuatro días en Londres, y que apenas se manejaba en el idioma de allí, que no hiciésemos mucho ruido, porque si no le iban a echar. Ante un problema humano-laboral optamos por la comprensión y por el humor. Eso sí, cuando coincidimos de nuevo los cuatro además de otros acompañantes, todos tienen que contar “mi gracia” y asociarlo a otros lapsus mentales o de memoria que me obligan a poner gestos de irritación. La he oído ochocientas cincuenta mil veces. De momento me callaré, pero no sé si sabrán que la siguiente vez mi venganza será terrible.

MANUEL ESPAÑOL

BAILANDO AL RITMO DE FEDERICO FELLINI

BAILANDO AL RITMO DE FEDERICO FELLINI

Entro en la sala apenas iluminada. Una música romántica, sensual, suena muy agradablemente con el adorno de unas bombillitas de colores y con luces indirectas El ambiente empuja hacia la pista central. De repente, mi imaginación surrealista y soñadora me lleva a ver las caras de Federico Fellini, Giuletta Massina, Ana Magnani, Marcelo Mastroianni, mientras que un cañón de luz ayuda a hacer su aparición a la increíble Anita Ekberg, que se mueve cimbreante y provocadora. ¡Ay fantástico soñador de la “Dolce Vita”, de “Amarcord”, “Ocho y Medio”, “El Satyricón”, “Las noches de Cabiria”, “Boccacio 70”, “Julieta de los espíritus”, “I’Clowns…”! Sentado en solitario junto a una una mesa de primera fila, comienzo a mover los pies, a bailar con los nudillos de las manos decido salir de ahí, de ese refugio oloroso a perfume que envuelve y a güisqui. Me tiende la mano Claudia Cardinale y me sumerjo en un mundo extraño en el que nada parece lo que es y en el que es todo lo que parece, y suena en ese momento con toda alegría la música de Nino Rota, y comienzo a girar formando parte de una rueda humana de lo más variopinto. Me siento arrastrado por una troupe circense muy felliniana en la que doy vueltas y vueltas sin parar ni marearme, hasta el punto de hallarme en un estado agitadamente embriagador, en el que la estanquera de “Amarcord” me guiña un ojo y hace asomar brevemente sus enormes pechos. ¡Que digo!, pero si en el centro de la rueda se encentrada Capucini con un Mastroiani que no le quita ojo. No me importa, hay muchas estrellas, peo como me muevo entre la Ekberg y la Cardinale sin separar nuestras manos como si de las más bellas caricias se tratase, soy un hombre muy feliz, tan feliz que no me doy ni cuenta que hemos abandonado la sala y que nos hallamos en la pista del más maravilloso y mágico circo del mundo: el Fellini Circus, en el que no soy una estrella, pero que sueño con integrarme en la atmósfera de los payasos, que actúan sobre mi como si constituyesen el más poderoso y atractivo imán. Sí, me gustaría ser como Charlie Rivel, el más grande, o Pompoff y Teddy, o los hermanos Tonetti. Sí, sí, portando y tacando con una trompeta, un acordeón, esa música marchosa y tan circense. ¡Qué desfile tan hermoso!. De repente, la música se detiene y una voz con volumen aumentado por la acción de la megafonía, me dice: “Eh, Gabino, abrázate ahora a Capucini y a Claudia Cardinale”- Es el jefe Federico, al que hay que hacerle caso, y a la voz “acción” nos tomamos por el talle y yo feliz, sigo con el ritmo de la música. Dejamos la pista protegida por una enorme carpa, y empezamos a subir por el graderío, en el que la estanquera se decide a asomar de nuevo sus hermosuras, mientras que el travieso Marcelo Mastroianni le hace una de las suyas. Pero ¡viva la alegría! Y los instrumentos suenan especialmente rítmicos con más intensidad todavía. Se rompe la rueda, paro todos seguimos de la mano para salir al exterior, en el que se encuentran unos rapaces que no quieren perderse la fiesta por más que sus madres no paren de impedirlo. Benetto, el más decidido, se escapa y entra en el círculo para ver de cerca de Anita Ekberg y esta le hace unos movimientos de baile que incitan a la manma a entrar al rescate de su hijo, mientras Marcelo se arrodilla ante ella, y la fiesta continúa a un ritmo indescriptible, con mama y ragazzo integrados en la troupe. Las luces se apagan unos minutos después, pero la luz de la luna es tan hermosa, que una música más dulce y sensual hace que la rueda desaparezca, pero hagan su aparición mujeres y hombres deseosos de disfrutar de un romance de deseo ante las cámaras nada ocultas de Federico Fellini. Mejor pues, que este Charlie Rivel falso y fracasado, fardará, y mucho, bien agarrado a la inolvidable boloñesa Maria Antonietta Beluzzi. Sí, os explico: la estanquera.

MANUEL ESPAÑOL

 

SOÑAR IMPOSIBLES EN EL ALTO PIRINEO

SOÑAR IMPOSIBLES EN EL ALTO PIRINEO

Me daba mucha pena de que la temporada de esquí acabase y yo no me hubiese estrenado. Prácticamente hasta el año pasado siempre me aproximaba a las pistas, a pesar de tener las rodillas maltrechas debido a mis aventuras deportivas en general y montañeras en particular. Tarde o temprano me tenía que llegar esta situación de meniscos rotos y recompuestos, por lo que tuve que reducir mis “actividades de riesgo”, si bien disfrutaba intensamente con esas motos de nieve con las que inicialmente causaba estragos. Así hasta que aprendí bien esa técnica, que requería un esfuerzo económico que me hizo pensar en la manida frase de “la escala de valores y…” Fue cuando me di cuenta de que si el día es bueno y hace sol, aunque la nieve esté “blandurria” (perdonad por el uso del argot), echarse sobre una tumbona con un vermut y olivas rellenas de anchoa al alcance de la mano y con unas gafas de sol bien puestas para contemplar sosegadamente el panorama, el placer es de una intensidad sublime. Así me pasó ayer en Panticosa, que junto a la de Formigal son mis estaciones favoritas. ¡Ay qué meditaciones laicas tan especiales y divertidas te puede proporcionar esta situación rodeado de picos altos, muy hermosos y nevados! Al momento oigo en mi cabecera la voz dulce de Jimena, muy mona ella metida en su traje deportivo invernal, que me dice: “¿En qué piensas cariño?”. Joé, ¡pero qué indiscreta ella. Como que se lo iba a decir! ¿Es que uno no tiene ni siquiera la posibilidad de libertad de pensamiento? Pues no, que no me acordaba de ella precisamente, y que si le digo la verdad la tengo de espaldas todo el día. Y al final, después de tanto y tanto insistir, le comenté una realidad: el primer curso de esquí alpino de una semana de duración en Formigal. 

Era tiempo de juvetud en una época en la que estaba muy fortachón… El monitor, que era uno de los dueños de La Tosquera, un bar-restaurante con buenos desayunos, almuerzos y comidas, pariente lejano mío, me trató muy bien y me dijo que me iba a meter en un grupo muy divertido. Sí, que seguro habría armonía con el propio enseñante y siete alumnos bastante gansos a la hora de hacer comentarios. Éramos dos chicos y cinco chicas, entre ellas una azafata de Iberia que había venido desde Madrid, espectacular, que me iba a llevar por la calle de la amargura. Ella era una novata muy lista y con buenas facultades, y entre los dos protagonizamos un pique azuzado por Luis. “Venga, Gabino, que le has caído muy bien, que si no ligas es que eres tonto”. Y muy tonto muy tonto tampoco fui, pero muy espabilado tampoco. Eso sí, persistente un rato largo. Tras las clases nos íbamos todos a poner fin a la jornada en el bar del “profe”, que era tan buenazo que invitaba más veces de las que pagábamos nosotros, y ahí la camaradería se acrecentaba y era la causa de que casi todos los días me volviese a Biescas de noche, cuando la juerga de la cena y las copas iba a comenzar. Un día Luis me invitó a dormir en su casa para que pudiera disfrutar la noche de Formigal. Ya se sabe, discoteca, copa y más copas, y uno que se va de lengua y pierde la vergüenza (ahora no la tengo) y Marga, con ganas de juerga y de guasa, que me recoge los guantes que le lanzo y me dice que si hacemos una carrera con un recorrido muy difícil y llego primero, que se me rinde. La que se armó la mañana siguiente en las pistas, en que ninguno de los dos nos echamos atrás en tan particular apuesta. Ante las risas del “profe”, que hacía de árbitro, nos dio la salida a dos deportistas que aún arrastrábamos restos de la resaca. Marga se adelantó muy pronto, pero mi amor propio no se daba por vencido y emprendía una rápida carrera que me costó tres espectaculares caídas sin consecuencias, ante las risas de ella que se paraba de vez en cuando para darme ánimos. A final le di alcance cuando no se lo esperaba, con lo que se volvió hacia atrás para caerse pro primera vez, y yo decidido a cobrarme la deuda, por lo que caímos abrazados. Y ahí acabó todo, porque a la cafetería de pistas había llegado una llamada en la que se le notificaba a la chica que había llegado el novio. Tras tomar un vino dulce muy caliente en menos unión y menos armonía, decidí volverme a Biescas de nuevo.
Hago un lapsus en mis pensamientos placenteros, me encuentro con el vaso de vermut lleno otra vez y es ese el momento en el que Jimena vuelve a preguntarme en qué pienso. Mi respuesta es “en una cosa que pasó hace muchos años”. “Pues muy divertida debió de ser, porque te veo con una sonrisa…” Como llega la hora del retorno, antes de partir le digo que me voy a calzar los esquís que me he traído en el coche, que hace ya mucho que no me los pongo, y me tengo que escuchar eso de “insensato, a tus años, que te puedes estropear aún más”. Muy graciosa ella que no logra alterarme, me dirijo a la pista infantil, me engancho al teleski, me dispongo a bajar por verde, me vuelvo a caer sin consecuencias, se me acerca un niño de diez años y le pregunto: “¿Verdad que esquío muy mal?” Y el puñetero de él me dice: “Afirmativo”. 
Pues el próximo diciembre volveré a Panticosa a principio de temporada. Y volveré a hacer otro curso intensivo. ¡Menudo soy yo! 

MANUEL ESPAÑOL