CON CUCHARA Y TENEDOR
Hoy me quedo más ancho que nada. Hacía tiempo que tenía muchas ganas de mostraos estas imágenes de Biescas antes de daos las buenas noches. Pues sí, que hoy por partida doble, saco la imagen de un rincón de mi pueblo con muchos recuerdos para mi, donde están ubicados el hotel y bar Casa Ruba, fundados en 1884. La otra foto está sacada en el interior del bar de mi gran amigo y primo Ramón Ruba Fañanás, de cuando estaba al frente de la barra. Ahora ya retirado por jubilación, ayuda con sus consejos a las nuevas generaciones. Es tanto el cariño que le tengo a esta Casa que no puedo evitar su publicación, y además sin ánimos publicitarios. Allí hemos pasado noches inolvidables con buenas degustaciones y tomando unos huevos fritos que a mi me parecen siempre muy especiales, y más ahora que casi no se ofertan, ya que resulta más fácil lo de los huevos rotos o estrellados. Y cuando se ponen a hacer cocina fina y sustanciosa... ¡Que se me hace la boca agua..."... Que no se enfaden ni piquen otros establecimientos hosteleros de los que también me siento muy cercano, que en esta tierra generosa y grande hay sitio para todos, y que ya entrarán con todo derecho en estos comentarios al filo de la hora bruja. ¡Ay cuánto os echo de menos cuando estoy fuera de nuestro entorno tan maravilloso. ¿Verdad que somos unos privilegiados? Pues este privilegio quiero comartirlo con todos vosotros que tenéis la paciencia de aguantarme. Felices noches, felices sueños. Que pensar enestas montañas es pensar en la vida.
MANUEL ESPAÑOL
Hoy ha sido un día bastante movidito. Antes de daros las buenas noches acompañadas de muchos muaaaakkkkkssss muaaaaaakkkkkksss, os diré que he comenzado el día de una manera un tanto accidentada.Posiblemente acababa de soñar que era bailarín de ballet clásico,.. hasta mejor que un tal Nureyev. Así que en vez de levantarme poco a poco, he pensado que era una estrella y he acabado estrellado, Mi intención era dar un brinco a fin de estar en el aire los segundos suficientes como para cruzar los pies varias veces hasta posarme en ek suelo. Me he dado cuenta que no pertenecía a ningún ballet, y el leñazo ha sido hermoso. Luego, antes de meterme en la ducha, se me ha caído el teléfono en mi dura cabeza, y afortunadamente no se ha roto, el teléfono quiero decir. Tras salir de cada he realizado mi sesión deportiva a orillas del Ebro,y al paso me ha salido una culebra que me ha hecho correr batiendo todos los récords de resistencia y velocidad. ¡Lo que hace el miedo! Tras la compra he hecho la comida, que en esta ocasión ha sido del agrado de mi mujer. Tras la siesta )que no falte nunca) me he puesto a escribir una de mis tonterías como Loco Surrealista, que espero darle continuidad durante bastante tiempo. Después ya, sesoón gastronómica familiar fuera de casa. Esto sí que es la vida en un pienso. Pero me falta tiempo, muchísimo más para escuchar música dedicación a la lectura. Mañana no sé qué será de mi. Espero soñar con momentos pletóricos de belleza (como en la foto) y de hermosos sentimientos, que es lo que deseo para vosotros.
MANUEL ESPAÑOL
¡Qué noche la de aquél día! No. No es que me haya metido en mi hora nostálgica y recuerde esos años en los que sin consideración alguna me atacó la “beatlemanía” que todavía permanece en mi a través de los discos, que tengo todos. El caso es que me gusta mirar de frente y hacia el futuro a pesar de mi edad bastante adulta, aunque de vez en cuando me acuda algún ramalazo de soñar con el pasado. No es esta la situación, que la realidad es que ando metido de lleno en el presente. Así que voy a contaros que esta mañana, un momento antes de levantarme sin acabar de abrir los ojos del todo, me hallaba de lo más alegre. Ha ido pasando minuto tras minuto a lo largo de todo un día, y sí, consecuentemente en estos momentos me acerco a la hora bruja y sonrío, que algo de brujo ya tengo. Así que deseo que cuando me entregue en los brazos de Morfeo, si es que me deja Jimena, que nunca para con sus confidencias a altas horas, la noche sea dulce. Pero claro, no puedo olvidar un despertar placentero, por lo que es probable que de vez en cuando haga efectiva la exclamación “¡Qué noche la de aquel día!”. Para empezar diré que lo normal es que duerma casi de un tirón mis ocho horas y sin lapsus apenas, que alejado de las pesadillas, sueño muchas veces cosas extrañamente bellas y sin cabeza. Pero lo de hoy ha sido especial, y por favor, no os riáis de este loco surrealista que en sueños nunca puede controlar la consciencia. Así sucede que, antes de sonar el estúpido del despertador, yo era feliz en un revolcón bastante raro, pero continuo, con una fémina a quien no veía la cara, pero que me producía sensaciones muy revolucionadas. ¡Vaya par de senos polivalentes! ¡Pero a qué barbaridades me invitaba la señora en cuestión!. Que el nene quiere teta, pues teta que me daba, que las suyas no daban leche. Me decía: “ahora un poquito con sabor a naranja”, y ¡vaya trago! Me hizo probar cerveza y aquello me gustó más, y también vinos Somontano gran reserva. Tan ilusionado me hallaba que le dije que “antes tomaba muchos gintonics con ginebra Befeeter . ¿Podrías darme un buen chorrito?”. Y Jimena me mueve y me grita: “Pero Gabino, ¿qué te pasa que estás tan alborotado?”. “Nada encanto –le respondo-, que me has despertado y tengo ganas de ir al baño a hacer pis”. Vuelvo y trato de acostarme de nuevo a ver si continúo con el sueño, pero no hay manera, que doy vueltas y más vueltas ante la desesperación de mi mujer, que ya se ha levantado a preparar el desayuno, y nada más llegar al dormitorio ha dado comienzo una pelea no demasiado violenta, puesto que que a fin de sacarme definitivamente de la cama, quita violentamente la ropa de la misma, y con el frío que hace, ya que no han encendido todavía la calefacción, me arranco, me abrazo a ella y le pregunto. “¿Mi amor, podrías prepararme un gintonic con Befeeter?”. Me dice que si estoy más loco todavía. “Anda, locuela…”, por lo que dicho esto me aparta y se separa de mi a fin de que tome el desayuno que me ha preparado sin colesterol, mientras ella se prepara un par de huevos fritos con tocino, porque dice que no tiene problemas, que está muy buena. Si lo sabré yo…, que como ella no hay nadie. Se lo digo y Jimena, ya más relajada con su vino tinto y los huevos bien hechos y con puntillas, me pregunta. “¿Pero qué te ha pasado esta noche?”. Y yo, con una sonrisa inicial beatífica, como quien no rompe un plato jamás, le digo que cual es el motivo de su pregunta. Me aclara que me he movido mucho en ese horario nocturno, que no hacía mas que decir “mía, mía, más cerveza, y ahora vino, más, más…”, y que de vez en cuando le daba alguna caricia a ella. “Y ahora, dime, Gabino, ¿con quien soñabas?”. Mi respuesta: ¿Pero con quien voy a soñar, mi vidita? Sólo contigo.” .
-¿Entonces por qué me has llamado Victoria?
_ Supongo que habré dicho Victoria, porque pensaba que me ibas a dar de mamar gintonic. Por eso, ¡¡¡¡¡Victoria!!!!. Mujer, es un sueño nada más.
:-Pues eres más tonto… que por un sueño no me iba a molestar, y más viniendo de ti. Y no me río más porque no puedo. Y otra vez no me llames Victoria.
Llega la hora de salir de casa y ante su pregunta casi inquisitorial le respondo que he quedado con Miguel a fin de que que me de datos para un reportaje sobre la fabricación de la seda natural a través del inicio del proceso con los gusanos. Como no traga del todo, le digo igualmente que iré a ver a la tía Cuqui, que recién llegada del pueblo iba a pasar dos días en Zaragoza en casa de unas amigas que me han invitado a almorzar para que les cuente chismes. “Ahora dime la verdad, ¿con quien vas a comer hoy tus judiones con oreja y los huevos rotos que gritabas por la noche?”. “Jimena, ya no puedo más –le contesto con el tono más alto..- Eres una bruja que siempre acierta. ¿Y yo he dicho en sueños brujita mía que iba a comer todo eso?”. Su respuesta: “Eres más infeliz… que como tu tampoco hay nadie. No, no me lo has dicho. Lo que ocurre es que también tengo mis artimañas para sacarte esas cosas?”.
_Anda, guapa, dime pues todo lo que he soñado…
_ Tu sabrás. Yo he dormido de un tirón.
Ahora ya no lo puedo disimular, es me queda una cara de gili total. Pero ella es muy lista y tiene tanto sentido del humor como yo, que me dice le acompañe de nuevo a la cocina, donde me esperan un par de huevos fritos con tocino, produciéndose simultáneamente unas carcajadas monumentales, que solo se fan en una casa donde nadie se aburre.
Cuando me oigáis decir “¡Qué noche la de aquel día”, ya sabéis a lo que me refiero, Y no seáis mal pensados.
MANUEL ESPAÑOL
Me llegó la noticia al poco del atentado. Mis ojos se humedecieron. París, “la novia del mundo”, como dice la canción, se había teñido de luto y de sangre. Por razones anímicas y vínculos familiares puedo decir que Francia es mi segundo país. Anteayer, ayer y hoy, y mañana, y pasado, y espero que hasta mi último suspiro, me siento y me sentiré francés de espíritu. Ayer intenté dar rienda suelta a mis sentimientos, pero mi mente era un torbellino revuelto de ideas buenas y malas y hasta de rabia incontenible. No me salía una frase tras otra que no contuviera improperios y la sensación de impotencia era muy grande, por lo que tuve que rendirme ante todo un síndrome de bloqueo mental. Hoy, el bloqueo ha desaparecido sólo a medias, pero tal y como se desarrollan los acontecimientos, la indignación ha aumentado mucho mas todavía. No puede ser que la barbarie de unos fanáticos en nombre de su credo, haya manchado al mundo democrático y libre, y que lo haya hecho en la patria de la “Libertad, igualdad y fraternidad”. Estos días el Sena ya no lleva agua en su cauce, sino lágrimas por el dolor que ha causado el asesinato de doce personas cargado de una vileza baja e indescriptible. Hoy, los hermanos Kouachi, súbditos franceses y yihaidistas reconocidos, autores materiales de la masacre, y que habían sido felicitados por su “hazaña” por parte de Al Qaeda y el Estado Islámico, han sido abatidos cuando deseaban salir de un local en el que estaban en poder de un rehén. No me alegro de la muerte de los terroristas, que me hubiese gustado su detención, a ver si en los interrogatorios ya sin más armas que las de la policía hubiesen “cantado”. Han preferido su muerte. Está claro que su espíritu cobarde había sido infectado por la creencia de que al momento estarían sentados junto a Alá. Respeto profundamente las creencias religiosas de todos los credos que predican la fraternidad. Quienes son malos y despectivos sin límite alguno son los hombres responsables de las facciones separadas de determinados credos. Tengo amigos musulmanes grandes personas, con sus peculiaridades y formas de entender la vida que no son los míos, pero que respeto porque son consecuentes y nunca violentos con su forma de practicar su religión. Para ello, repito, mis respetos. Lo que nunca entenderé ni quiero, es cómo al grito de “Alá es grande”, es decir en nombre de Dios, se mate al prójimo, se torture hasta extremos terroríficos y causando baños de sangre. Y no digamos el menosprecio asesino que los fanáticos de esta clase tienen hacia las mujeres.
No sé qué consecuencias pueden tener los sucesos de estos días. Los periodistas y dibujantes han sido objetivo de estos desalmados. Nos ha costado sangre, sudor y lágrimas, además de un trabajo duro e intenso, consagrar nuestros derechos a hacer uso de la libertad de expresión. Eso significa el triunfo del mundo de las ideas, de las criticas, sobre la intolerancia y ese mundo de ignorantes que creen que los problemas se resuelven de una forma violenta. No, no digo, que ellos con su forma de pensar, piensen que “nuestras aspiraciones son justas. Si todo el mundo pensara como nosotros, no habría derramamientos de sangre”. Sin palabras.
Mientras tanto, las aguas del Sena bajan mezcladas de sangre y lágrimas. Estoy triste y cada vez más indignado. Lo malo es que el mundo parece estar amenazado por un fanatismo marcado por la ignorancia y la irreflexión y todo un afán de poderío mas propio de la Edad Media.
MANUEL ESPAÑOL
“¡Huy que frío hace ahí fuera. Ni una nube, pero la temperatura es baja y por si fuera poco sopla un viento pelón!”. Me he levantado hace un momento y al asomarme a la ventana no he podido reprimir esa exclamación, que ha interrumpido a Jimena de su dulce sueño. Muy dulce tenía que ser, y no sé si intervenía yo en el mismo, porque me ha mandado callar no con muy buen genio. Como soy algo persistente, le digo: “pero mi vida, es que además, el termómetro de “Vientozaragoza” señala un grado bajo cero. Me gusta tu calor y que me lo cotagies…” “Lo que vas a hacer es meterte en la ducha, espabilarte e ir preparando el desayuno para los dos”, corta mi medio limón. Ella se queda tan tranquila y feliz como una perdiz riéndose para sus adentros y yo empiezo a mosquearme. Pues si se creía que lo iba hacer todo en silencio, es que va buena, por lo que me pongo a cantar el brindis de La Traviata, con esa voz que Dios me dio y que despierta del todo a la bella durmiente, que se sube a la moto de la casa dándole por poner las cosas en orden, hasta a mi, y ahí no hay quien la pare. Por lo menos, ya calladito, preparo el desayuno, consistente en zumo de naranja, unas barritas de pan tostado, con aceite, ajo, tomate y jamón, y un café con leche. Quiero establecer la paz en casa no sin un poco de guerra, y le comento: “querida, encanto, estás cada día más guapa. ¡Ayayayay si la quiero a ella… muuuaakkk!”. “Estás desconocido, ahora sí que te pareces al hombre con el que soñaba cuando me has despertado”, me dice. De esta manera, mi mosqueo va en aumento, hasta el punto de que para no enfadarme en exceso me asegura: “qué tonto es mi chico, pero con quien iba a soñar si no era contigo, con lo feliz que me tienes aunque a veces me tortures, provocador, más que provocador” El caso es que después de esto empiezo a creérmelo, se me enciende una lucecita y me doy cuenta que es el último día del año, que comienzo a sentirme alegre y que tengo el cuerpo de jota, que empiezo a bailar sólo por la casa, y la otra a partirse de risa de las tonterías que hago, que por cierto, es algo que se me da muy bien. Así que recién desayunados le digo a Jimena que “no es bueno que Gabino baile solo”, por lo que pongo un disco de tangos con la voz de Carlitos Gardel. La miro de frente con aire desafiador y como no tengo sombrero ni pañuelo para poner al cuello, ni un clavel en el ojal, lo soluciono colocándome una gorra visera y una bufanda; la voy a agarrar por la cintura, y ella vuelve a reírse de mi. “Si vieras la pinta que tienes con ese atuendo y en pijama…. Voy a mirarme ante el espejo y debo reconocer que ella tiene razón, como casi siempre, por lo que termino de vestirme y finalmente me pongo el abrigo. Como en mi casa no hay secretos, tras preguntarme qué pienso hacer vestido de calle, le digo que “como hoy es fin de año, por una vez a lo largo de 365 días, impondré mi voluntad”. “Pero cariño, ¿cuál es ahora tu voluntad?”, me contesta.
_ Mira que eres pesada, hermosa. De las 24 horas que tiene el día controlas hasta mis sueños, que siempre sueño con los angelitos.
_¿Y desde cuando los ángeles tienen sexo?
_ ¿Queeee?
_ Te has puesto colorado. Tu y yo tenemos que hablar muy seriamente.
_ ¿No te importa que me vaya a dar una vuelta por el Ebro?
_ Con cuidado, pero vete. Mira por donde vas, que el río está muy crecido, y no te vayas a caer… Anda, que me voy contigo.
_ Jimena, que no puede ser, que he quedado con Pedro, un buen médico que tu ya conoces bien, muy buena persona, muy serio y muy formal.
_Si es lo que tu dices te aburrirás mucho, con lo que eres. ¿De qué hablaréis?
_ Pero Jimena, ¿hasta en eso me controlas? Y yo que sé. Del tiempo que hace que no tomamos un vino juntos, de nuestra época más castigadora cuando un servidor no te conocía y … ¡Deja ya de marearme!
_ Gabino, Gabino, que estás un poco irascible, que lo que quiero es que disfrutes. Que ya me contarás a la vuelta…
_ ¡Ya!... No, si el amigo es majo y a veces se siente muy protector. Daremos un paseo hasta el azud y luego volveremos por el puente de Santiago y la Plaza del Pilar, para tomar por allí el aperitivo, unas olivitas y un vasito de vino.
Y Jimena, con mucha ironía, me deja partir no sin antes decir que sí se mostraba convencida de lo que le decía, que si salía con Pedro, como galeno que es, cuidaría de mi salud. Aún tengo la caradura de decirle que “no te preocupes, lo malo de este mozo es de los que te aseguran que en el plato, hay comer sano, cantidad escasa y un par de sorbitos de vino”. Al cerrar la puerta, la cínica de mi mujer (o soy yo el cínico?) suelta una carcajada monumental, que no sólo me llega a mi, sino a los vecinos del primer piso. La realidad es que yo también estoy con bastante guasa, y que ninguno de los dos estábamos engañados. Así que a la calle a hacer mi santa voluntad sin marcaje oficial ¡guaaauuuu!.
Como hacía mucho que no nos veíamos, Pedro y yo poco después nos damos un fuerte abrazo acompañado de buenas palmadas mutuas en la espalda ante las miradas un tanto sospechosas y confundidas de otros especímenes muy masculinos ellos. Que sí, que lo pasamos muy bien por la ribera izquierda del Ebro, que se presenta muy animada: chicas de buen ver corriendo teniendo como testigos a dos viejos verdes, pescadores de barbos, grupos de la tercera edad practicando senderismo, jóvenes parejas haciéndose sus arrumacos, y el río, bien es verdad que bastante y hermosamente crecido. Lo malo de Pedro es que se trata de un hombre con tendencias a recordar en exceso y a veces hay que cortarle casi de raíz para sacarle después sus mejores esencias; que si cuando teníamos menos años y jugábamos al tenis llegamos a batir el récord del mundo de permanencia en pista, con 72 horas, que me pasó por delante mis travesuras de esas fechas cuando todo uniformado de blanco y con chándal blanco, Antonio y yo nos escapamos a la verbena que se celebraba cerca de las pistas y tuvo que venir a buscarnos el entrenador, que si… “Ya vale de recuerdos”, le dije. “Vamos a disfrutar del presente, que lo estamos escribiendo ahora”. El otro me da la razón y como cuando está con ganas hay que atarle corto, olvida su condición de médico y me dice que me lleva a un garito “donde comerás unas morcillas bajas en colesterol y unos callos desgrasados...”. Qué contentico me pongo, que el estómago lo agradece y la salud mental se cura de la represión que producen las privaciones.
Y yo tan alegre, que esta vez ni de vino ni de cervezas nos quedamos cortos, con lo cual llego a casa tan sonriente acompañado del amigo y cantando a dúo eso de “desde Santurce a Bilbao…..! Y Jimena, que tiene el oído fino, nos recibe en la puerta. “Pasad, pasad. Pedro, entra que también estás en tu casa”. Ante tamaña hospitalidad no puedo hacer otra cosa que expandirme con ganas: “Cariño, saca unos vasos y pon aperitivo, que Pedrito y yo venimos con apetito”. Ella, con toda su ironía nos saca “agua sin alcohol” y tomate con cebolla de Fuentes de Ebro. Ante semejante guasa, al final confesamos nuestras fechorías. “¿Así que morcillas sin colesterol y callos desgrasados? Pues me habéis fastidiado, que ya contaba con que la última ronda la acabarías aquí y había preparado unas morcillas por las que tanto lloras todos los días. Tenía preparado el cava en la nevera y para picar unas morcillas para que las tomaseis con vino tinto”. Mi reacción es inmediata, que a veces tengo buenos reflejos, ya que como no íbamos a coincidir con el amigo en la transición de la noche, adelantamos un brindis muy particular y con aire muy festivo: “Que en 2015 haya morcilla para todos”.
MANUEL ESPAÑOL
Dedicado a mi sobrino Javier Hernando Galve
Arturo es un sobrino muy especial. Aún recuerdo cuando tenía poco menos de un añito y yo no paraba de decirle tonterías, bailar zapateados, hacer gestos extraños con las manos, taparme los ojos y hacer como que no le veía. Todo ello no tenía mas que una finalidad: arrancarle una sonrisa, o risa, o lo que sea que pareciese le hacía gracia, que a las palabras de agradecimiento no había llegado todavía: “¿Cómo hacen las vaquitas? Muuuuuuuu”; “¿y los cerditos? Gohgohgoh”; “¿Y los corderitos? Beeeeeee”; “¿Y los perritos? Guau, guau, guau…“¿Por donde ponen los huevos las gallinas?, ¿quién se los come después…? jeje, el tío. A ver, monín, un besito para el tíoooo”. La de tonterías que hice y dije por ese niño y los numeritos que montaba a la luz del sol y de las estrellas por las calles y plazas públicas. Y cuando imitaba malamente al toro y a la vaca poniendo los dedos índices por delante de la cabeza, hasta se ponía a llorar para disgusto de sus padres que a veces, infelices ellos, me encargaban de su custodia. Cómo era Arturito entonces (hoy El Supermaño Genial), que harto de que no me hiciese caso, cuando estábamos solos le daba un corte de mangas y entonces sí le daba por reír. ¡Qué cabrito! ¿A quien se iba pareciendo el niño? Está claro que señalaba hacia una dirección concreta. Desde luego la compañía de su tío Gabino no parecía muy recomendable. ¡Ay….. y siempre haciendo el mono. Listo, en todas épocas de su vida, lo ha sido este chico. Y los animales tienen en él a un ángel protector, si bien a algunos les tiene miedo todavía. Desde que fue adquiriendo uso de razón, en el paisaje urbano no había gatos ni perros que no fueran objeto de sus caricias. Hoy le gustan más las gatas, pero un poco mayores y cariñosas. Guapo chico alto, preferencia de las nenas que le ponen miradas tiernas.
Han pasado más de veinte años desde entonces, desde que empecé a hacer y a decir tonterías delante de él, y si bien eso no se me ha dado mal del todo, (no sé ahora quien de los dos es más gili) fue y continúa siendo igualmente un chico responsable y muy preparado para desarrollar una intensa vida profesional. Lo malo es que trabaja siempre que el “Plan Rajoy” se lo autoriza, lo que le permite igualmente desarrollar sus aficiones, digamos que artísticas y hasta filantrópicas. Es un gran imitador de voces y tiene chispa, hasta el punto de que dadas sus ocurrencias, más de una vez he estado tentado de proponerle formar pareja artística, algo que tampoco tardé demasiado y se lo solté a bocajarro. Mi papel sería el de entrevistador directo y con estilete, y él representaría a nuestras víctimas propiciatorias. De esta manera se podrían sacar a relucir las caras más frívolas y también las más serias y hasta amables de políticos, científicos, intelectuales, futbolistas, toreros y demás gente del famoseo elegante y hasta del que pasa de cama en cama. ¿Ustedes se imaginan al actual presidente del Gobierno en plan gracioso?, ¿a Belén Esteban hablando de literatura? A partir de ya, lanzo en firme mi propuesta: “Buscamos manager para hacer bolos”. Que más vale estar ligeramente locos que exhibir una cara de asco ante lo que alguien llama dosis de realismo, “realismo chiripitiflaútico”, que dice el chico. Sí, sí, Arturo, que haremos nuestro Parlamento y sin miedo escénico, que así se podrán enterar Sus Señorías delo que es bueno con las verdades por delante y sin ningún recato.
“Tío, que sólo soy imitador aficionado por el momento, que no he pensado ser político, que no quiero que se metan con mi familia”, me dice el Supermaño Genial. “Mira a ver si me encuentras un empleo en la radio, que si es necesario me pongo a cantar imitando a Plácido Domingo”…. “No, que los ciudadanos no se merecen tamaño castigo”, le respondo para preguntarle a continuación si sabría hacer una imitación creíble de un enfrentamiento verbal entre don Mariano y Pablo Iglesias, Y él que a veces tiene más sentido común que su tío, me dice: “Capaz, sí. Pero será mejor que cambiemos de tema, que como sigamos de esta manera acabamos los dos esposados camino de le residencia estatal de Manzanares del Real, si bien dicen que ahí hay muy buenos chorizos”.
Le digo que para hacer un cálculo de nuestras posibilidades artísticas, se haga pasar por Rajoy y que para ello llamemos a Telesforo, amigo de mi primo Marcelo, que “como no pasemos con este la prueba –digo todo lo serio que soy capaz-, me da la impresión de que no tenemos mucho futuro”. Arturo acepta el reto sin rechistar:
-Don Teles, soy el presidente del Gobierno, y uno de mis asesores de Moncloa me ha dado su número de teléfono. Quiero saber qué opinan los españoles sobre mi trabajo y…
_ ¿Qué trabajo ha dicho usted?
_ El mío. Mire usted, le repito que soy el presidente del Gobierno y…
_¿Pero usted trabaja?. Si le veo siempre cabreado e insultándose con un tal Sánchez y besándose con una tal Ángela Merkel. ¿A eso le llama trabajar?
_Es que eso que ha dicho, señor Teles…
_No me haga más poca cosa de lo que soy, que me llamo Telesforo.
_Oiga, que lo digo así para ser más cercano y para inspirar mayor confianza.
_Señor Marianico, que prefiero me llame por el primer apellido.
_¿Y cual es?
_Aguirregomozkortaonaindía.
_¿Cómo ha dicho?
_Oiga, que para ser presidente del Gobierno usted no entiende nada.
_Me da la impresión de que no me han puesto con el teléfono correcto.
_Arturo, que a partir de hoy habrá que quitarte el sobrenombre de Supermaño Genial, que te has confundido al marcar, que soy tu padre, que ya no conoces ni a tu papá. A todo esto, ¿qué querías hijo?
_Nada papi, que te quiero, que no le cuentes a nadie esto. Ni a madre, que por si fuera poco me iba a llamar tonto.
Y tras esta frustrada conversación telefónica que nos quita las ganas de ser titiriteros de las palabras, lo que sé es que Paco terminó con estas palabras: “No, si este chico cada día está más majara, y a pasos agigantados se va pareciendo a mi cuñado Gabino. Me da la impresión de que no se hacen buena compañía, aunque ¿quién sabe?, que cuando se les ve juntos no les oigo más que risas. Ja ja ja ja ja ja”.
Joé con el cuñadísimo y… ¡qué tontín fui serviloco de mi al confundirme con el marcaje del número indebido.
“Gabino, que me metes en cada lío… Así, uno tras otro”. Claro que el chico también tiene otros recursos para hacer el mono, que aquí no se acaban las cosas, que aún le recuerdo su reciente estancia en Biescas, donde le llevé con toda la ilusión del mundo. Yo quería que se oxigenase el cuerpo, que apreciase la inmensidad de la naturaleza, esa obra maravillosa incapaz de ser igualada por el ser humano. Vamos, que deseaba compartir con él las maravillas de mi pueblo, él condenado durante buena parte de su existencia a los ambientes más recalcitrantemente urbanitas. “Mira, Arturo, por aquí, por estos campos, robaba la fruta tu tío cuando era niño, por esa cuesta subía siempre con el caballo de la casa, en esa viña nos dedicábamos los amigos a fabricar petardos de nuestra cosecha”. De repente se paró de una forma incomprensible para mi. “¡Quieto, quieto, para…!”, me dijo gritando. “¡Miraaaaaaa!, señalaba al frente con los ojos abiertos como platos. La verdad es que no lejos precisamente, se veían unas vacas con buenos cuernos y bastante largos, pero realmente pacíficas. Traté de tranquilizarle: “Mira, son las vacas que dan leche, y algunas de ellas están preñadas, mientras luego vienen los vaqueros a ordeñarlas y sacarles la leche, sí esa leche que te tomas todos los días en casa directamente del tetrabrik “. “Bueno, lo de la leche ya lo sabía, que viene de las vacas y hasta de las cabras, que tu debes de tomar de esta última, que estás como esos animalitos”. Pero, qué joío el niño, de manera que quiero enseñarle y me toma el pelo de mala forma. Así que como venganza le lancé una pregunta intencionada para intentar hacerme el valiente: “¿Quieres verme ordeñar? Que eso ya lo hice años atrás”. Le dio tal risa que accedió a ello, si bien cuando el animal ya estaba a mi alcance, noté que se ponía nervioso, que le cambiaba el color de la cara, y pálido él no acertó más que una palabra: “¡Tíooooooo”, acompañada de gestos para que me fuera del lugar, cosa que hice no sin antes pasarle a una vaca grande la mano por el lomo. Todo sonriente y tranquilo llegué hasta donde estaba él, y le propuse acercarnos un poco más para sacarle unas fotos junto al rebaño. “Ponte al lado de esta vaquita”, le dije. “No…..”. “Pero si has visto que no hace nada”, le insistí. Y su razonamiento era que “tiene una boca muy grande, y como le de por morder…”
Como no había nada que hacer, decidimos dar la vuelta, si bien antes pasamos por un pueblo muy cercano con corrales de gallinas a la vista. Ese espectáculo le encantó, que los gallináceos más cercanos que había visto hasta el momento, procedían de esas granjas que les llevan a visitar a los niños de los colegios. Eran gallinas enormes y ponedoras, acompañadas de un gallo mayor todavía y elegantemente erguido. “Gabino, mañana me compraré un libro para saber más de las gallinas, para saber qué hace el gallo ante tanta hembra….”. Eso, eso, que me había gustado este último planteamiento. A mi, que me lo expliquen.
MANUEL ESPAÑOL
“Mira que eres cabezudo”, me dice Cuqui, quien añade que “te empeñas en atravesar un muro de ladrillo reforzado con un espesor de un centímetro de cemento a cada lado, y además lo consigues, y no con la fuerza de tu mente”. .Hacía tiempo que no mantenía un… llamémosle, intercambio de ideas disparatadas acompañadas de suaves descalificaciones, con una persona tan querida como mi tía, que sabe muy bien de la chufla que siempre me acompaña y que en el fondo le gusta que le tome el pelo, sabedora de que también tiene mucho de provocadora. Y ella, que me excita con su verborrea agotadora cuando en el fondo soy más inocente que un monaguillo primerizo, no para de reprocharme que no hace demasiados días le quitase el caballo blanco que tanto me gusta, y me fuese alegremente por esos campos bendecidos por Dios y castigados por el diablo. “Ay, qué destalentado eres” , me señalaba con el dedo acusador, mientras me decía que “tu, que eres mi sobrino favorito, algún día me vas a dar un disgusto muy serio, que tu primo Marcelo, quien tanto te admira, ya me lo advertía asustado. Aseguraba que cuando te vio con su mujer en Madrid (todavía vivían en pecado, pues no se habían casado), habías estado hablando con ellos y te reías con el hombre invisible, con la cabra mecánica, con los guerreros de Vietnam, y con las calaveras cantarinas, que cantabas y bailabas sólo unas jotas que luego te jaleaban con aplausos y hasta con alguna moneda. Vamos, que te dedicaste a hacer el oso en la Puerta del Sol”. “¿Y te crees todo lo que dicen de mi?”, le contesté. “Tanto es así que algún día me contarán que has metido la cabeza en el microondas para ver si se te descongelaban esas ideas que aún llevas metidas dentro. Y me lo creeré”. “No te preocupes, que antes haré testamento y mis sesitos serán para ti, que te los comas en su jugo, bien calientes”. Y el diálogo para besugos continuó:
“No sé si reír o llorar, o enfadarme en serio…” me dijo ella".”Pues ríe y piensa que tienes a un sobrino casi tan loco como tu…
TC._ Encima, vienes a mi casa, me quitas el caballo y me insultas…
G._ Vamos por partes y déjame que te explique. Que el caballo me dijiste lo podía considerar mío, que el cuadrúpedo más guapo era para el sobrino más guapo.
TC._ ¿Y tu te crees el más guapo?.
A raíz de esta última cuestión pensé hacia mis adentros que ya la había enredado. “Por supuesto que jamás me lo he creído” le respondí tan mimosín como soy capaz. “Quiero explicarte –le dije- que el otro día vi a “Conquistador” en el campo junto a la cuadra, tan limpio, con un pelo reluciente, con una mirada tan serena y cariñosa, que no pude evitar decirle con unas palabras que él entendió en una rápida comunicación entre nosotros, se arrodilló en el suelo, me subí encima de él, y nos fuimos trotando por los caminos cercanos al pueblo. ¡Qué bien lo pasamos los dos!”. Cuqui, con cara de extrañeza al serle contada mi versión, toda muy seria, me preguntó extrañada si no me había caído. “Al menos -aseguraba con cordura- podías haber puesto la silla de montar”. No, aquél día no me caí, y reconozco que “Conquistador” se había portado maravillosamente y quería compensarle, de tal manera de que ya de vuelta, a la puerta de un bar le solicité al camarero que sacase dos cervezas. “¿Tanta sed tienes?”, me dijo el espabilado de él, y casi de inmediato le contesté que una era para el animal y otra para mi, si bien como soy muy cariñoso y noble con los cuadrúpedos y demás seres vivos ¿irracionales? , jamás se me hubiese ocurrido darle la más mínima gota de alcohol, eso sí, un par de terrones de azúcar me los agradeció con un lengüetazo en toda la cara. ¡Ay la lengua del caballo!, ¡qué besos tan bestias y qué nobles!. Y yo tan feliz.
Con las explicaciones, Cuqui relajaba el semblante, pero no para de preguntar: “¿Y eso de que hablabas con el hombre invisible y la cabra mecánica en Madrid?”. Joé con el Marcelo, que cuando le da por inventar no tiene la menor decencia .Y eso que le va bien la vida, que coincidió en Alemania con una niña muy mona, aprendieron a hacer salchichas “Merkel” y ahora se están forrando. Joé, joé con el tonto que hace tontear, que entre salchichas y salchichas hicieron él y su pareja escala en Madrid para probar suerte en el arte de la comedia popular, que fueron estatuas vivientes, que formaron también como pareja artística “Micky Mouse y Minnie”, que además de la industria cárnica, se montaron en el pueblo un café concierto en el que son las estrellas y donde tratan de hacer tributo a Manolo Escobar e Isabel Pantoja. Menos mal que no le da por tocar la trompeta, instrumento que aprendió de las enseñanzas de una tribu de nómadas.
“Que Marcelo no miente, Gabino. Cuenta, cuenta…”. Y claro tuve que decirle que de lo que se trataba era de poner en marcha un experimento periodístico. ¿Qué me podían explicar los invisibles desde su punto de vista? Si les di la oportunidad de que se expresaran, y algunos hablaron hasta del Gobierno, y no para bien precisamente. Uno de los invisibles me contó que cuando había recepciones al Cuerpo Diplomático en el Palacio Real, así como a otros jefes de Estado, se ponía a saludar con la mano, “pero al ser invisible no me ponían cara”, dijo Paquitín. Y la cabra mecánica era divertidísima con su dentadura que suena a castañuelas. Y anda, los guerreros de Vietnam, con cara de estar dispuestos a darte un susto. Que las declaraciones de todos estos personajes me las reservo para otro día en el que esté tan pirado como hoy.
Tan distendida estaba finalmente tía Cuqui, que no se le ocurrió otra cosa que decir con esa sonrisa suya tan contagiosa eso de “ay mi sobrino favorito, tan chiquitín y tan majo él. Y no me metas la cabeza en el microondas, no me asustes, que cuando te pones eres tan tremendo que no hay quien te iguale. Que estás más loco que la cabra mecánica”. “Y tu?”, le contesté. “Yo, más todavía”. Las carcajadas fueron tan sonoras que aún suenan sus ecos por el entorno. En medio de unos abrazos tan sinceramente hermosos, quedó firmada la paz de esta manera, había que preparar un menú especial para la ocasión. Y como en uno de esos saludos matinales que nos hacemos todos los días aunque sea a través del teléfono ya le había solicitado un cordero lechal asado con patatas panadera, la muy cuca lo tenía preparado para poner al horno. EL marmitako también estaba casi a punto, y olía…. Faltaba el cava para brindar por los que necesitan pasarlo bien ante la dureza de la vida, y una mezcla de recuerdos tristes, pero también celebrar con auténticos deseos de amor por la existencia. Como por una de esas extrañezas de la vida no se disponía en casa de ese vino espumoso tan especial, decidimos sustituirlo por un vermú casero, del que algún día pienso hacerme con la fórmula. No, en esta ocasión no apareció el endocrino, con quien he quedado para hacernos un homenaje privado y sin testigos, que él también es algo pecador y sabe proponérselo.
Y ahora un traguito por los amigos que no han podido venir, glub, glub, y adentro. Este es para ti, Cuqui, pues este otro es para ti, Gabino. ¿Y para tío Tan? Otro. Somos tan generosos que nos acordamos de toda la familia, de los amigos, hasta de las intenciones del Gobierno. ¿He dicho Gobierno? No…., que por ellos no brindamos, que antes de eso pasaremos por el Congreso, Senado y Parlamentos de las Comunidades Autónomas, a dejarles buenas dosis de oxitocina, que las necesitan más que nosotros. Que hasta que Pedro Sánchez y Soraya Sáenz de Santamaría no se miren tiernamente a los ojos, no pararemos. Y en eso, mi tía aunque conservadora, piensa igual que yo.
“Cuqui, ¿bailamos?”. “Pero qué dices sobrino. ¿Estás loco?”. “Menos que tu, tía”. “Pues nada, que suene un rock”, decimos a dúo.
MANUEL ESPAÑOL