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Mundo mágico

CELESTINO Y CON ENCEFALOGRAMA PLANO

CELESTINO Y CON ENCEFALOGRAMA PLANO

Las ideas se agotan, que si ahora fuese a hacerme un tac de la cabeza, me saldría algo así como “encefalograma plano”. Y eso que desde hace demasiadas horas vengo dándole vueltas a la cabeza pensando cómo meterme en el interior de un simulador espacial. Estoy convencido que me hallo agotado mentalmente. Podría llamar a una amiga que trabaja científicamente para la NASA, a ver si me espabila, pero la puñetera de Martina, que aún me odia (no del todo hasta la intolerancia) desde un día hace ya bastante tiempo, piensa que fui el causante del plante que le dio el infeliz de Rigoberto por llevármelo de juerga un día en que había quedado él con ella, y mujer de carácter, es capaz de dormirme y embarcarme en un cohete de verdad que me lleve a la luna lunera cascabelera a que me pudra sin selenitas monas, que me han dicho que allí, nada de nada. Le cuento a Jimena mis desvariadas intenciones y mis temores, y ella ya acostumbrada a mi falta de proyectos serios, me dice que si fuese a la luna, una vez tras haberme estudiado a fondo, pensarían que los terrícolas estamos todos pirados. Que si quiero meterme en un simulador, que no maree a la pobre Martina, que aún espera la llegada de “su Rigo”, del que está enamorada, “eso a pesar de que un senador americano y que quiere ser presidente, le está tirando los tejos. Ella, fiel”. Así que aparco el tema de mis locuras espaciales, que veo que el asunto toma una vereda muy seria, de la que puedo quedar mal parado, ya que pienso para mis adentros que nuestra amiga es tonta, que lo hice por el bien de ella; pero ¿cómo le digo que fue el propio Rigoberto el que me pidió el favor de salir para darle el esquinazo a ella, que estaba muy decidido, que no había quien le hiciera dar marcha atrás “porque es demasiado bellezón e inteligente para mi y me da miedo no dar la talla” me confesó el día de autos. Aún recuerdo que entonces le dije que “haces el imbécil, que se trata de una chica muy especial, imposible encontrar otra así. Si se consuma tu marcha atrás, te vas a acordar toda la vida”. La verdad es que a mi amigo, con quien hablo frecuentemente a través de ese Skype traidor que delata hasta las arrugas. le veo irremediablemente abocado hacia el celibato “legal” sin remedio, y bien tristón que está el pobrete, porque con ese ánimo no se puede ir a ningún lado. Me da pena. Así que se me está ocurriendo una treta endiablada, que me puede hacer triunfar o hundirme del todo. Como en el fondo no soy malo y además tengo ciertos aires de inocentón, le digo a Jimena eso de “mi vida, que por una vez tengo que hablar contigo en serio”. A la otra le da por reír y preguntarme si “¿aún estás seguro de querer probar el simulador? A mi, que no me gusta soltar una palabra más alta que otra, le digo algo alterado que “soy un fracasado en los juegos del amor, que si alguna vez he querido hacer de celestino lo he hecho rematadamente mal y encima he salido trasquilado, tal y como me ocurrió con ese encuentro frustrado”. Mi medio limón, que por una vez también ha dejado aparcada su guasa pero no su dulzura expresiva, me acaricia el descapotable que tengo por cabeza y asegura que “nosotros, que les metimos en canción, debemos pensar algo. Tu hablas frecuentemente con Rigoberto, y yo con Martina, a ver si les hacemos coincidir unas fechas por estos entornos y provocamos que se crucen de nuevo sus miradas. Hay que planificarlo bien y tu no debes salirte del tiesto”. Le contesto que “tu tampoco”, y ya está liada de nuevo la situación. Pero las aguas revueltas y turbias se tornan plácidas y limpias nuevamente. Resultado: realizaremos las llamadas oportunas.

Al cabo de un rato nos hemos reunido de nuevo para dar cuenta de las gestiones. La cita está arreglada y el encuentro lo veo posible, pero lo que ignoran estos candidatos a amantes, es la plena coincidencia. Por él no habido problema, y por ella, que le ha dicho a Jimena que “esos días debo de darle una respuesta al senador americano y que aspira a presidente, pero como todavía me acuerdo del tonto de Rigoberto, que fuiste tu y tu amante bandido quienes nos presentasteis. ¡Ay, que creo estar enamorada como entonces! y le voy a decir que no. Además es del Partido Republicano”. La ingeniera de la NASA pues, asegura que sigue siendo muy española y apasionada, y le ha dicho a su amiga eso de “que le den morcilla al presuntuoso de Robert, que me vuelvo a mi país para estar con vosotros durante los días que hagan falta, que no le odio a Gabino, simplemente que con su comportamiento de entonces fue un idiota”. Y con la mejor de mis sonrisas y tras la indiscreción de mi escuchete, que sólo he oído lo de “idiota”, me froto las manos y pienso que el encuentro puede hacer que el “Día H” sea grande, y me pongo a cantar la canción de Serrat con ese “hoy puede ser un gran día, plantéatelo así…”
No han caído demasiadas hojas del calendario, diría que menos de una semana. A Martina le hemos citado a las 13.00 en casa, y un servidor de ustedes y de Cristo Bendito ha ido a buscar a “Rigo” a esa hora a la estación del AVE. Y a cada uno por su lado hemos preparado para una nueva representación amorosa. Rigoberto se quiere lanzar en tromba en los brazos de su deseada amada, pero ésta se reprime, le frena y le da un ósculo a cada lado de la cara. El tontorrón de él se le queda mirando con cara de bobo y le pregunta el por qué de tanta frialdad y la respuesta de ella no se hace esperar: “Aún te estaba esperando desde aquél día”, con lo cual mi amigo se queda parado y no se le ocurre decir otra cosa que “perdona, que estaba enamorado de ti y sigo igual. Lo que ocurre es que te veía tan superior a mi, que te tenía miedo”- Ella pone a trabajar intensamente su gesticulación con unos ojos especialmente expresivos, y como no quiere enredar más la situación le abraza intensamente y la pareja se funde en un besazo con aspiración. Jimena y yo les imitamos, y a continuación, felices y contentos les enseñamos su alojamiento: la habitación nuestra, “perfectamente insonorizada, que nosotros nos vamos a la de huéspedes y nos pondremos tapones para mayor comodidad de ellos. Por la expresión de los inmediatos amantes, es que ¡deseaban tanto compartir lecho!, y eso que ya son maduritos. ¡Ay pareja de adolescentes…! Imagino ahora que lo del simulador espacial lo tendré mas a mi alcance.

MANUEL ESPAÑOL

UN CORREDOR DE BOLSA EN LA LUNA

UN CORREDOR DE BOLSA EN LA LUNA

 

“Gabino, muévete. ¿Qué haces ahí en la luna quieto y con la mirada perdida?” “Pensar en ti, pesada”, le contesto en tono burlón a Jimena. No, si entiendo la ironía, que me he comprometido a bajar el papel, los plásticos y los cristales a los cubos de la basura, después iniciar mi jornada de corredor de bolsa (sí, de tienda en tienda), hacer mis 8 kilómetros diarios de caminata, escaquearme diez minutos para tomarme por ahí una caña de cerveza con su tapita (eso me lo callo), acudir al banco para dar liquidez a las finanzas cotidianas, hacer la comida a base de arroz con  pescado y pimientos rellenos de morcilla, terminar de leer el “María Sabina El carro de heno”(Camilo José Cela), escribir algún relato que tenga que ver con el absurdo. ¡Buufff, me falta tiempo y talento! y todavía no me he levantado de la cama. “Que sí, hermosa, que haré todo. ¿Qué dices que falta de mi cuenta de intenciones? Ah, sí, renovar el carnet de conducir haciendo el correspondiente reconocimiento médico. Que sí, que no te preocupes, que haré todo”. No sé cómo fui tan tonto de inventarme ayer “El Día del Boy Activo”, es decir, yo, comprometido a realizar todas una serie de tareas, incluidas las de la casa, así como a aceptar las  sugerencias de la superioridad. Verdaderamente se lo dije el día anterior a ver si era capaz de arrancarle una sonrisa, que la pobriña, que es muy buena y dulce, se hallaba muy preocupada, y lo que soltó fue una prolongada carcajada añadida con auténtica guasa con la consigna “…y no te olvides de arreglar el grifo de la cocina” (con las manazas que tengo). Me pregunta que si estoy loco. “Sí, mi amor, por ti, que no a causa de ti”.  Y hoy me tengo que escuchar eso de “con que hagas la mitad de lo que te propusiste ayer….”

Así que me he levantado de un brinco, y por eso de la foto  que deberé llevar en el carnet de conducir, coqueto de mi, me he entregado a fondo a las tareas del baño y aseo, con ducha incluida y cantando el  aria de Fígaro del “Barbero de Sevilla”, y todo eso después de leer el periódico entero, que es lo primero que hago. Que sí, que sí, que el humor por encima de todo, pero  que mi vicio después de tantos años no permite que me prive de la actualidad, y parece que tardo demasiado, por lo que muy pronto vienen las risitas de que “no llegas, que no llegas….” Y empiezo a ponerme nervioso. Comienzo a pensar que mis propósitos han sido altamente descabellados y en contra de mi natura,  por lo que puede que acabe arrepentido. Así que salga el sol por donde salga, muy pronto estoy en la calle dispuesto a comerme el mundo local, no sin antes hacer mi chica un añadido de última hora cuando estoy a punto de salir: “con los zapatos sucios no puedes ir por ahí”. Como me he comprometido a aceptar todas las “sugerencias”, me callo, sonrío y tras un beso cariñoso cierro la puerta de casa. “¡Pero los zapatos….!” Me doy cuenta que no estoy tan mal y comienza todo un periplo por imperativo ¿legal?

Por supuesto que “nervios fuera” y a sonreír, que “la vida es hermosa”, que “al mal tiempo buena cara”. Por supuesto que ahora no soy ya ese chico que está en la luna con la mirada perdida, que vuelvo a mi curiosidad habitual, a disfrutar de las vistas que se me ofrecen de forma natural, y como soy hombre, dice Jimena que no puedo hacer dos cosas a la vez. En esas estoy cuando sin darme cuenta  me para un viejo e impertinente amigo poniéndome la palma de la mano en la frente,  por lo que mi cara se pone de auténtico susto, y como no sé decir nunca que no, el resultado de media hora perdida y un tercer café añadido y abrazo incluido. ¡Qué cinismo! Pero siempre a reír, que es mejor. Voy a la frutería y hago la compra con rapidez y saltándome la fila para pagar ante unas personas muy comprensibles, después me acerco al “súper” a por vino de origen Somontano, que no debe faltar jamás en la mesa de casa, pescado congelado (nunca fresco por eso del anisakis). Termino de hacer la compra en diversos establecimientos, vuelvo a casa a dejar la mercancía, pero antes me encuentro con Miguel, el cantante y poeta de los elementos absurdos, que me quiere cantar la última. “Que no, que no, Michel, que voy con mucha prisa, que no llego”, pero se pone tan pesado que le pido que sea breve, que como decía Gracián, “lo bué, si bre, dos veces bué”. Y ni Baltasar Gracián, ni nada: diez minutos menos. Y llego a casa y a Jimena la encuentro con una buena amiga a la que apenas saludo, por lo que me voy a la renovación del carnet; cuando me preparo para  pagar me encuentro con que he dejado e dinero junto a la compra. Se apiadan de mi, me dicen que sea bueno y que vuelva a la tarde con la cantidad estipulada, bien yo o quien designe este pirado que soy, y que no tiene tiempo para nada. Eso sí, que la cocina es sagrada y hay que hacerla con paciencia, y como me he dejado los ingredientes preparados, lo he pasado bomba (arroz bomba) y no ha salido nada mal. Está claro que  no he podido hacer mis ocho kilómetros diarios, que a Camilo José Cela lo he dejado para otro rato, como llevo haciendo no recuerdo cuanto tiempo. Antes de empezar a escribir ha preguntado mi Jimena: “¿Cuántas cosas te has dejado de hacer?”. Mi respuesta: “Calla simpática” .  Termina diciendo con sus carcajadas habituales, eso de “date prisa, que tienes que hacer la cena, después fregar y a continuación reparar el grifo”. Recuerda que tu decretaste eso del “Día del Boy Activo”. Está claro que lo suprimiré.

 

MANUEL ESPAÑOL

LA TIA CUQUI ME QUIERE SECUESTRAR

LA TIA CUQUI ME QUIERE SECUESTRAR

Estoy preocupado. Hace demasiados días que no sé nada de la tía Cuqui. Dos semanas que estuve con ella discutiendo de política, y lógicamente no nos poníamos de acuerdo, que si hubiésemos llegado a un consenso, ¿de qué íbamos a discutir y a lanzarnos tan punzantes dardos cargados de ironía y de humor como en nosotros es habitual? No, que con ella no correrá jamás la sangre, solo la ternura, pero es una provocadora que a veces sabe sacarme de mis casillas. Tampoco hemos hablado por teléfono durante este tiempo, y así no hay manera de enterarse bien de los chismorreos del pueblo, de las andanzas no muy ortodoxas del don Casto el cura (me han dicho que ha cambiado de casera), de la última borrachera de Perico, de la cabra que se le había perdido a Anastasia. ¡Ay Anastasia, que el problema lo tienes como yo, en el cerebro, que estamos como cabras! Me pregunto si se sabrá algo más de Florencio, el del gallinero, sí aquel cuyo padre, y de ello hace ya muchos años, se dedicaba a enviar cartas en blanco, solo por el placer de poner sellos en el sobre con la jeta de Franco y pegarlos envenenados con su propia saliva y aplicando fuertes puñetazos.

Quizás ese espacio, digamos que en blanco, ha sido a causa del fuerte trabajo que he realizado últimamente, que no me ha dado tiempo ni de llamar, aunque claro, a ella tampoco. ¡Qué mujer sin igual, que siempre me dice que no sabe si es mi hermana mayor o mi tía más joven! Así que con la excusa de las elecciones municipales, decido marcar su número: “Tita, que soy tu Gabino. Qué hace mucho no hablamos”. La primera frase: “Ay gamberro mío, cómo te echo de menos, ingrato. Bueno, que servidora ha estado muy ocupada pensando en mi candidatura”. “Ay Dios mío –le digo yo-, ¿qué te has presentado a alcaldesa? Te lo tenías muy callado…”. Y ante mi respuesta acompañada por una sonora carcajada, me dice: “¿De qué te ríes, destalentado? ¿te crees que estoy tonta y que no valgo más que una Botella?” Claro que no me atrevo a toserle y luego es ella la que me dice: “si no me llegas a llamar tu, estaba yo a punto de echar mano del teléfono. Gabino, tienes que venir urgentemente a verme. Ha venido un tío de no sé donde, que pretende escribir las memorias de este lugar, y empieza a preguntarme unas cosas….”. Ella me preocupa con esta noticia y ante mis temores expresados de que sea un elemento peligroso, me dice que “no, que es muy pesado y no parece malo del todo. Así que he pensado que tu, que eres muy listo y tienes imaginación para todo podrías venir a estar dos días conmigo y así me lo quitarías de encima. Después ya verás los asados que te voy a preparar con el ternasco que me ha regalado el Pepote. Y tengo unos vinos….” ¿Traigo a Jimena?”, le pregunto. “Pero estás tonto o qué te pasa? ¿Es que quieres privarte de un buen festín, que como tu dices es medicina para el equilibrio mental?”. “Bueno, no te preocupes tita, que cojo el cepillo de dientes y un pijama y salgo hacia el pueblo.”
Cuelgo y le llamo a una Jimena, que pocas veces entra en casa, y le digo que la tía, a la que ella adora sin reservas, que eso sí es verdad, me necesita para hacer unos trabajos durante un par de días. “Ay Gabino, que por tu tía lo que haga falta –me dice-, pero me da la impresión de que vosotros dos os entendéis demasiado bien. Anda, anda, tráeme algo de allí. Pero tu, ojito con lo que comes!... ¡Ah!, y diviértete, porque lo que tu trabajar… Anda. que buen secuestro te ha preparado” Pues vaya fama que me ha puesto la parienta, aunque lo diga con mucha guasa. 
Una hora y pico después me planto en la puerta de su casa y es don Augusto el boticario quien me sale a recibir y quien con un dedo en su boca me ordena callar, que “Cuqui está atendiendo a un historiador muy bien vestido con traje y pajarita”. No he podido evitar la risa y ella sale muy indignada y en voz baja me señala que “esta vez sí que has sido inoportuno al presentarte aquí. Resulta que a este hombre no le interesa las leyendas en torno a este pueblo, que lo que quería es… Creo que estaba a punto de declarárseme”… De repente me ha dado un ataque de celos, y muy acalorado y temiéndome inmediatamente después una mayúscula tomadura de pelo, entro en el interior de su despacho gritando con aspecto de enfado: “¿dónde está el historiador de las narices”. Descorro las cortinas, y ni historiador ni nada, y don Augusto y mi tía sin poder resistir tanta guasa. “No te enfades sobrino querido, que esto lo he hecho para que disfrutaras de la paz del pueblo, y de alguno de esos guisos que a ti tanto te gustan. “¿Y el ternasco que me ibas a preparar? Aquí no huelo a nada” le contesto ya con una sonrisa irónica. Ella, que a veces me gana en cuanto a ironía, me señala que “todavía se halla en el corral y lo primero que vamos a hacer es matarlo, tú, por supuesto. Después lo cocinaremos.” Y así han empezado dos días que no sé cómo terminarán. Por lo pronto he visto debajo de la mesa una caja de botellas de Gran Reserva del Somontano, y me entero que ha sido don Augusto quien las ha traído de Barbastro. Presiento un secuestro muy feliz. Pero si soy yo quien ha de matar al animalico, me declaro vegetariano.

MANUEL ESPAÑOL

SETENTA AÑOS CON MUCHA GUASA

SETENTA AÑOS CON MUCHA GUASA

“¡Que te estás haciendo viejo, chaval”, me dice el “cabrito” de un primo mío a las 8 de la mañana después de haberme acostado a las 2.30 haciendo un poco el indio. Así que le digo: “Vete a….”, además de otras lindezas, y cuelgo con ademanes de fastidio. A esas horas, se puede comprender que no estoy para demasiadas bromas, que hasta Jimena, más despejada que yo me dice que “has hecho muy bien”, y se ha dado media vuelta para seguir roncando. Ella a dormir y yo a pensar qué demonios le ha ocurrido al tonto de Pepón, por lo que me incorporo sin hacer ruido, me siento sobre la cama y abro los ojos como platos. Al cabo de un rato me doy cuenta del alcance real de lo sucedido. “bueno, no tan cabrito, no tan cabrito” pienso. De repente me entra la neura y me pongo a gritar: “¡Jimena, Jimena, que me han caído los 70!”. Y ella con una serie de carcajadas nada discretas no reacciona mal del todo y me dice que “no te lo creas, que pareces un niño de 20”, con lo cual mi enfado se enfría y doy comienzo al buen humor ante una compañera que sabía que el enfado al final me iba a sentar bien, pero se queda atónita al verme actuar… Llamo a Pepón y le digo que si se había dormido, que espabile, que “no estoy tan viejo como dices tu, carcamal, que mi chica me ha dicho que parezco un jovencito tirando a niño con edad de 20”. Respuesta del pariente: “Sí, pero de edad mental, que de lo otro no puedes presumir. Bueno, primo, un beso y mil felicidades”. Y acaba de pronunciar esta frase sentenciadora con teóricos aires de buenos deseos y corta bruscamente la comunicación. ¿Qué habrá querido decir con lo de niño con edad de 20?. Y me quedo pensando en voz alta, y por más que pienso, no sé de que no puedo presumir. Ella, que tiene el oído muy fino se ha enterado de la conversación y no ha parado de reír por lo menos en diez minutos. “Y le has llamado cabrito”, dice entre risitas. En plena guasa conyugal, los vecinos de al lado, que pensaba habían aguantado más que nosotros y creyendo yo que no se han acostado en toda la noche, se han levantado y ponen pared con pared su equipo musical a todo volumen, mientras que una orquesta de jazz entona rítmicamente eso de “cumpleaños feliz”. Así que alegremente me pongo a bailar y a gritar cínicamente que: “vosotros poned la musiqueta esa todo lo que queráis, que para nosotros ha comenzado ya la fiesta y a partir de ahora vais a saber lo que es no dormir”, por lo que pongo a todo volumen el disco de los Tambores de Calanda durante cinco minutos, con rompida incluida, que así se llama el romper la hora. Al momento pasan los vecinos con una botella que creía de cava, y menos mal que nosotros estábamos tapados. Me dan un abrazo y como no me ven con cara de alcohólico se invitan a desayunar con nosotros. Y así la fiesta del día toma su pulso normal. He contabilizado entre móvil y fijo algo así como veintitantas llamadas, algunas del pueblo, así como de familiares y amigos, 125 felicitaciones a través de Facebook, con lo que el anecdotario del día crece. Si por una vez me pongo serio y feliz, os diré que mi prima hermana Marina se reservó el martes pasado una foto que le había hecho en su guardería su hija Nina, y que hoy ha publicado en el “caralibro” a modo de felicitación. Sí, soy un setentón muy feliz, Me sonríe la vida y hago firmes propósitos de mantener la sonrisa…..

Mientras hablaba hace un instante de la sonrisa, me ha llamado el primo Pepón y me ha vuelto a decir eso de que “estás viejo chaval”. Cuando he intentado contestarle adecuadamente, me ha comentado “qué poco sentido del humor que tienes. ¿Me preparas algo en casa jovenzuelo?” Y encima se invita. Si será…. Anda indio gorrón, pasa.

MANUEL ESPAÑOL

 

TU ESTÁS LOCO, CHAVAL

TU ESTÁS LOCO, CHAVAL

 No lo puedo evitar. Este sábado me caen los primeros 70, estoy jubilado, gozo de una salud aceptable que incluye el ejercicio del deporte en general y el montañismo en particular. Soy feliz con la lectura, la música, el cine, teatro, y mi pasión por emborronar de locuras las hojas en blanco no tiene límites. Pero me falta tiempo, que me gustarían días de… digamos, de 48 horas. Para colmo creo que me he portado mal con Gabino, al que no le dejo expresarse libremente y al que siempre le impongo mis criterios. ¡Ay Gabino, lo siento! Hoy dejas de ser mi alter ego y dejas de ser protagonista por espacio de 24 horas, mientras que un servidor, el jefe Manolo pasa a apropiarse debidamente de tus chaladuras. ¡Ay compañero inseparable!, perdona que me ponga en plan jefe, y posiblemente un poco dictadorzuelo. Te di vida y por una vez te suplanto y hasta me atribuyo el amor que sientes por Jimena. Alguien pensará que este veterano quiere presumir de joven y que cree que para él no existe el declive. El declive sólo está en la mente de uno, aunque haya impedimentos físicos que poco a poco se manifiestan con toda su mala intención y que hacen reflexionar, aunque como estoy en plan de loco surrealista, no demasiado. ¡Qué más da…! Donde haya humor e ingenio, algo tremendamente difícil y por lo que peleo día a día, habrá juventud, alegría. ¡Oiga, don Tristán!, que ya sé que soy un español iluso (Españoles y Lusos, uníos), pero no trate de quitarme el sentido del humor, que es lo último que se debe perder y es obligado mantener por lo menos hasta el último suspiro; no trate de quitarme mi gusto por las mujeres, por mis amigas que tanto y tan sinceramente me alegran la vida (no se piquen los chicos que también me dan su amistad). ¡Que no, que no, don Tristán!, que si trata de arrebatarme la sonrisa me pondré serio y con el gesto adusto puedo ser muy peligroso. De mayor me gustaría ser como mi tío Tan, que me gana a beber vino y me dice unas cosas en broma que no me atrevo a publicarlas por escrito, pero que me hacen soltar unas carcajadas… Algún día en secreto puede que os las cuente. No, no, don, que no hablo de sexo. Joé, que en este puñetero país tienen más delito los escandalizados que los teóricamente escandalizadores. No es malo lo que se dice, pero sí lo que se pretende escuchar. Claro que esto último es cosa de viejos, y yo soy un chico joven que ama la vida con suma intensidad. ¿Qué sería de mi sin mis brujitas buenas que noche tras noche acarician mi mente?, ¿qué sería de mi sin meterme de vez en cuando con el Gobierno? ¡Viva la libertad de expresión!, que cada uno diga lo que piensa, pero que no hiera los sentimientos más intimistas de las personas con opiniones cargadas de mentiras. “Tío, que te estás poniendo viejo y pesado” dicen mis sobrinos cuando me pongo serio y quiero dar cancha a la voz de la experiencia, algo que no sirve de mucho si es que se toman las cosas con un mal interpretado rigor. Estoy en el ordenador, miro en el caralibro y me encuentro con un mensaje privado de Ignacio Español, desde Ferrol, en el que me dice que ya me puedo preparar para este sábado, que me la va a organizar gorda, mientras que Pablo desde Varsovia me anuncia algunas de sus caricaturas. ¡Qué feliz me siento!, que hasta Jimena me dice en estos momentos eso de “tu estás loco, chaval”. ¡Huy lo que se me está ocurriendo, chavala!. Brujitas hermosas y bruxos bonachones, os pido que por lo menos seáis tan felices como yo en estos momentos. Os invito a vivir intensamente también en los próximos 70 años. ¡Viva la fraternidad, la igualdad y la libertad, vivan el amor y las ilusiones!”. Cada día me dais parte de vuestro corazón y creo que ya me puedo llamar “el as de corazones”

MANUEL ESPAÑOL

 

DESPERTAR MÁGICO CON SABOR FRANCÉS

DESPERTAR MÁGICO CON SABOR FRANCÉS

 Los despertares sin música siempre han sido muy duros de digerir, especialmente si van precedidos de pesadillas. Pero es curioso que después de diez días de estancia por la embrujada Selva Negra de Alemania al acorde de los sones de las músicas de aire alpino, todavía mantengo sueños mágicos con París, que como bien dijo Enrique IV para acceder al trono de Francia, “París bien vale una misa”. Que sí, que era muy listo el que fuera monarca navarro, y del protestantismo se convirtió al catolicismo. Hoy prefiero guiarme por mi mundo onírico y bañarme de ese “charme” (encanto), de bailes apaches, de danzas desgarradas que tienen mucho que ver con el tango, de esa “chanson” que con su picardía me atrae con la fuerza del más poderoso imán. Soy como un Ulises que no podía resistirse al canto de las sirenas en su vuelta a Itaca mientras Penélope tejía y destejía. Esta mañana me he acordado y participado en sueños de los momentos alegres de mi padre (fallecido en 1975) cuando cantaba esas canciones con intérpretes tan especiales como Rina Ketty, Juliette Greco, Edith Piaff, y hasta de Yves Montand, y …. Curioso, que he salido de casa tarareando “Bajo los cielos de París”, y al cabo del rato de vagar en una más de esas caminatas diarias que ponen a prueba mi loca imaginación, me encuentro con un venerable de blanca barba, ojos pequeños pero alegres que le bailan, y una expresión risueña, que con su acordeón produce efectos mágicos lanzando al aire las notas de “La canción del pobre Juan”. No lo puedo evitar y me quedo ahí a escuchar con la mejor de mis sonrisas para terminar depositando unas monedas en su sombrero, que él me agradece con un sonoro “merci monsieur” (gracias señor). Me digo, “y además es francés. Mon Dieu”. Como no me marcho inicia los acordes de “A París” y parece que al verme abrir la boca, muy educadamente para hacerme callar se pone a cantar esa maravilla que me sigue poniendo los vellos como escarpias y que inmortalizó Montand. ¡Mon Dieu! Mientras, desvío la atención hacia el interior de la cafetería del al lado y veo arrullarse a una pareja. Hermoso. Tras entregarle nuevas monedas, el hombre me dice que se llama Robert, e iniciamos una conversación en la que me cuenta anécdotas de su vida de cuando cantaba y tocaba por los bares de la capital gala, cuando acompañaba a cantantes conocidas. La invito a un café. “Tengo alma de vagabundo” me dice en un correcto español con un simpático acento galo sureño. Sonríe, es feliz. Me asegura que dentro de unos días volverá a Toulouse, donde reside con su compañera de media vida. Cuando me dice esto mi excitación alcanza grados máximos, aviva los recuerdos tan imborrables que viví en dicha ciudad a la que viajé por primera vez a la edad de los cinco años, y en donde tengo una familia muy allegada. La felicidad alcanza un grado, diría que máximo, cuando le cuento que mi tío José tenía un bar y restaurante llamado “El Maño”, y que estaba ubicado en la Rue Trois Pelliers. “Enfrente y en esa calle he tocado yo”, me cuenta. “Conocí a su tío en sus últimos tiempos y era un hombre muy generoso. ¡Cuántos cafés me habré tomado allí!”. Ya no puedo más de alegría, me pongo a aplaudir locamente ante a cara de extrañeza del camarero. Así que le digo al empleado que “este señor, ahí donde lo tiene con su aspecto, es un gran artista, un músico sensacional que a veces viene disfrazado para cantar y tocar en las plazas públicas, y de paso pone el platillo de las monedas”. Ante la cara de extrañeza del empleado le comento a mi nuevo amigo: “¿Sería usted capaz de traernos un trocito de esa Francia picarona y amorosa que conoce como nadie?”. Él sonríe con su aire bohemio y me dice “voilá”, y magistralmente empieza a hacer soñar al improvisado auditorio. “Non je ne regrette rien”, “A París”, “Himno de amor”, “Una vida de amor”, “Milord” , suenan con más fuerza que nunca. Ha llegado la hora de los grandes aplausos y es el propio barman quien le pide que ponga el platillo por delante, y Robert se emociona ante un público generosamente entregado, y con visiblemente feliz asegura que “este es uno de los mayores éxitos de mi vida. Vale más el calor humano que el dinero, pero gracias a ustedes podré volver a Toulouse”. “Robert, ¿puede tocar una canción más?”, le comento y él, para delirio mío se arranca con “La bohéme”. Un favor le pido por último: “Toque en la plaza del Capitol, vaya al Puente de los Catalanes sobre el Garona, y lance al agua este clavel rojo que le entrego con sabor español, en recuerdo de los primeros compatriotas que debieron de emigrar a hacer los trabajos más duros. Uno de ellos, ese puente y los adoquinados próximos”.

MANUEL ESPAÑOL

 

“AMIGO LABORDETA – RECUERDOS DE + DE 80 COMPAÑEROS DE VIAJE”

“AMIGO LABORDETA – RECUERDOS DE + DE 80 COMPAÑEROS DE VIAJE”

 

 Hoy me encuentro a 3.254 metros del suelo y no me hallo en la cima de ningún picacho del Pirineo. Me diréis que estoy muy loquillo, y más si os comento que a pesar de ello piso por el algodón de una nube de sueños a la vez que paseo por las orillas del Ebro a su paso por Zaragoza. Ya me explicaréis cómo puede ser, porque yo no lo entiendo tampoco. Sí, me gusta esta nube de la que no quiero bajar y que me transporta por un mundo mágico, emocionante, sensible. Me acosté pensando en el mundo de ideales y de lirismo de José Antonio Labordeta y por mi mente pasaban con rapidez y ensueño uno tras otro de sus poemas, y las imágenes se sucedían dando paso a una sonrisa dulce y a la vez exaltada con la fuerza explosiva de los ideales por los que siempre había luchado más allá de su último suspiro: ideales de amor, siempre de amor a su tierra, a sus gentes, al sentimiento a favor del deprimido, de las causas justas sin necesidad de fronteras, de música muy aragonesa con las puertas abiertas hacia la justicia. Sí, ese era mi profe por un día, él cargado de juventud y sabiduría y diez años mayor que este loco surrealista empeñado en ser el eterno aprendiz de ser humano.

 Un día, en las instalaciones del Colegio Santo Tomás de Aquino, de la calle Buen Pastor, en plena época franquista, José Antonio tuvo que sustituir al profesor de Historia y comenzó por pasar lista a una clase como la nuestra, en la que había algún desvergonzado que otro, por lo que cuando pronunció el nombre de “Miranda”, el mentado contestó: “¡comunista!”, ante el silencio sepulcral de los que éramos sus compañeros. No, no hubo bronca, que vino a decir algo así como “calla, calla, que no es el momento”. Y volvieron las sonrisas. Luego, con la caída de las hojas del calendario a lo largo de los años, se convirtió en uno de los maestros de mi vida, de esos que cubren de humanismo el armazón humano.

“¡Eh, Gabino, baja de la nube, que te vas a estrellar!”, oigo que me grita el fantasma de mi asqueroso Pepito Grillo. Y yo, que no sé si por la edad o por qué soy algo duro de oído, no entiendo lo que dice y sigo en la nube. Para qué bajar si soy feliz… Salgo muy pronto de casa y ya me acerco a los puentes de ese río que guarda silencio al pasar por el Pilar, y aunque el día es muy caluroso se me hinchan los pulmones de oxígeno y aparecen las visiones mágicas acompañadas de los suspiros de mi garganta con el “Canto a la Libertad”, “Somos”, “Albada”, “Aragón”… cantados con la vehemencia de la que soy capaz, y como decimos en esta tierra tan especial, a grito pelado. No me faltan oyentes ni hasta algún irónico aplauso que otro que no logra sacarme de ese mundo onírico en el que me hallo tan inmerso.

Voy a contaros un secreto. Hoy es un día muy especial para mi, un jornalero de las letras desde hace… ¡Buuff, que me da vergüenza decir cuantos años! Dejémoslo en un interrogante, que a veces resulta bueno ser dueño de los silencios de uno mismo. Se presenta en el Aula Magna del Paraninfo de la Universidad de Zaragoza el libro “Amigo Labordeta – Recuerdos de + de 80 compañeros de viaje”. Iniciativa del editor oscense Lorenzo Lascorz, que tan amablemente me invitó a escribir mis propios sentimientos en torno a José Antonio Labordeta. Todo un lujo para mi, entre los que se encuentran autores como Eloy Fernández Clemente, Alfonso Guerra, Luis de Grandes,  Luis Alegre, Alfredo Pérez Rubalcaba, Paco Ibáñez, Luis Pastor, José Luis Rodríguez Zapatero, María José Hernández, Pilar Bardem, La Ronda de Boltaña, Pepa Fernández, José Luis Cano (autor de la portada), Miguel Ríos, Antón Castro, Mariano Gistain. Subo las escaleras de la Plaza Paraíso y me encuentro con gente maravillosa, entro en el Aula y tengo como compañero de asiento a Roberto Serrano (Orquestina Fabirol). Al momento aparece María José Hernández en todo su esplendor, que triunfa como autora y como cantante que ha puesto música y grabado un hermoso disco titulado “Las uvas dulces”, con poemas del propio Labordeta. Pero el momento es álgido cuando hace su entrada la viuda de José Antonio, Juana de Grandes, con un inmenso poder de comunicación. Así, uno tras otro, se respiran espacios cargados de un ambiente cálido y de emoción. En esta presentación-homenaje llega para mi uno de los instantes más hermosos de la sesión, cuando Tomás Bosque, un cantautor histórico de Teruel, nos emociona con el “Canto a la Libertad” en catalán. Sí, este Canto debería sonar en muchos idiomas, como un himno de hermandad. Suenan en diversos momentos los acordes de las músicas de uno de los personajes más queridos y admirados de esta tierra llamada Aragón, y me atrevería a decir también que de este país nuestro todavía llamado España.

No, Pepito Grillo, no me hables más de que si estoy en la nube, que si me voy a estrellar… Yo de aquí, no me voy.

 

MANUEL ESPAÑOL

HISTORIA DE AMOR EN LOS BOSQUES DE VIENA

HISTORIA DE AMOR EN LOS BOSQUES DE VIENA

Todo alrededor de mi cabeza daba vueltas, giraba y giraba, y parecía un carrusel de feria de luces fugaces. Ninguna imagen se me quedaba fija. Me sentía seducido por ¿uno?, ¿dos?, ¿tres?, o miles de torbellinos inquietos y de formas confusas en  fracciones de segundos. Y lloraba y reía casi a la vez, de entusiasmo, hasta que de pronto se hizo la luz y me encontré en un bosque vienés donde los duendes y duendecillas bailaban, daban saltos rítmicos con expresiones embriagadoras y felices, y arrasaban con su magia produciendo bellos encantamientos de amor acompañados del “Cascanueces” de Tchaikovski. No sé si soñaba despierto o dormido o me hallaba en una plenitud imaginativa en la que nada es verdad ni mentira, pero nadie me quitará que en esos momentos, en esas horas o días en los que perdí la noción del tiempo, un gesto, una sonrisa, una mirada, unas voces salidas de fuera de este planeta o de las profundidades de la tierra que me ascendían hacia un mundo fantástico y alegre, no había otra persona más felizmente seducida por la sinrazón. ¿Había pasado de una vida a otra y me hallaba en el Paraíso? No sentía la gravedad y pensaba que estaba en el éter, alejado de cualquier tipo de contaminación. La vida, una vida extraña pero hermosamente preñada de un halo de misterio, invitaba a dejarme llevar con una expresión risueña y plácida por senderos sin definir pero que ayudaban a contemplar estampas creo que imposibles de soñar. Vi mi imagen reflejada en un lago de agua cristalina rodeado un verdor espléndido y de flores de formas caprichosas e inimaginables. Mientras tanto, los más amables y a la vez misteriosos personajes de los bosques de Viena se me habían acercado con sus rostros felices y siguiendo al compás de la música me hacían gestos de saludo, volvían a bailar, seguían con sus ademanes invitadores a unirme de ellos. Estaba entusiasmado y hasta con una sola pierna y la otra cruzada a la altura de la rodilla, me dispuse a flotar en forma de danza por ese éter tan aparentemente irreal que permitía sentirme como nunca me había ocurrido. Dos de las duendecillas me tomaron de las manos y una vez enlazado con el resto de tan fantásticos seres formamos una cadena muy alegre hasta que tras un recorrido de danza y carreras acompasadas, llegamos a una casa de una planta, aparentemente modesta pero realmente bella y con un poder de atracción ante el que era imposible resistirse. Mientras sonaba la parte álgida del “Lago de los cisnes” y yo miraba a unos y a otros, sin darme cuenta me quedé sólo ante la puerta, mientras que detrás mis traviesos personajes que tanto me habían calado, se quedaron con expresión risueña formando un abierto semicírculo e invitándome insistentemente a entrar en lo que luego me pareció un palacio silvestre. La música paró y el viento comenzó a silbar un sonido inquietante. Me volví y los duendes tan risueños ya estaba callados y con los gestos nerviosos me decían que entrase de una vez. No quise defraudarles y casi sin tocar la puerta se abrió. Una luz azul de brillo intenso se apoderó de la estancia e iluminó la figura de la princesa del Bosque, Campanela, ataviada con una suave y pequeña gasa blanca que la hacían más hermosa. Así que en medio de una escena radiante, ya en plena naturaleza, el bosque se hizo de una fantasía desbordante con una Campanela sonriente que recibía a un sorprendido  príncipe azul. Estaba claro que en esta ocasión Cupido había contado con los duendes y algunos leñadores como cómplices, por lo que las flechas sentenciaron a la nueva pareja. Pronto comenzó a sonar “El Danubio azul”, y Campanela y Gabino comenzaron a girar, y girar más  y más intensamente que nunca uno hubiese podido imaginar. Y de repente comencé a ver las estrellas, y no pudiendo aguantar más el fuerte ritmo que me  imponía la princesa, caí al suelo conmocionado cuando ya me había ganado el beso del amor. Fue un amargo despertar tras haber vivido y saboreado un dulce maravilloso. No he dicho que yo, Gabino, desperté cuando me hallaba durmiendo la siesta debajo de un pino y me cayó en la cabeza una piña del mismo. Y para acabar tan cursi como en tantas narraciones, “colorín colorado este cuento se ha acabado”.

 

MANUEL ESPAÑOL