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Mundo mágico

Hora bruja

LA RONDA DE LOS COCHES DE LUJO

LA RONDA DE LOS COCHES DE LUJO

“Mecachis la mar salada, que como soy de Bilbao, como está mandao que mañana os invito a una bacanal a base de ternero o ternera a la brasa, que igual me da. Y además lo regaremos con un vino tinto riojano, de esos de categoría”. Eso me decía el amigo Josean en el transcurso de un almuerzo aragonés a base de magras con tomate y pagado a “escote” entre los seis que estábamos despidiendo el verano. Uno, que es muy de la tierra, sugeríque el vino fuese del Somontano, y el otro me llamó animal, además de exclamar toda una serie de improperios variados hacia mi persona. Y no sólo se mantuvo en su propuesta inicial, sino que para mayor órdago, aseguró que además que “como postre, aportaré pasteles elaborados en mi tierra, que son los mejores del mundo. Y para chulo yo, que brindaremos con agua de Bilbao”.

Uno, que estaba en minoría a pesar de hallarse en su tierra (dos vascos, tres catalanes y un aragonés) hizo un alarde de paciencia, pero no pudo resistirse ante tanta bravuconada, y decidió unir fuerzas con los catalanes y aquello pareció una torre de Babel o una complicada partida de mus. Así que me dio por reír y sacar a relucir mi ironía, a veces poco dosificada: “¡Pero qué chulo, el Josean este. Debes estar algo beodo para lanzar el órdago. ¿Estás seguro de lo que has dicho?”, a lo que me respondió: “¿es que dudas de mi palabra, maño? Que sepas que un bilbaíno cumple siempre todo lo que dice”. Mientras, por lo bajo el catalán Lluis, me dice con asentimiento gestual por parte sus paisanos: “Gabino, no seas tonto y no destroces esta juerga, lo que hay que hacer es picarle con el otro vasco, Mikel, y a ver quien pone más. ¿No es verdad, Pep y Artur?” “Nada, nada, que está muy claro, déjales que cumplan sus faroles, alimenten su ego, que eso a nosotros nos beneficia en esta época de crisis económica”. Naturalmente les di la razón, no sin antes peguntar que “ahora que estamoa cuatro contra dos, ¿no podíamos hacer fuerza para beber vino del Somontano?”. La respuesta estaba clara. Me miraron los tres amigos catalanes a la vez, y Artur (no Mas) con el asentimiento de Lluis y Pep, fue rotundo: “Estos aragoneses si son como Gabino, cada vez me parecen más cabezudos. Que ya sabes el refrán castellano de “más vale pájaro en mano que ciento volando”. Esta gente se me apoderaba dialécticamente, por lo que decidí echar el resto: “Oye, Mikel, que tu no has abierto la boca mas que para comer, no te parece que Josean ha hecho una propuesta que te supera?”. Mikel: “¿Será por dinero? Si este es de los más pobres de Bilbao. ¿Os acordáis cuando estuvimos juntos todos en la Plaza Indautxu? Bueno, ¿recordáis también un concesionario de coches de diferentes modelos de Jaguar, todos ellos de lujo?. Os quedasteis acoquinados. Pues ahora os invito a los cinco a viajar al Bocho, entramos en la tienda y nos llevamos uno cada uno. Y no me rechistéis nadie, que esta es mi ronda y paga un servidor”. 

MANUEL ESPAÑOL

LA VENGANZA DE GABINO

LA VENGANZA DE GABINO

 

Son las ocho de la mañana y las Fiestas de Biescas continúan. Los últimos noctámbulos inician el retorno a sus casas al amanecer, sin haber eliminado del todo los vapores inspirados por el dios Baco. Los encargados de las tareas de limpieza recogen los restos que han acumulado jóvenes y no tan jóvenes desde que los primeros rayos de Helios relevan al día anterior. Montañas de vasos de plástico, de botellas de cristal, de deshechos humanos, son engullidos por maquinas y camiones, para dar paso a las mangueras que a presión sueltan el agua y limpian las calles. Algunos, los que pueden, se echan a correr para no ser mojados. Y otros, a quienes no se les han acabado las ganas de juerga, comprometen a los limpiadores con eso de “la manga riega, aquí no llega“, con lo que se establecen unas carreras muy divertidas que a algunos les despejan del todo, como si estuviesen recién salidos de la ducha. A esas horas, servidor de ustedes y de Cristo Bendito, tras robarle horas al sueño, ya esta en la calle dispuesto a iniciar la excursión diaria, eso si, con la bota de vino tinto del Somontano llena y el bocadillo de tortilla con chorizo a la espalda. Me encuentro con un grupo de jóvenes que han debido pasar unas horas muy agitadas, que marchan con pasos titubeantes, y que con palabras firmes me gritan: “Eh, tu, el de la bota, que es acto de caridad dar de beber al sediento“. Les contesto que les invito a tomar todos los cafés que quieran, pero bien cargaditos, que llevan buena moña. Me dicen que eso me lo recordaran a las tantas de la tarde, que no es bueno cometer excesos a esas horas. A lo lejos escucho unas voces desarmonizadas que cantan eso de que “el vino que tiene Asunción ni es tinto ni claro,, nitiene color. Asuncion, Asuncion, echale vino al porrón ... “. Así que trato de acelerarme para ir a tomar un cafe al bar de unos amigos, que no se si ha cerrado en toda la noche o es ahora cuando comienza la jornada. Por el camino me encuentro con Pepón un amiguete en estado borrachín, que agarrado a una farola, me grita que no me acerque a él, que allí donde se encuentra la tierra tiembla, y si se escapa propagará un terremoto que nos aguará las fiestas, que eso está muy feo. Como mi amigo es un hombre cabal que solo cae víctima de los vapores etílicos en los días festivos del pueblo, trato de hacerle volver a la realidad, pero no hay manera. Trato de ganármelo soltando algunas de mis tonterías, y no se me ocurre decirle otra cosa, que acabo de desconectar el alumbrado publico, que el peligro ha pasado. Como en el fondo este infeliz se cree todo, se suelta de la farola y se cae al suelo. Logro levantarle a base de mucho esfuerzo, y hago como que me pongo serio obligándole a mover las piernas aunque se apoye en mi. Al final consigo llevarle a su domicilio, toco el timbre y sale su hermana Matilde en camisón corto y con cara de pocos amigos. “¿Que le ha pasado a Pepón?, ¿que has hecho con él?, me dice asustada y de mal genio; vamos, como si yo tuviese la culpa. Le dejo ahí como puedo, y a las pocas horas me entero de que en casa del amigo se había organizado una gorda entre hermanos, pues resulta que ella había ligado con un senegalés que estaba en las habitaciones interiores, y todo en esa casa eran despropósitos. Vamos, que por intentar una buena obra con un buen amigo, cabreo a todo el mundo. Si seré cenizo... Ya se sabe, que como reza uno e los versos iniciales de Miguel de Cervantes en El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha? “No te metas en dibú ni en saber vidas ajé, que lo que no va ni vié, pasar de largo es cordú“. Visto lo visto, espero asimilar las palabras de don Miguel, si bien es que mi cabeza da tantas vueltas...
Llevo taal cantidad de paradas matinales, que cada vez que pienso en la marcha del caminante, improviso con mayor rapidez los atajos, que luego, si llego tarde, Jimena se desespera y llama hasta a la Guardia Civil con su flota de helicópteros para que me localice. De esta manera pongo en marcha toda mi capacidad de recursos, y si he pensado en llegar a mi domicilio a las 14.30 horas, cada vez queda menos y no he podido pasar de casi dos horas de saludos y charradas que decimos en Aragón. Nada, que haré lo que pueda sin preocuparme, que lo bueno está en disfrutar con autenticidad. Y la excursión andariega por las montañas, para otro día en el que no haya fiestas.
Sigo por el casco urbano, me encuentro con Merceditas, algo menos veterana que yo, pero que esta de muy buen ver, que se mira en el espejo de un escaparate de la calle Esperanza, y se retoca las pestañas y los labios sin advertir mi presencia, dada la cara de sueño que presenta. Se halla muy cariñosa y cuando se da cuenta, se me abraza y me pide que le acompañe a su casa. Y uno que no sabe decir que no, lo hace y me invita a entrar. Me pongo nervioso poniendo en marcha mi mente a veces retorcida y hasta calenturienta, y no se me ocurre otra cosa que decirle la gran alergia que tengo hacia los gatos, que como ella tiene dos me da miedo que la visita no me produzca una reacción. “Pues tu te lo pierdes _me dice_ que como un día me dijiste que era el mejor manjar, hace tiempo que tengo la ilusión de pepararte un par de huevos fritos con puntillas acompañados de patatas fritas y chorizo. Lo siento, pero lo primero es la salud, y ya vendrá el dia en que os lleve a casa una docena de huevos de corral que le gustan tanto a tu mujer“. Si, se me queda una cara de gili...
Con la cabeza gacha tras la ocasión perdida, vuelvo al centro y veo a Miguel dispuesto a abrir las puertas de su establecimiento para poder trabajar en el interior, que muy sonriente me dice lo de Buenos Días. Josefina se encuentra en su bar poniendo en marcha la maquina de café, mientras en la cocina se empiezan a preparar las tortillas tan variadas que ofrecerá después. Finalmente, mientras por mi cabeza y mi estomago todavía ronda el festín gastronómico al que me había invitado Merceditas, me dirijo al bar-café de Ramón, que presenta unos aromas que alimentan. ¡Caramba! ¿Y a quien me encuentro? No me lo esperaba: a Jimena, que ha acudido con unas amigas a desayunar lo que por mi bien no me permite. Me pregunta qué hago a esas horas en el lugar, y le cuento lo de Pepón, que me he encontrado con Merceditas, que unos resaqueros querían quitarme el vino. “¿Y no has comido nada desde entonces? me contesta. Pobrecito, tendrás apetito... Bueno, pues ahora te tomas un café solo, te dedicas a caminar el tiempo que te queda hasta la hora de comer, almuerzas antes el bocadillo de tortilla con chorizo y bebes del vino que te he puesto, pero no todo“. Uno que es sumiso se toma su situación a broma y se va por el camino que pasa por el camposanto y que desde el cruce de subida hacia el camping, conducirá luego a Gavin. El caso es que al pasar por el sendero de desvío, me encuentro tendidos en el suelo a tres jóvenes pasados de alcohol, que no parecen respirar. Me escondo tras unos arbustos, comienzo a agitar las hojas y como la imitación de los sonidos de especies del mundo animal no se me dan mal del todo, hago como los lobos con sus aullidos desesperados. Rápidamente los infelices despiertan y salen de estampida del lugar, como víctimas de una pesadilla. Pobrecillos, ellos han sido los paganos de una venganza que no merecían. Me río, y luego me digo a mi mismo? “Gabino, que cabrito que eres“.

MANUEL ESPAÑOL

TIA CUQUI ME SALVA AL TROTE

TIA CUQUI ME SALVA AL TROTE

Dibujo: PABLO ESPAÑOL SANGORRÍN


Mis aventuras deportivo-rurales tienen mucha guasa, pero guasa añadida en grado superlativo, si se desarrolla por el entorno de Biescas, y además decide tía Cuqui meterse de por medio, algo que me encanta, y más desde que mandó a don Casto a freír churros. Así, aprovechando que Jimena se ha desplazado a la ciudad tan solo por dos días, decido ir a su casa, que es ahí donde hago la vida cuando estoy solo en el pueblo, a fin de hablar de lo divino y de lo humano, es decir, del Rajoy de turno, de la multiplicidad de opositores, que si Pablusky Iglesias está más mono o no con el pelo recogido en forma de coleta, y en la facha que tendría si el hombre fuese a la peluquería a hacerse un repaso apuradillo, o se afeitase la cabeza, que todo puede ser, aunque en este ultimo caso le asomarían las ideas. Vamos, lo mismo que si se les viesen a los demás sus pensamientos… Oiga, que ni afirmo ni desmiento, que a veces lo mío es hablar por hablar, y cada uno hace lo que puede y sabe.
El caso es que, como tengo la llave de la casa de la tita, decido entrar sin llamar. Y allí, en su habitación cercana a la cuadra, me la encuentro a medio vestir y con los pololos sin poner. Me dice que no se halla visible, que no sea majadero, y me larga con cajas destempladas hacia el mueble bar, donde también se encuentra la despensa. No parece que se halle en su mejor momento anímico, pero no me enfado, que como los dos tenemos muy buen carácter (a veces) y somos generosos, hay siempre confianza y cariño. Me dice medio a gritos que para cenar ha preparado un bacalao ajoarriero al estilo montañés, que tanto me gusta, pero que no se me ocurra ni tocarlo, que me sirva todo lo que quiera, salvo eso. Y entre bocado y bocado de chorizo y jamón regado con un tinto riquísimo del Somontano de Barbastro, me entretengo mientras ella canta al estilo latino eso de “caballo, caballo viejo y cansao“, y de esta manera hasta que llega con un aspecto mas presentable y nos sentamos a platicar, palabra esta ultima que me gusta y que emplea muy a menudo mi amigo Julio Cesar Bermudez.
Debo decir que Cuqui y yo, cuando hablamos de política no coincidimos en nada, que ella se cree todo lo que dice el Gobierno y yo, cero, si bien estoy mayormente de acuerdo con aquellos que dicen sentirse de la oposición, a pesar que debo reconocer que tampoco me gustan. Es que, como mal menor me veo obligado a tomar partido para discutir, y hay que decir A o Z. Y si en algún momento nos mostramos convergentes, pensamos que algo raro sucede, y eso tampoco nos place mucho. De esta manera se va caldeando el ambiente hasta que ella me dice que como no he conocido la guerra, no sé nada de la vida de nuestros antepasados. Es cuando me echo a reír, actitud mía que no parece encajar con agrado, por lo que me dice eso de desustanciado, que si estoy loco, que si soy un loco surrealista, y es cuando le digo la consabida frase de “y tu más“. Mientras, le pongo en su tocadiscos, el “Bamboleo“ interpretado por Julito Iglesias, que no Pablo Iglesias. De este modo nos ponemos a bailar en un estilo no muy ortodoxo con pisotones incluidos, salpicado de múltiples carcajadas. Tras la cena y las copas que tanto nos gustan, nos da por decir una tontería tras otra. Lo único serio que me cuenta entre copa y copa, y dudo que esté en sus cabales, es que al día siguiente se dedicará a montar a su viejo caballo blanco percherón, con el que volará por las sendas de Arratiecho. Si, que no me confundo, que a su equino asegura le han aparecido alas en un complejo proceso de transformación. ¡Ay madre, que borrachera....¡
Por fin amanece, que no es poco, y servidor de ustedes y de Cristo bendito, también decide entrar en el juego y adelantarse convenientemente en la excursión a pie, porque debo reconocer que no dispongo de un caballo blanco alado. De este modo me adentro por el parque y recorrer la senda que sube hacia la carretera de Gavin. Una vez que la cruzo comienzo a disfrutar de un paisaje muy singular, pasando por un caminito rodeado de pinos, escuchando los trinos de los pájaros, el sonido acariciador del agua, veo ardillas y hasta una inofensiva culebra que se asusta al verme con los bastones en punta preparados y en posición de prevengan. Por fin, completo el primer tramo de la caminata, que acaba en la denominada Caseta de las Brujas. Decido sentarme a fin de beber agua y echar un bocado, y es precisamente cuando me doy cuenta que he olvidado de la mochila. Pero no pasa nada, que el bacalao ajoarriero de la cena anterior me dejó llenas las reservas de las necesidades alimentarias, que si quiero beber, allí al lado tengo un riachuelo con agua cristalina y fría, que me produce una sensación deliciosa.
No sé que me ocurre, pero de repente tengo la sensación de que el sol ha desaparecido y ha dado paso a una noche estrellada. Verdaderamente me encuentro en medio de un mundo plácido y onírico poblado por duendecillas, duendes y brujitas buenas que me envuelven con sus danzas. Suena la marcha nupcial de Mendelson, y pareciéndome revivir en el “Sueño de una noche de verano“, una ninfa bella, seductora, muy especial, me toma de la mano y me hace participar con ella en un baile mágico. Me dice que se llama Jimena, que viene a rescatarme de la manipulación a la que me han sometido las brujitas, ninfas y duendecillas, y el susto que me doy es mayúsculo. ¡Vaya bronca interna que me llevo cuando me doy cuenta de que es la Jimena autentica, aunque algo disfrazadilla, y me parece sensacionalmente guapa y escultural! No puedo evitar decir eso de “¡Ay Jimena, Jimenita de mi alma, Jimenaza de mis sueños“... Y el sueño ha tenido mucho de erótico, por lo que el despertar ha sido muy amargo. En ese momento, cuando el sol esta mas fuerte y castiga y estoy más amodorrado, oigo el sonido de un trotar y al alimón la voz de Cuqui, que habla con su caballo viejo y cansado, y desde luego sin alas, eso si, con un par de alforjas. “Ay Gabino, que tonto eres, que si no fuese por tu tía no acababas la excursión y casi te hubieses muerto de hambre. Toma tu mochila. Por cierto, te he encontrado demasiado cerca. Algo te ha sucedido.
_Tia, no me ha pasado nada, que lo único es que me he sentado y relajado tanto que he dormido y he soñado…”.
_¿Conmigo?
_No, con Jimena,
_Y......
_Y te lo contaré otro día, que aún tengo dormido el habla y las ideas.

Entonces, tía descabalga y ayuda al sobrino a montar en el caballo viejo y cansado, que no parece este muy contento con la carga de dos animales, dicen que racionales. Hacemos una parada, nos apeamos y no se me ocurre mejor cosa que darle al equino cuatro terrones de azúcar que porto en la mochila, a ver si repone fuerzas el pobre. La tía se asusta y asegura que se trata de una dosis excesiva, pero cede. El caso es que volvemos a montar los dos y el caballo se pone a un trote alegre que nos hace muy felices, conmigo algo más espabilado. Así, hasta que nos cruzamos con una yegua coqueta y provocadora que excita a este “Roncinante“ rejuvenecido y endulzado, que a base de impulsos nos lanza con viento fresco fuera de su esqueleto, eso si, con mucho cuidado, pero con prisas. Y Cuqui y yo, resignados y sin rasguños, nos dedicamos a contemplar el show. No se, pero visto lo visto, creo que siempre llevaré terrones de azúcar en los bolsillos, por si acaso.
¡Ay caballo, caballo viejo y cansao...¡

MANUEL ESPAÑOL

EN LAS RETINAS DE MIS OJOS

EN LAS RETINAS DE MIS OJOS

 

No sé si la cabeza me da vueltas, tampoco sé si estoy mareado, o simplemente, que no me encuentro en mis cabales, algo tan normal en mi... Puedo llorar y reír en cuestión de un breve espacio de tiempo. La mente es a veces tan variable y el estado de ánimo tan cambiante, que hasta es posible que dentro de cuatro horas no sepa hacia donde voy, ni cómo he llegado al momento presente. Está muy claro que valoro con la máxima intensidad lo que se puede dar en el ser humano sensible, la imaginación  y el sentido del humor, que para mí la inteligencia absoluta y la memoria no van a la zaga, pero que interiormente son conceptos esencialmente básicos, aunque no vitales. Era impresionante la imaginación de Julio Verne y de Leonardo da Vinci, quienes sentaron bases  y dieron alas a tantos y tantos científicos que hicieron evolucionar al mundo sorprendentemente. El humor, lejos de los sentires frívolos, ayuda a resolver problemas a veces irreversibles. Una simple sonrisa puede cambiar los signos de una discusión. En realidad, todo lo descrito hasta ahora se puede transmitir si se tienen ánimos comunicativos. Pero hay temas que se graban tan profundamente, sea en la edad que se tenga, que tan solo quedan y se sienten inexplicablemente, con exclusividad en las retinas de cada uno. Es un solo instante para toda tu vida, sin más testigos que tus retinas transmisoras a tu propio interior y no tienen que ser forzosamente momentos claves, serios y trascendentales en la historia de tu vida

 Algunos de esos instantes los cuentas muchos años después y nadie te cree, y serás hasta motivo e risa por parte del prójimo. Lo entiendo perfectamente, que si intento transmitir uno de esos casos, puede ser motivo de chanza. Como soy en potencia un provocador nato, os contare que cuando todavía era un bebe de pocos meses, sentí que me quedaba solo en la cuna, que de frente tenía una ventana que daba a un pasillo por el que pasaban muchas personas y como se me apodero el miedo, para llamar la atención,  llore en plan desagradable y a pleno pulmón, lo que supuse era un rato inacabable. Puedo tener imaginación, que no lo dude nadie, pero fue un momento que llevo grabado en la mente desde hace muchos, demasiados años, y que me vuelve al primer plano frecuentemente. Hoy me da vergüenza hacerlo público, pero espero también que haya alguien que lo entienda y hasta me crea. Y lo de reír lo entiendo muy bien, que uno de mis sobrinos tiene una inteligencia especialmente alta, y que cuando le da por entrar en estados de regresión, el muy comediante me hace soltar la carcajada especialmente si  dice acordarse del día en que nació. No sé si lo hace por tomarme el pelo el muy guason, o que lo dice de verdad. Si, de esta manera a veces establecemos diálogos para besugos de tierra, mar y aire,  de lo mas divertidos, tanto, que parecemos saltar por encima de los Cerros de Úbeda.

 Igualmente diré, y con ello no descubro nada, que el mundo onírico está cargado de surrealismo, pero que no deja de formar una parte muy vinculante a tu propia vida, que si no resulta chispeante y jocoso, si que puede resultar dulce y hasta entrañable provocando buenas dosis de emoción. Este fue el caso de un sueño que no creo llegue a olvidarse jamás, en el que yo era el único testigo, risueño y además feliz, y los protagonistas eran mi padre y mi sobrino Pablo. Ellos nunca se conocieron físicamente, hasta que llegaron a juntarse dentro de una unión comunicativa total, en una casa con aires familiares, con puerta de entrada a la calle y otra puerta posterior que daba directamente a un mar intensamente iluminado. Pablo Manuel y Pablo Manuel (ambos tenían el mismo nombre) se abrazaban y besaban y el nieto le decía al abuelo: Yayo, vamos a jugar juntos. Todavía se me ponen los vellos como escarpias al recordar esos momentos tan indescriptiblemente hermosos, y que han quedad grabados con una fuerza amatoria imposible de borrar, que queda también en la trastienda de mis retinas, que no son otra cosa que el disco duro de los propios sentimientos.

Por si fuera poco, y puesto a hacer una especie de confesión onírica, os diré que igualmente permanecerá en un primer plano mío interior, el día que soñé con mi propio fallecimiento. Ni mucho menos lo recuerdo con tristeza, ya que hay veces en las que cierro los ojos y trato de repetir imágenes sin formas concretas. Salía de mi propio cuerpo e inmediatamente me vi flotando dentro de un mar de estrellas, sobre el que volaba a mi antojo, en las direcciones que quería. Y carente de cualquier tipo de carga y sin tener sensación alguna de ejercicio físico ni de dolores. Así hasta que me sucedió lo que creí era un despertar, sin haber regresado a mi lecho. Pise suelo, y como seguía flotando, no cese hasta el despertar con la sonrisa en la boca.

 Lo que si puedo asegurar es que actualmente estoy encantado con la vida. Soy de los que siempre dice que la vida es bella y que tiene magia, que con humor y mucho amor es, sencillamente, maravillosa. De aquí a otros 70 años os invito a ser testigos de mis continuas tonterías.

 MANUEL ESPAÑOL 

 

MAS ALLÁ DE LAS ESTRELLAS

MAS ALLÁ DE LAS ESTRELLAS

No sé que tiene la noche que con su visión enigmática, fascina y envuelve y también arrastra. Es tiempo de ver las estrellas, es tiempo especial para excitar imaginación, para soñar con los ojos abiertos y también cerrados, es tiempo para navegar por un mundo imaginativo hecho a la medida de tu sentir en torno a tus propios satélites que orbitan por la propia cabeza, hasta penetrar e instalarse en el interior más profundo, a veces cargado de pesadillas. Es la libertad que tienes para romper las cadenas a las que te sientes anclado y que a veces te desesperan. Me viene a la mente el impresionante y deprimente “Grito” de Edvard Munch, invadido por los virus destructores del ser humano que te hacen caer en los abismos más infernales. Es ese el canto a la locura mayormente depresiva en la que me niego a caer. Creo y quiero solidaridad humana autentica, y no la caridad “lavaconciencias”. A partir de ahí confieso que soy un enamorado del amor y del humor. Que el amor siempre estará presente en mi persona, que si siento la necesidad del buen humor y sé transmitirlo y contagio alguna sonrisa, habré dado un buen paso adelante. Esa es la dirección que deseo fervientemente y en la que me encuentro feliz. Y como algo loco sí que estoy, no me importa que me llamen el “loco surrealista”.
Así que ya vale de mostrarme con una seriedad que no va conmigo (¿O si?) *y con la que he querido hacer acto confesional, un poco “sin pasarme”. Dejemos atrás la tristeza y de esta manera, con la mejor de mis sonrisas, abro la puerta y salgo al balcón de mi nido montañés a fin de contemplar el firmamento cargado de estrellas y de espíritus libres; también, a ver pasar a mis personajes haciendome la burla con su mano derecha puesta en la nariz, o emitiendo sonidos guturales, que con cierta ligereza llamamos pedorretas. Me dicen que se van de juerga, que no sea tonto, que me llevan a un mundo sorprendente, de brujitas buenas, de caballos voladores, trapecistas, payasos, leones bondadosos, duendes… y espacios donde no se conocen los armamentos ni las banderas divisoras, ni las fronteras inventadas por el ser humano. Y ni corto ni perezoso, me dejo un zapato que me recuerde la necesidad de volver, y me agarro de las manos de las componentes del Club de las Gatas Locas, de todos los hombres invisibles que hay en el entorno de la Puerta del Sol, de Madrid. Así hasta que llega Francisco Franco, mejor dicho, uno de sus imitadores físicos, que me hace poner cara de pánico hasta que me sale al rescate la novia del metro, si, aquella que iba vestida de blanco en el suburbano y con gafas de sol para disimular, que me tomó el pelo todo lo que quiso, y que como cantó Brasens y compartió Javier Krahe, me hizo quedar como un gilipollas en el Parque del Retiro. Y aparecen Pino, Marya, Blanca, Sara, Teresa, Carmen, Silvia, Elena, Ana, Elvira, Marivi... si mis brujitas encantadoras que todos los días me inyectan con sus soplos inspiradores una motivación que tan solo es posible a través de su saber hacer como musas revoltosas que son. Es cuando suena música con aires circenses inspirados en la imaginación tan mágicamente surrealista como la de Federico Fellini. Nos unimos todos en una cadena cerrada que dibuja formas libres, alegres, disparatadas y con coreografía no exenta de ciertos aires con ingredientes libertarios, a la que se unen además personajes como Marcelo Mastroianni, Sofía Loren, Vittorio de Sica y Claudia Cardinale en sus momentos mayormente espléndidos..... ¡Vaya baile tan especial que nadie desea tenga fin!, que se desarrolla bajo la carpa circense con la estanquera de ”Ocho y medio!, que está que se sale de su vestido, acompañada de los ragazzos faltones y cargados de guasa, que no se resisten de forma divertida a montarse en la noria, en los carruseles. Sí, estoy en un mundo mágico tan solo apto para las personas que encuentran entre las estrellas su capacidad soñadora e imaginativa. Cundo la música alcanza su momento trepidante, me encuentro frente a frente con una escotada Sofia Loren, que me invita a bailar apretaditos los dos bajo el hechizo del cielo estrellado. Y claro, empiezo a cojear y a hacer la risa. Es cuando me doy cuenta de que me falta un zapato en el pie derecho, y noto que las luces se van apagando, que las gatas locas y mis brujitas no sé si me dicen hasta luego cuando me depositan en el mismo balcón desde el que ahora siento mis mejores sonrisas. “Ha sido todo un sueño”, me dice en imbécil de Pepito Grillo, siepre tan inoportuno. No digo que no, pero puedo asegurar que soñar dormido o despierto también es vivir con intensidad, como con frecuencia me sucede. Que no le falte a nadie la imaginación, las ganas de reír, el sentido del humor, la generosidad de la existencia, ni la nobleza necesaria para mirar siempre de frente al prójimo comprometedor sin necesidad de bajar la vista.

MANUEL ESPAÑOL

SE FUGA DEL MUSEO DEL PRADO Y APARECE EN BIESCAS

SE FUGA DEL MUSEO DEL PRADO Y APARECE EN BIESCAS

Parecía la figura escapada de un lienzo de El Greco, en el Museo del Prado, pero no llevaba vestido de santo, ni compañía piadosa. Se estaba poniendo un atardecer sobrecogedor a la salida de Biescas direccion Gavin, en una cuesta camino de la montaña. Su silueta estirada contrastaba especialmente ante el reflejo del sol. En un alarde de facultades físicas reforzadas por mi curiosidad innata, pronto di alcance a este extraño que miraba al cielo, observaba el vuelo de los buitres, de las diversas especies de pájaros, la agilidad de las ardillas, escuchaba los conciertos de unas aves difíciles y hasta misteriosas. Alto, muy delgado, perilla con aire quijotesco, habían pasado... no se, demasiados años desde que le vi por ultima vez. El se llama Perico, y cuando me di cuenta de su identidad, sentí una alegría muy especial. Me contó que trabajaba como director técnico en una sociedad científica dedicada al estudio de la naturaleza, que acababa de llegar del Amazonas brasileño donde había vivido los quince años anteriores, que allí, en el país suramericano se encontraba en el Paraíso. Tanto es así y sentiase tan a gusto con sus investigaciones sobre el terreno, que se enamoro fuertemente de una nativa con la que tenia tres hijos. Allí se encontraba muy feliz con su familia, y sin embargo quería como nadie a su pueblo de España y a sus gentes, y les echaba de menos, por lo que su corazón estaba partido. Su destino era inamovible, pero el amor a su tierra chica lo sentia tan fuerte y lo transmitía de tal manera a los suyos, que hijos y mujer no paraban de rogarle a fin de hacer un viaje para cruzar el océano. El suyo era en ese momento un estado esencialmente hermoso, a pesar de su corazón partido.
Cuando nos reconocimos nos dimos el mas fuerte e intenso de los abrazos. “Soy el hombre mas afortunado del mundo. Hace tres horas que he llegado a Biescas, nos hemos alojado en el hotel y como había algo de cansancio tras el largo viaje, he dejado a Sonia con nuestros mulatitos a descansar un poco, y he aprovechado para recuperar el tiempo perdido y contemplar el ocaso del sol en Arratiecho. Sigue siendo tan cautivador como cuando me fui. Y aquí quiero estar por lo menos dos meses, a fin de disfrutar de mi tierra, la de mis mayores, la de mis mejores amigos. Gabino, suerte la mía de que hayas sido la primera persona que me pondrá al corriente de la actualidad de este entorno. Venga, otro abrazo, amigo“.
El sol ya se había puesto a esas horas como cuando éramos niños, los ladridos de los perros seguían escuchandose desde las casetas de los huertos como cuando éramos niños, y los murciélagos sobrevolaban mas bajo bajo a esas horas, como cuando éramos niños. Cuando éramos niños, el mundo se movía entre la picardía y la inocencia, pero era todo mas sencillo. “Cuando íbamos a robar fruta comíamos tanta ciruela, tanta manzana, tanta pera, que luego nos entraban unas descomposiciones...“, me dice Perico para añadir a continuación que “siempre nos sorprendían y =vaya broncas que nos echaba el abuelo¡“. Las carcajadas comenzaban a ser continuas, y no se por que, cuando se juntan a hablar del pasado y a mentir con sus falsas memorias dos hombres, siempre salen a relucir las conquistas femeninas. “Perico ≠le digo≠ que como saquemos este tema, te voy a decir que eras el mas golferas de la panda, que ligabas mogollón“. El otro ataja con rapidez y habilidad¿ “Gabino, Gabinin, que a lo largo de todos años sin vernos después de nuestra niñez, aun me acuerdo con frecuencia y te nombro a los compañeros brasileños a quienes cuento tu hazaña en la piscina con la holandesa aquella. ¡Lo que nos hemos reído a tu costa¡ Y eso que han pasado ya cuarenta años“. Como no me puedo callar, al sentirme aludido preciso que para una vez que logre aproximarme en aquellos tiempos a una chica, éramos tiernos y enloquecimos de ta manera que el primer beso condujo a la caída de la parte superior del biquini, justamente cuando éramos presa de los improperios de una señora que poco después reconoció que se había pasado con nosotros, que no era para tanto entre dos inocentones que apenas sabíamos de la vida. No, lo dicho, que me querian acusar de pecador y lo suyo era cochina envidia. El caso es que en aquella misma jornada se entero todo el pueblo, que hasta el cura vino a casa a echarme la bronca *cochina envidia, seguía pensando un servidor! Y los mayores de la casa haciendome rezar el Rosario con su correspondietes letanias durante una semana para evitar las “malas“ y añado que “buenas“ tentaciones. Pues ya no cuento mas de mi vida privada, que para colmo, Jimena. que de vez en cuando mira por encima de mi hombro cuando escribo, me llama golfo con todo el retintineo del que ella es capaz, aunque también me hace reír“.
El caso es que la noche se ha echado encima y de repente Perico se ha dado cuenta que ha dejado a su mujer y los niños en el hotel desde hace un poco mas de dos horas,sin conocer a nadie. Mi amigo se pone a temblar, y lo único que se le ocurre comentar es “la mala milk que se le pone a Sonia cuando lleva cincuenta minutos sin mi. Así que por ahora, Gabino, quedas contratado de guardaespaldas. Mi respuesta? “Te acompaño a que que me presentes a tu mujer y a tus mulatitos, que también tengo muchas ganas de conocerles. Eso si, debes prometerme que lo de la holandesa no lo vas a decir mas, que si me nombras como protagonista, te mato“.El caso es que a base de risas y buen humor comenzamos el retorno a pie al pueblo que nos vio crecer. En el camino le llamo a Jimena a fin de que prepare cena para cuatro. Le cuento lo del brasileño pelaire, su mujer y sus mulatitos. “+Y que preparo_!, me dice ella que me echa en cara no haber ido a hacer la compra del dia, por lo que tenemos la nevera vacía. Se me ocurre que si consigo de Ramon unos huevos y patatas, podemos hacer una gran tortilla, sacamos unas latas de calamares, guisamos un arroz con tomate y chorizo... Dada la contundencia con que me empleo y ante eclipse de ese gin tonic Bombay Azul que tanto nos gusta a los dos, ella me dice lánguidamente? “Bueno....“ Tras apalabrar la cena, Sonia sube a la habitación hotelera a arreglarse y se encuentra a dos de los chicos con fiebre. Baja de nuevo y nos dice que si no nos importa dejaremos la cena para otro día. Quedamos de acuerdo el fugado de una de las pinturas de El Greco y yo, y de esta manera salvo mis gin tonics nocturnos (vicioso que es uno), y mañana o pasado nos iremos de vinos Perico y yo.

MANUEL ESPAÑOL

CUQUI SE VA A LA MONTAÑA PREÑADA (y II)

CUQUI SE VA A LA MONTAÑA PREÑADA (y II)

Lo que se propone lo lleva a cabo. Por fin la tía Cuqui, harta de estampitas, dejó plantado a don Casto y sus beatas. Que ella ya estaba, pero que muy cansada, de hablar siempre lo mismo, de lo desvergonzadas que eran las hijas del boticario que había llegado de Canarias, de los líos de faldas del nuevo ingeniero de la empresa metalúrgica que se había instalado en el pueblo, del bar y los parroquianos que iban al establecimiento de La Casta Susana, de las nuevas infidelidades del marido de doña Felisa, que reconocía que “mi Fausto se irá de capillitas pero siempre vuelve a la catedral”. Y después estaba ese chocolate con churros y las muchas impertinencias que se decían a lo largo del mismo para marcar distancias y poner de manifiesto las bondades de los asistentes. Eso si, como había que cumplir con parroquieta, se terminaba con el rezo del Rosario y una larga letanía de arrepentimientos y buenos propósitos. Así, conciencias tranquilas.

“Venga, que ya estoy harta de tanto rezo salpicado por la malicia pecadora. Que tengo unas ganas locas de pasarlo bien al aire libre, de cantar, de reír, bailar y de gritar, de hacerle sombra a Teta Galleta”, decía Cuqui. Y dado el interés mostrado por la Montaña Preñada, todos los componentes del grupo de destarifados, nos mostramos plenamente de acuerdo. Así que tanto Cuqui, Teta Galleta, Jimena, Marcelo, Miguel y Gabino, un servidor de Cristo bendito de usted, y tal y como se dice por estas tierras, teníamos un cuerpo de Jota, que no había quien pudiera con nosotros. Llegó de madrugada la hora de la partida y en la puerta de Cuqui nos juntamos todos. ¿Sorprendente? El caso es que la tía abre su casa por la puerta de la cuadra y aparece subida a un caballo que también portaba unas alforjas bien cargadas. Como ella conocía perfectamente el camino iría delante, y el caballo, percherón y de un blanco muy hermoso, ponía cara de resignación ante la carga que le esperaba. Las viandas ya habían sido sabiamente colocadas, con sus correspondientes vajillas campestres, un buen vino tinto del Somontano para regar la comida, y la tía, con una cara más feliz que una perdiz. Quien protestaba un poco era Marcelo, a quien le habíamos prohibido llevar la trompeta, pero que no pudo evitar un pequeño cabreo cuando el poeta Miguel sacó su reluciente acordeón, que llevaría a lo largo del camino, según él “para meter marcha y canta”!. La tía, como buena amazona que había sido, dispuesta a conquistar sobre su montura la Montaña Preñada. Jimena llevaba un pantalón corto y un suéter ajustado sin mangas, y yo tan embobado. La nota la dio Teta Galleta -¡cómo no!_, que muy presumida ella llevaba un insinuante conjunto deportivo y un gorro para el sol a juego, y me dijo que iba de esta manera para ver si de una vez conquistaba al mastuerzo de Miguel, que ya no sabía qué tocar, y menos cuando Teta le pregunto de forma melosa, que “¿eso de Preñada que quiere decir?” Tan tonto se quedo el acordeonista improvisado, que no sabiendo cómo salir del apuro, no se le ocurrió otra cosa que arrancar con la música de La Ronda de Boltaña, y así en el aire y para el grupo de tarados, sonó “La mazurca de Mosen Bruno”, ante la risotada sonora de la tía Cuqui, que se acordaba de don Casto, y de los dos kilos de churros que le había enviado a su casa para compartir ante las santitas damas que le iban a acompañar. Monte arriba, y más monte arriba, la música se fue apagando y la tita, riéndose todavía y con una cara muy divertida, diciéndonos de todo, también que no valíamos para nada, que nos agotábamos muy pronto, que así Miguel no iba a conquistar a Teta. Pero qué incordiadora, qué desconocida estaba. Así hasta que llegamos a un pequeño llano con una tasca espléndidamente verdosa, y una fuente de agua fría y cristalina con una pequeña hondonada para enfriar los alimentos. Era un hermoso lugar para una deliciosa fiesta campestre. Cuqui bajó del caballo y ya se disponía a organizar la intendencia y los preparativos, cuando Teta volvió a preguntar ¿Y por que se llama esta montaña la Preñada?”. Y el chico Miguel, sin palabras para contestar, dejó el acordeón en el suelo, con e brazo derecho le agarro el hombro, se la llevo unos pasos por delante de nosotros y, cuando estaban a punto de esconderse ante la maleza, al repelente de Marcelo, que seguía cabreado por no haber traído la trompeta, no se le ocurrió otra cosa que gritar: “¡¡¡¡¡¡¡¡Migueeeeelllllll, que se te ha caído el acordeón en un charco!!!!!!! Total, que tanto él como ella volvieron prontamente con cara de fastidio, y cuando la nueva pareja se dio cuenta de la broma, a Miguel especialmente le entraron ganas de liarse a palos con el trompetista que espantaba hasta a las vacas de su pueblo cuando tocaba. Un rato largo después todo parecía más calmado y ya se había agotado el contenido de una de las garrafas, Marcelo recibió una buena ducha refrescante de cinco litros de agua fría, ante la guasa de todos los presentes. Para mas juerga, entre risas y verdades, mi primo amenazó al poeta romántico y embobado con Teta, con tocar la trompeta dos noches seguidas a la puerta de su casa. Y las canciones de La Ronda de Boltaña siguieron sonando, y entre trago y trago se escuchaba alegremente “Dale al porrón”.

Ah, que no me acordaba que según cuenta la leyenda.... “Calla Gabnino -me dice Jimena tapándome la boca- ¿me contarás lo de la Montaña Preñada? Explícamelo paso a paso”. Lo oye Cuqui, que le grita a Marcelo: “Anda trompetista mío, que como tu y yo no tenemos nada que hacer, súbete conmigo a este pobre caballo que se pasa de bueno, y dejemos a estos que se pierdan por el monte”.

 

MANUEL ESPAÑOL

MONTAÑA PREÑADA / CUQUI SE ENFADA CON DON CASTO (I)

MONTAÑA PREÑADA /  CUQUI SE ENFADA CON DON CASTO (I)

 

 Aniceta (Teta le decimos sus amigos porque suena mejor)  es una persona con apetencias crónicas de reír y de disfrutar de la vida, y diría un servidor que algo de bruja bondadosilla  ya tiene. Una jornada, unas horas disfrutando con su presencia puede convertirse en una sucesión de divertidas y continuadas sorpresas. Si se apunta a una excursión por la montaña, y además coincide conmigo en el grupo en que no falta mi primo Marcelo el trompetista o el poeta Miguel, puede pasar cualquier cosa,  que la montaña se ponga con dolores de parto y hasta que llueva con mucha fuerza y el agua rebote con efectos cargados de guasa. Lástima que últimamente no pueda venir la tía Cuqui, que la pobre está obligada a soportar al pesado de don Casto, el cura del pueblo, tan gordito él y con su tradicional coronilla, que con su sonrisa un tanto farisea y beatífica, no  para de abusar de ella en sus trasnochadas y heredadas veladas de tiempos de la abuela Maricastaña, con sabor a chocolate, churros y rosario, que de todo tiene que haber en la viña del señor. Así que entre taza y taza (nunca menos de cuatro cada persona) don Casto (nombre también heredado según manda la falsa tradición), siempre con el mismo sermón… “Ay, doña Cuqui, abra por favor una cuenta a beneficio de la parroquieta, que con mil euros al semestre por su parte, que no es nada, no se imagina la de cosas hermosas que podríamos conseguir. Muchas gracias doña Cuqui, que a pocas personas como usted haríamos a este pueblo modelo de convivencia entre parroquianos. Bueno, no me ponga esa cara, que oiga, Dios le pague en el cielo su generosidad haciendo saciar el hambre a este cura rural y pobre y que tan bien esta asistido por quienes le acompañan, ¿verdad doña Rosenda?, ¿verdad mi querido sacristán Felipe, doña Benita, doña Oroya?, “¡ Ay, doña Cuqui”, que se lo merece, tenga usted una estampita de San Felix, y esta otra de Santa Cuqui, perdón, que he querido decir de Santa Atanasia...!  Ah, se me olvidaba¡ y esta otra de San Pepe.

 El caso es que cuando le dije lo de la excursión  con “Teta Galleta” como gusta apostillar a la tita, con ese aire desenfadado que siempre le caracteriza, no pudo evitar el recuerdo hacia un don Casto anclado en el tiempo y de intenciones bastante claras.” !Ay”, que este canalla, no sé si es porque me ve mayor para otros menesteres, pero no me viene más que con estampitas,  y a pedirme dinero y siempre acompañado de unas beatas que van de grandes damas y no tienen ni un euro, y que dicen ser amigas, que me quieren mucho, y hasta aseguran que les encanta mi chocolate caliente con churros, que es el mejor del mundo. Como soy tonta y no sé decir que no a nada, hala, a llenar la casa de chocolate. y de servilletas y manteles manchados. Lo que voy a hacer es mandarle a don Casto y a sus amiguitas, a que se vayan a freír churros, que yo me voy a iniciar en la vida desenfadada, sin malicia ni pecado, bueno, ni pecados gordos quiero decir”.

 “Pero tía, que sin pecar igual hasta te aburres”. Entonces ella me mira un tanto picarona y con voz muy aguda y guasona me grita: “Gabino, Gabinito mio y malo, que veo la dirección en que te mueves. Que bien sabes tu que a mi Wenceslao le dije siempre que si. Y bien felices que éramos un día si y otro también. Que no, que por su memoria le he sido siempre fiel, aunque he mantenido mis dudas de sus posibles infidelidades...  Claro, me acuerdo de vez en cuando de ello, y entonces  me entran unos mosqueos tan especiales que provocan cambios de intenciones, aunque a mis muchos años no creo que eso llegue muy lejos... ¿Vamos a hacer una cosa? Tu te vas de excursión con Teta Galleta, Miguel y Marcelo a pasarlo salvajemente bien y mientras tanto mando a paseo a don Casto, que el muy jeta, de dudosas intenciones, ha cambiado de casera, que hasta para eso es tradicional, rancio y ortodoxo. A mi me apuntas a la siguiente verbena montañera. Por cierto, Gabino, ¿ya sabe Jimena que ira  Teta contigo? Mira, que tu y ella hace tiempos tuvisteis un lío cuando la ya no tan nuiña era una jovencita espléndida y muy lanzada”. “Tía, -le digo- que ahora soy mucho mayor que ella y he madurado en mis intenciones, que ahora ya no soy tan alborotador como antes”.  “Sobrinito mío, me contesta- eres peor todavía- que no quiero verte pecador y velando por tu integridad he cambiado de idea. Iré a la excusión con vosotros y os mantendré bien vigilados a todos!” --¿Y qué harás con don Casto y sus beatas?

-Así, como suena, suspendo la tertulia sin posibilidad de marcha atrás, le mando unos kilos de churros a través de Eustaquia, y que la letanía de las estampas se la hagan entre ellos. Como la excursión me has dicho que está programada para dentro de dos días, vosotros no tenéis que hacer otra cosa que aguantarme, que de las tortillas del almuerzo, la carne empanada, las sardinas escabechadas y el vino me encargo yo. Ea, no se hable más.

Le cuento a Jimena el cambio de planes, y como ella es igualmente muy amiga de Teta Galleta y quiere tanto a Cuqui, se pone en guardia y se apunta a lo que esperamos sea una gran fiesta campestre.”Mejor que mis veladas de rosario, chocolate y churros”, apostilla la tita cuando aparece por la puerta. Por cierto, Gabino, tu haz algo y encárgate de la música para bailar algo; no sé, la lambada, la bomba, mucho rock, y de postre algo dulce, unos cuantos merengues, por ejemplo. Y especialmente, que Marcelo no se traiga la trompeta. Por cierto sobrinín, ¿es verdad que iremos a la montaña preñada?"

 Veremos lo que da de si esta juerga. Lo contaremos, creo que mañana o pasado.

 

MANUEL ESPAÑOL