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Mundo mágico

Hora bruja

EL DIA QUE LEVITE ENTRE LAS NUBES

EL DIA QUE LEVITE ENTRE LAS NUBES

 


 Sigo levitando entre las nubes. He huido del mundanal e insoportable ruido y de miserias chismosas hacia mi cielo pirenaico, en la provincia de Huesca, y aquí me tienen, entre algodones, pensando en las mil y una tonterías, excitando mi imaginación surrealista. Así que en este lío que me llevo no puedo hacer otra cosa que ensanchar mis aires de satisfacción a lo largo de mi excursión entre matinal y vespertina, y lanzar mis carcajadas hacia los cuatro vientos. Creo que no me oye nadie, pero... ¡qué más da! Como dice Serrat en su canción, "hoy puede ser un gran día, planteatelo así...!". Y en esas estamos cuando Mariló, que esta vez va sin su Ángelo del alma, me sorprende en pleno dialogo besuguil con las vacas que pacen en un hermoso prado, lanzándoles mis sonoros mugidos en chino mandarín. Ella, lógicamente, se lo toma a mucha risa y me pide que le haga de traductor. Es entonces cuando aprovecho para decirle algo que sabe muy bien.  ¡Pero si es que en Biescas estamos en el paraíso! Menos mal que me encuentro con una persona que me da la razón. Ya lo sabe bien Mariló, moceta que llegó de niña a Biescas, se enamoró de un guaperas del lugar (muy buen zagal el), y aquí que se quedo para terminar siendo mas pelaire que su marido.

 

El caso es que ella me acompaña durante un buen trecho de la caminata que me he propuesto hacer hasta la cumbre de Erata, desde donde se contempla un paisaje maravilloso y estimulante. Me pregunta que si me ha resultado muy difícil aprender tantos idiomas, que no es la primera vez que me sorprende o haciendo el canto del gallo, o hablar con los patos, perros, gatos, leones. Y le contesto no tener el menor reparo en saludar a las mencionadas especies que aparecen por el camino, que educadamente me contestan. "¿Y el León?", me pregunta Mariló que sufre incontinencia jocosa, como yo. "Lo que podemos hacer es subirnos a ese tejado, quitamos la escalera y llamamos a tu Ángelo para que venga con la escopeta", le respondo. "No -responde ella- que a este le entra tanto miedo, que solo de pensar en un arma, le tiembla todo el cuerpo y no se le ocurrirá otra cosa  que avisar al helicóptero de rescate de la Guardia Civil". Así, paso a paso continúan  nuestras desenfadas conversaciones sin sentido, cuando nos adentramos en la encrucijada que debería conducirme a Espierre y Barbenuta. Y como Mariló, un encanto de bondad y además guapísima, es una esposa modélica y abnegada madre, poco antes de decirme hasta luego cuando llegamos al punto de despedida, justo a las puertas de un corra, aparece su dueña, Fidencia, que tiene unas gallinas ponedoras muy generosas, a las que no puedo evitar mi saludo de gallo comprometedor, ante las risas nada contenidas de las dos mujeres. Antes de la despedida, Fide nos regala dos docenas de huevos gordos a cada uno, para que nos acordemos de ella a la hora de la comida. Tras echar un buen trago de vino tinto con la bota, como aun me queda bastante para la cima, Marilo me asegura que mi docena se la llevara ella misma a Jimena, que yo puedo convertirla en una gran tortilla cruda cargada cuando la lleve cargada dentro de la propia mochila. Y como las dos se llevan muy bien, seguro que aprovecharan la ocasión del encuentro para irse juntas y sin maridos a tomar el aperitivo. Me jugaría cualquier cosa que hasta intercambian confidencias de las tonterías que hacemos los dos medios limones con los que conviven.

Aprovecho mi paso por una fuente de agua fresca para tomarme un bocadillo de jamón con tomate y queso que me ha puesto Jimena para que no desfallezca. Y de esta manera recargo energía para acometer el resto del camino con fuerzas. Me siento tan feliz, que necesito expandir mi espíritu alegre y no exento de surrealismo, de tal manera que me pongo a cantar eso del Toro enamorado de luna, y como ya no tengo vergüenza, me atrevo con el "Torero quiero ser" imitando malamente la voz de Plácido Domingo. Es cuando oigo el mugido cabreado de una vaca dispuesta a iniciar un ataque de pleno furor, pero cuando me sale al quite el amigo Paco, que lleva a pastar allí a sus animales y que es el que mas sabe de cuernos de toda la comarca, el que atiende en los momentos críticos a las vacas preñadas, me pregunta que donde voy con el pañuelo que cubre la cabeza del sol, pero que uso a modo de capote de valentía y de raza torera. "Paco-le digo con solemnidad-, voy a conquistar la cima del Erata". Y el otro me sale con un jajajajajajajajajajajaja incontenible. "Pero mira que sois falsos y presumidos los capitalinos. Eso que llamáis deporte me lo hago yo con frecuencia, incluso para pasar de un valle al otro ,que así acorto. Como estaré hoy unas horas mas por aqui, te esperare junto al ganado y bajaremos juntos hasta donde he dejado furgoneta para volver a Biescas. ¡Ah, y no e preocupes!, que te guardaré unas migas a la pastora que voy a empezar a preparar por aquí. Hasta luego, capitalino". Y yo preciso eso de "capitalino si, pero mas pelaire que tu. A ver.... 

El día era soleado y caluroso, por lo que antes de llegar arriba del todo fui jadeando un poco, y como no estoy bien entrenado, me acorde de un primo que se fracturó el tobillo y tuvo que ir a rescatarle la Guardia Civil, aunque claro, era invierno y la montaña estaba muy cargada de nieve. Llegué a la cima, era un dia muy claro sin el mas mínmo asomo de nubes,y el panorama era mas que esplendido. El sacrificio en ese momento no me había importado lo mas mínimo. Tan alegre estaba y con energías recuperadas, que allí cante una jota, no demasiado sensata, Por cierto, que algo mas abajo me esperaba Paco con una buena platada de migas y una bota de vino de mucho grado, pero muy reconfortante. Y abajo, ya en el pueblo, me esperaba una buena ducha y un cama en la que caí rendido, pero muy feliz y con unos sueños cargados de travesuras... Por cierto,. no he comentado que cuandio estaba en plena faena montañera, vi un helicóptero de los de rescate de la Guardia Civil, y desde la megafonía salía una voz: "Gabino, que smos los de la Guardia Civil, que nos ha dicho Ángelo, el de Mariló, que estás en apuiros. Y yo decía, ¡Ay la que je armado, la Guardia Civil, la Guardia Civil. Es cuando me dice Jimena medio muerta de risa: "¿qué haces gritando debajo de la cama eso de ¡que vienen los guardias!".

 

MANUEL ESPAÑOL

TOCATA Y FUGA DESESPERADA

TOCATA Y FUGA DESESPERADA

Era una noche de verano muy hermosa, y para colmo de luna llena. Dicen que es cuando cobran vida semisalvaje y semihumana algunas bestias de dos piernas, cuando los lobos aullan pletóricos de odio y de sed violenta. “No son mas que tonterías inventadas sin ninguna consistencia”, me dije a mi mismo. Estaba claro que era la gran noche para iniciar en Biescas mi caminata hacia la Caseta de las Brujas, en la montaña Arratiecho, con luz natural y sin tropezón alguno con las piedras del camino, con esas ramas de arbustos y árboles que a veces te sorprenden sin tiempo para evitar que te arañen la cara como mal menor. Además, con el apoyo de una linterna frontal, casi era como ir con alimbramiento casi diurno. Estratégicamente, todo estaba atado y bien atado para ir a dormir, si es que podía, a la mencionada caseta, un refugio sencillo como los de antes, lo malo es que sin puertas, porque algún gracioso las había arrancado, no se si para hacer fuego o para aprovechamiento propio. El caso es que mientras Jimena y mis amigos se quedaban en el pueblo a cenar un menú de capricho, con copa posterior incluída, para ellos era yo el gilipollas extravagante y pirado, que sacrificaba el placer de una buena juerga pecadora de las que tanto me gustan, por la soledad de la montaña, con nocturnidad y alevosía. Mi objetivo más o menos secretillo, aunque a voces, era la satisfacción de sentir la música al mas alto volumen, en una situación de de soledad total. En la mochila había introducido un saco ligero de dormir, un walkman con altavoces acoplables para poner música a todo volumen, así como discos con las voces de Camarón, Mayte Martin, Simon Diaz, Luz Casal, Antonio Escarpa, Luis Adolfo Lorente, Maria Callas y Plácido Domingo, entre otros, así como las grandes sinfonías de Haydn, Beethoven, Bach, Brahms... Vamos, que disponía ya de todos los ingredientes para disfrutar de unas cuantas horas llenas de magia y de encanto. Tampoco faltaba alimentación y bebida que me introdujo Jimena, es decir, cacahuetes y agua. ¡Ni que fuese un mono!, que mientras ella estaba en lo estaba pasándolo de vicio, gastronómico se entiende, o por lo menos eso creo yo. Ante lo que estaba a punto de suceder, a toda esta cuadrilla de cabritos les propuse que para que no me amargasen la vida aplazasen la cena a otra noche en que yo pudiera y no coincidiese con luna llena. Respuesta de la portavoz del grupo, Jimena, ante las risitas cínicas y malintencionadas de los demás: “Gabino, tu has elegido esta noche para salirte con la tuya y lo has conseguido. Deja que los demás hagamos lo que nos de la gana y te unes al equipo este si es que tanto te apetece, y te quedas”. Pero ¡que puñetera mi medio limón!. No me esperaba tal reacción, pero como soy un pelaire bastante terco, casi tanto como ella, torcí el gesto poniendo cara de malo, y a continuación les sonreí y señalé la noche tan clara que alumbraba los caminos, y diciéndoles que mas me valía que me fuese por si me transformaba en un fiero hombre lobo. La única respuesta a mis palabras fue una risotada coral, que me enfureció lo suficiente como para darme una vuelta enérgica y pensar en la venganza que iba a surgir de mi. Y monte arriba que me fui como toro enamorado de la luna y y en tal estado me hallaba hasta que me volvieron los sueños musicales con sus correspondientes ilusiones que llenaban mi cabeza de grillos entrometidos. Sali de la puerta de Casa Ruba, y aún pasé por diversos establecimientos hosteleros del lugar que se hallaban muy animados y tentadores. Pero al igual que Ulises hizo caso omiso del canto de las sirenas, fiel a mis propósitos resistí las tentaciones, pasé por Biescas Aventura, donde me dieron ganas de hacer el Tarzán, pero mi amigo Javier, que estaba en la entrada, me preguntó lo de mi excursión de luna llena Dado que se había enterado, no iba a decir que me rajaba. Crucé el barranco, y aunque la luz nocturna era buena, me coloque y encendí el frontal antes de iniciar la ascensión con el apoyo de dos... bastones que me convirtieron en un hombre total a cuatro patas. Y así, en silencio, en algunos momentos me reía y en otros me dedicaba a escuchar los sonidos de la fauna y de la flora, que a decir verdad, no dejaban de impresionar. Y yo que soñaba con Bach y Beethoven, a fin de espabilar un poco me arranqué por las viejas rumbas de Peret, como por ejemplo, esa de “Borriquito como yo”, o “Belén”. “El caso es que por fin llegué a la caseta de las Brujas y contemplé con satisfacción que el arroyo contenía agua fresquita, y posada sobre un pino me quedé muy sorprendido al ver una gran lechuza, si, de esas que dicen que traen muy mala suerte. Como soy bastante escéptico muy pronto me cure del espanto y mientras preparaba el saco de dormir, puse a Camarón con toda su fuerza. Comenzaba a vivir la magia de la noche, pero al momento escuche el sonido de una inoportuna motocicleta de cross, que muy pronto invadió por unos segundos mi recien iniciada paz, mi espacio, lo que me puso algo nervioso ante mis propias prguntas. ¿Y si es un atracador?, ¿un asaltante de caminos que se ha enterado de mis andanzas? o ¿tiene buenas intenciones?. Así elucubraba hasta que vi se apeaba Pedro para contarme que “Jimena esta muy preocupada,y por si nos necesitas,como te has dejado el teléfono móvil me ha pedido que te lo trajese. No veas Gabino,el menú que nos han sacado. Ay como nos estamos acordando de ti... Bueno, que me bajo, que ya sabes eso de que oveja que bala, bocado que pierde…”. “Si será…”, dije para mis adentros.

Como el cuerpo es débil y a veces la voluntad mucho mas, me dio pena no haberme quedado, pero pronto volví a mis sueños experimentales y puse el maravilloso dueto entre Adán y Eva, de !La Creación!, de Haydn. Enseguida surgió una atmósfera extraña pero hermosa. en que la lechuza se había transformado en un querubín, la Caseta en un palacio, y en el auditorio palaciego una gran Orquesta Sinfónica que con sus coros me hacían sentir en el paraíso. Los cacahuetes me parecían manjares y el agua el más magno regalo de la naturaleza. Plácidamente me metí en el saco de dormir a pensar en los mas paradisiacos deseos. Me hallaba de esta manera flotando entre una noche estrellada y una luna llena, no sé si de guasa o de que, que de repente hizo parar”!La Creación” para hacerme sentir un silencio total, algo así como como si la existencia se bloqueara. Me había quedado atónito y fue cuando de repente comenzó a sonar con su inmensa gravedad la “Tocata y Fuga”, de Juan Sebastian Bach, con los sonidos del órgano y toda su fuerza sobrecogedora. Tan impresionado me quede, que a la lechuza la vi agresiva y con ganas de hacerme daño, escuché aullar a una manada de lobos, de repente se desato un fuerte viento, unas culebras se movían en torno a mi saco de dormir, unos perros lanzaban ladridos lastimeros. Me acordé de que mi Jimena tenía razón, que Pedro se había ofrecido a devolverme con la moto, aunque tarado, al mundo de los vivos. Me puse de nuevo el frontal, recogí la mochila, y como cuesta abajo corro con mayor rapidez que en las subidas, ni me di cuenta ni tropece con piedra alguna, que creo que volaba, no sé si en la escoba prestada por alguna de mis brujitas buenas, que de eso no me acuerdo de tan alocado estaba. Llegue por fin a la carretera y me esperaba Pedro, que regresaba de nuevo para ver que tal me encontraba, y de esta manera nos subimos los dos a su incómoda moto, y ya se pueden imaginar el recibimiento. Iban a comenzar las copas y por deferencia hacia mi me sacaron un bocadillo de jamón con tomate y me apunté a la copa esa gin tonic de Bombay Azul, tan excelentemente prepara Andrés y que me supo tan deliciosa, que después me puso otra igual ante el mosqueo de mi medio limón. Y Pensar que había querido pasar en solitario una noche mágica en el monte...

MANUEL ESPAÑOL

ME LLAMO TARZÁN Y BEBO LECHE DE ELEFANTA

ME LLAMO TARZÁN Y BEBO LECHE DE ELEFANTA

Me llamo Tarzán. Nací… no me acuerdo cuando ni donde, que de eso hace ya muchos años y mi memoria no da más de sí, aunque empecé a crecer en unas condiciones memorísticas muy favorables. Sólo sé que un buen o malo día, depende cómo se mire, y según he podido investigar y averiguar en las civilizadas hemerotecas, fui el único superviviente del accidente de una avioneta que se estrelló en la selva africana, cuando casi no sabía ni decir eso de “nene tere teta”. Como era tan bebé y necesitaba leche, una pareja de elefantes compuesta por Paquita y Paquito, me acogió como un hijo, y la elefanta empeñada que bebiese mucho para crecer mejor y aprender el idioma de los paquidermos, que de alguna manera estábamos obligados a entendernos. Y ¡vaya si tomé leche de elefanta que hizo de mi un superdotado!, tanto que por lo visto no tardé en comprender el lenguaje de todo el reino animal de ese paraíso llamado salvaje. Paquito, contento de su hijo varón, evidente que soy varón, me dijo alzando la trompa ante la sonrisa beatífica de mamá Paquita que “te llamarás Tarzán, y serás el rey de toda la selva”. Entonces era políticamente mucho más correcto que ahora, dialogaba con todas las especies y resolvía todos los problemas de la comunidad. Que había algún peligro por parte de los cazadores, lanzaba mi grito de guerra, ese de “¡auauauauauauauauauauauau!”, y sin necesidad de disparos ni de artificio alguno, los intrusos se iban a escape. Pero apareció una turista muy joven y muy guapa que se había perdido, y yo sentí un cosquilleo en “no me atrevo a decir de qué forma”. Como vio que la situación iba para largo, y a ella así pareció gustarle, me enseñó a hablar su lenguaje racional. Como listillo que era ya tenía práctica idiomática con los elefantes, leonas (también leones), tigresas, y toda esa fauna de seres capaces de razonar aunque no lo parezca, pues aprendí con facilidad a comunicarme con esta chica llamada Lola, que parecía especialmente espabilada, por supuesto más que yo, y eso que dado mi espíritu de observación, ya sabía cómo se apareaban los seres que hasta el momento habían constituido mi familia. Un buen día, Paquita y Paquito observaban el cariz que tomaba la situación, enlazaron sus trompas y se guiñaron los ojos, me dieron cariñosamente la espalda y decidieron marcharse. Aquello lo tomé por un abandono de papá y mamá (¡qué buena leche tenía mamá!) y me puse a llorar ante la extrañeza y desencanto de Lola. Paquita, que era una madraza, vino a darme la última ración de su leche y me dijo que se iban para que aprendiese solo a defenderme en la vida. Que me querrían siempre, que cuando les necesitase no tenía mas que lanzar mi grito guerrero (“¡auauauauauauauauauauauauauauauauauauauau!”) y ellos estarían prestos para protegernos a Lola y a mi. El caso es que ella y yo nos quedamos solos frente a frente. Al poco me entró un gran apetito y solté un sonoro “¡nene tere teta!”. Lola entonces me introdujo en los secretos del amor humano, y al cabo de los meses nacía Pepito, por lo que comenzaba una repoblación forestal muy “sui generis”, a la que pronto se unió la mona Chita, tan indiscreta ella que de vez en cuando explotaba de sus habituales risas cuando la muy puñetera me quitaba el taparrabos de gala. Nadábamos, nos desplazábamos por toda la selva a través de lianas y lianas, Pepito jugaba con las jirafas y los tigres…

En esas estaba cuando desperté en mi cama real, llamando a Lola, a mamá Paquita, a Pepito, a Chita… ante la sorpresa y un mosqueo esquivo sorprendente de Jimena, a la que intentaba besar y abrazar, pero que terminó soltando unas risas cargadas de ironía. “Cuéntame todo lo que has soñado”, me dijo, por lo que le contesté: “eso es muy largo y muchas las sensaciones a explicar. Si te portas bien, un día te haré una representación en vivo”. Así, entre guasa y guasa, me puse una ropa ligera, salí a la calle salvando las zonas de sol y en busca de un aparente paraíso del que ya sabía su ubicación exacta, pero que no revelo para que no parcelen la zona y la hagan de pago o construyan una urbanización. Al lado de un río en estado semisalvaje, rodeado de cañas, árboles, arbustos, césped y demás hierbas que dan una sombra excelente, quería repetir mi sueño y hacer trabajar la imaginación, por lo que me desnudé y aún me quedé con un pequeño bañador que me da un cierto aire horteril . Pronto me di cuenta que allí no olía bien, que no había elefantes, ni tigres, ni leones… tan solo unos gatos que no hacían mas que maullar y acercarse al bocadillo que me había traído de casa (sardinas en escabeche), así como unas avispas que me daban pánico. Y no digo ya nada de Lola (Jimena es mucho mejor), ni de Pepito el imaginario, ni la traviesa mona Chita. Y uno que ama la naturaleza profundamente, decidí volver a casa y ponerme cerca de la nevera, donde pongo a prueba mi fuerza de voluntad, y más ahora que he observado la presencia de algún pequeño pero indiscreto michelín.

MANUEL ESPAÑOL

 

CELESTINO Y CON ENCEFALOGRAMA PLANO

CELESTINO Y CON ENCEFALOGRAMA PLANO

Las ideas se agotan, que si ahora fuese a hacerme un tac de la cabeza, me saldría algo así como “encefalograma plano”. Y eso que desde hace demasiadas horas vengo dándole vueltas a la cabeza pensando cómo meterme en el interior de un simulador espacial. Estoy convencido que me hallo agotado mentalmente. Podría llamar a una amiga que trabaja científicamente para la NASA, a ver si me espabila, pero la puñetera de Martina, que aún me odia (no del todo hasta la intolerancia) desde un día hace ya bastante tiempo, piensa que fui el causante del plante que le dio el infeliz de Rigoberto por llevármelo de juerga un día en que había quedado él con ella, y mujer de carácter, es capaz de dormirme y embarcarme en un cohete de verdad que me lleve a la luna lunera cascabelera a que me pudra sin selenitas monas, que me han dicho que allí, nada de nada. Le cuento a Jimena mis desvariadas intenciones y mis temores, y ella ya acostumbrada a mi falta de proyectos serios, me dice que si fuese a la luna, una vez tras haberme estudiado a fondo, pensarían que los terrícolas estamos todos pirados. Que si quiero meterme en un simulador, que no maree a la pobre Martina, que aún espera la llegada de “su Rigo”, del que está enamorada, “eso a pesar de que un senador americano y que quiere ser presidente, le está tirando los tejos. Ella, fiel”. Así que aparco el tema de mis locuras espaciales, que veo que el asunto toma una vereda muy seria, de la que puedo quedar mal parado, ya que pienso para mis adentros que nuestra amiga es tonta, que lo hice por el bien de ella; pero ¿cómo le digo que fue el propio Rigoberto el que me pidió el favor de salir para darle el esquinazo a ella, que estaba muy decidido, que no había quien le hiciera dar marcha atrás “porque es demasiado bellezón e inteligente para mi y me da miedo no dar la talla” me confesó el día de autos. Aún recuerdo que entonces le dije que “haces el imbécil, que se trata de una chica muy especial, imposible encontrar otra así. Si se consuma tu marcha atrás, te vas a acordar toda la vida”. La verdad es que a mi amigo, con quien hablo frecuentemente a través de ese Skype traidor que delata hasta las arrugas. le veo irremediablemente abocado hacia el celibato “legal” sin remedio, y bien tristón que está el pobrete, porque con ese ánimo no se puede ir a ningún lado. Me da pena. Así que se me está ocurriendo una treta endiablada, que me puede hacer triunfar o hundirme del todo. Como en el fondo no soy malo y además tengo ciertos aires de inocentón, le digo a Jimena eso de “mi vida, que por una vez tengo que hablar contigo en serio”. A la otra le da por reír y preguntarme si “¿aún estás seguro de querer probar el simulador? A mi, que no me gusta soltar una palabra más alta que otra, le digo algo alterado que “soy un fracasado en los juegos del amor, que si alguna vez he querido hacer de celestino lo he hecho rematadamente mal y encima he salido trasquilado, tal y como me ocurrió con ese encuentro frustrado”. Mi medio limón, que por una vez también ha dejado aparcada su guasa pero no su dulzura expresiva, me acaricia el descapotable que tengo por cabeza y asegura que “nosotros, que les metimos en canción, debemos pensar algo. Tu hablas frecuentemente con Rigoberto, y yo con Martina, a ver si les hacemos coincidir unas fechas por estos entornos y provocamos que se crucen de nuevo sus miradas. Hay que planificarlo bien y tu no debes salirte del tiesto”. Le contesto que “tu tampoco”, y ya está liada de nuevo la situación. Pero las aguas revueltas y turbias se tornan plácidas y limpias nuevamente. Resultado: realizaremos las llamadas oportunas.

Al cabo de un rato nos hemos reunido de nuevo para dar cuenta de las gestiones. La cita está arreglada y el encuentro lo veo posible, pero lo que ignoran estos candidatos a amantes, es la plena coincidencia. Por él no habido problema, y por ella, que le ha dicho a Jimena que “esos días debo de darle una respuesta al senador americano y que aspira a presidente, pero como todavía me acuerdo del tonto de Rigoberto, que fuiste tu y tu amante bandido quienes nos presentasteis. ¡Ay, que creo estar enamorada como entonces! y le voy a decir que no. Además es del Partido Republicano”. La ingeniera de la NASA pues, asegura que sigue siendo muy española y apasionada, y le ha dicho a su amiga eso de “que le den morcilla al presuntuoso de Robert, que me vuelvo a mi país para estar con vosotros durante los días que hagan falta, que no le odio a Gabino, simplemente que con su comportamiento de entonces fue un idiota”. Y con la mejor de mis sonrisas y tras la indiscreción de mi escuchete, que sólo he oído lo de “idiota”, me froto las manos y pienso que el encuentro puede hacer que el “Día H” sea grande, y me pongo a cantar la canción de Serrat con ese “hoy puede ser un gran día, plantéatelo así…”
No han caído demasiadas hojas del calendario, diría que menos de una semana. A Martina le hemos citado a las 13.00 en casa, y un servidor de ustedes y de Cristo Bendito ha ido a buscar a “Rigo” a esa hora a la estación del AVE. Y a cada uno por su lado hemos preparado para una nueva representación amorosa. Rigoberto se quiere lanzar en tromba en los brazos de su deseada amada, pero ésta se reprime, le frena y le da un ósculo a cada lado de la cara. El tontorrón de él se le queda mirando con cara de bobo y le pregunta el por qué de tanta frialdad y la respuesta de ella no se hace esperar: “Aún te estaba esperando desde aquél día”, con lo cual mi amigo se queda parado y no se le ocurre decir otra cosa que “perdona, que estaba enamorado de ti y sigo igual. Lo que ocurre es que te veía tan superior a mi, que te tenía miedo”- Ella pone a trabajar intensamente su gesticulación con unos ojos especialmente expresivos, y como no quiere enredar más la situación le abraza intensamente y la pareja se funde en un besazo con aspiración. Jimena y yo les imitamos, y a continuación, felices y contentos les enseñamos su alojamiento: la habitación nuestra, “perfectamente insonorizada, que nosotros nos vamos a la de huéspedes y nos pondremos tapones para mayor comodidad de ellos. Por la expresión de los inmediatos amantes, es que ¡deseaban tanto compartir lecho!, y eso que ya son maduritos. ¡Ay pareja de adolescentes…! Imagino ahora que lo del simulador espacial lo tendré mas a mi alcance.

MANUEL ESPAÑOL

LA TIA CUQUI ME QUIERE SECUESTRAR

LA TIA CUQUI ME QUIERE SECUESTRAR

Estoy preocupado. Hace demasiados días que no sé nada de la tía Cuqui. Dos semanas que estuve con ella discutiendo de política, y lógicamente no nos poníamos de acuerdo, que si hubiésemos llegado a un consenso, ¿de qué íbamos a discutir y a lanzarnos tan punzantes dardos cargados de ironía y de humor como en nosotros es habitual? No, que con ella no correrá jamás la sangre, solo la ternura, pero es una provocadora que a veces sabe sacarme de mis casillas. Tampoco hemos hablado por teléfono durante este tiempo, y así no hay manera de enterarse bien de los chismorreos del pueblo, de las andanzas no muy ortodoxas del don Casto el cura (me han dicho que ha cambiado de casera), de la última borrachera de Perico, de la cabra que se le había perdido a Anastasia. ¡Ay Anastasia, que el problema lo tienes como yo, en el cerebro, que estamos como cabras! Me pregunto si se sabrá algo más de Florencio, el del gallinero, sí aquel cuyo padre, y de ello hace ya muchos años, se dedicaba a enviar cartas en blanco, solo por el placer de poner sellos en el sobre con la jeta de Franco y pegarlos envenenados con su propia saliva y aplicando fuertes puñetazos.

Quizás ese espacio, digamos que en blanco, ha sido a causa del fuerte trabajo que he realizado últimamente, que no me ha dado tiempo ni de llamar, aunque claro, a ella tampoco. ¡Qué mujer sin igual, que siempre me dice que no sabe si es mi hermana mayor o mi tía más joven! Así que con la excusa de las elecciones municipales, decido marcar su número: “Tita, que soy tu Gabino. Qué hace mucho no hablamos”. La primera frase: “Ay gamberro mío, cómo te echo de menos, ingrato. Bueno, que servidora ha estado muy ocupada pensando en mi candidatura”. “Ay Dios mío –le digo yo-, ¿qué te has presentado a alcaldesa? Te lo tenías muy callado…”. Y ante mi respuesta acompañada por una sonora carcajada, me dice: “¿De qué te ríes, destalentado? ¿te crees que estoy tonta y que no valgo más que una Botella?” Claro que no me atrevo a toserle y luego es ella la que me dice: “si no me llegas a llamar tu, estaba yo a punto de echar mano del teléfono. Gabino, tienes que venir urgentemente a verme. Ha venido un tío de no sé donde, que pretende escribir las memorias de este lugar, y empieza a preguntarme unas cosas….”. Ella me preocupa con esta noticia y ante mis temores expresados de que sea un elemento peligroso, me dice que “no, que es muy pesado y no parece malo del todo. Así que he pensado que tu, que eres muy listo y tienes imaginación para todo podrías venir a estar dos días conmigo y así me lo quitarías de encima. Después ya verás los asados que te voy a preparar con el ternasco que me ha regalado el Pepote. Y tengo unos vinos….” ¿Traigo a Jimena?”, le pregunto. “Pero estás tonto o qué te pasa? ¿Es que quieres privarte de un buen festín, que como tu dices es medicina para el equilibrio mental?”. “Bueno, no te preocupes tita, que cojo el cepillo de dientes y un pijama y salgo hacia el pueblo.”
Cuelgo y le llamo a una Jimena, que pocas veces entra en casa, y le digo que la tía, a la que ella adora sin reservas, que eso sí es verdad, me necesita para hacer unos trabajos durante un par de días. “Ay Gabino, que por tu tía lo que haga falta –me dice-, pero me da la impresión de que vosotros dos os entendéis demasiado bien. Anda, anda, tráeme algo de allí. Pero tu, ojito con lo que comes!... ¡Ah!, y diviértete, porque lo que tu trabajar… Anda. que buen secuestro te ha preparado” Pues vaya fama que me ha puesto la parienta, aunque lo diga con mucha guasa. 
Una hora y pico después me planto en la puerta de su casa y es don Augusto el boticario quien me sale a recibir y quien con un dedo en su boca me ordena callar, que “Cuqui está atendiendo a un historiador muy bien vestido con traje y pajarita”. No he podido evitar la risa y ella sale muy indignada y en voz baja me señala que “esta vez sí que has sido inoportuno al presentarte aquí. Resulta que a este hombre no le interesa las leyendas en torno a este pueblo, que lo que quería es… Creo que estaba a punto de declarárseme”… De repente me ha dado un ataque de celos, y muy acalorado y temiéndome inmediatamente después una mayúscula tomadura de pelo, entro en el interior de su despacho gritando con aspecto de enfado: “¿dónde está el historiador de las narices”. Descorro las cortinas, y ni historiador ni nada, y don Augusto y mi tía sin poder resistir tanta guasa. “No te enfades sobrino querido, que esto lo he hecho para que disfrutaras de la paz del pueblo, y de alguno de esos guisos que a ti tanto te gustan. “¿Y el ternasco que me ibas a preparar? Aquí no huelo a nada” le contesto ya con una sonrisa irónica. Ella, que a veces me gana en cuanto a ironía, me señala que “todavía se halla en el corral y lo primero que vamos a hacer es matarlo, tú, por supuesto. Después lo cocinaremos.” Y así han empezado dos días que no sé cómo terminarán. Por lo pronto he visto debajo de la mesa una caja de botellas de Gran Reserva del Somontano, y me entero que ha sido don Augusto quien las ha traído de Barbastro. Presiento un secuestro muy feliz. Pero si soy yo quien ha de matar al animalico, me declaro vegetariano.

MANUEL ESPAÑOL

SETENTA AÑOS CON MUCHA GUASA

SETENTA AÑOS CON MUCHA GUASA

“¡Que te estás haciendo viejo, chaval”, me dice el “cabrito” de un primo mío a las 8 de la mañana después de haberme acostado a las 2.30 haciendo un poco el indio. Así que le digo: “Vete a….”, además de otras lindezas, y cuelgo con ademanes de fastidio. A esas horas, se puede comprender que no estoy para demasiadas bromas, que hasta Jimena, más despejada que yo me dice que “has hecho muy bien”, y se ha dado media vuelta para seguir roncando. Ella a dormir y yo a pensar qué demonios le ha ocurrido al tonto de Pepón, por lo que me incorporo sin hacer ruido, me siento sobre la cama y abro los ojos como platos. Al cabo de un rato me doy cuenta del alcance real de lo sucedido. “bueno, no tan cabrito, no tan cabrito” pienso. De repente me entra la neura y me pongo a gritar: “¡Jimena, Jimena, que me han caído los 70!”. Y ella con una serie de carcajadas nada discretas no reacciona mal del todo y me dice que “no te lo creas, que pareces un niño de 20”, con lo cual mi enfado se enfría y doy comienzo al buen humor ante una compañera que sabía que el enfado al final me iba a sentar bien, pero se queda atónita al verme actuar… Llamo a Pepón y le digo que si se había dormido, que espabile, que “no estoy tan viejo como dices tu, carcamal, que mi chica me ha dicho que parezco un jovencito tirando a niño con edad de 20”. Respuesta del pariente: “Sí, pero de edad mental, que de lo otro no puedes presumir. Bueno, primo, un beso y mil felicidades”. Y acaba de pronunciar esta frase sentenciadora con teóricos aires de buenos deseos y corta bruscamente la comunicación. ¿Qué habrá querido decir con lo de niño con edad de 20?. Y me quedo pensando en voz alta, y por más que pienso, no sé de que no puedo presumir. Ella, que tiene el oído muy fino se ha enterado de la conversación y no ha parado de reír por lo menos en diez minutos. “Y le has llamado cabrito”, dice entre risitas. En plena guasa conyugal, los vecinos de al lado, que pensaba habían aguantado más que nosotros y creyendo yo que no se han acostado en toda la noche, se han levantado y ponen pared con pared su equipo musical a todo volumen, mientras que una orquesta de jazz entona rítmicamente eso de “cumpleaños feliz”. Así que alegremente me pongo a bailar y a gritar cínicamente que: “vosotros poned la musiqueta esa todo lo que queráis, que para nosotros ha comenzado ya la fiesta y a partir de ahora vais a saber lo que es no dormir”, por lo que pongo a todo volumen el disco de los Tambores de Calanda durante cinco minutos, con rompida incluida, que así se llama el romper la hora. Al momento pasan los vecinos con una botella que creía de cava, y menos mal que nosotros estábamos tapados. Me dan un abrazo y como no me ven con cara de alcohólico se invitan a desayunar con nosotros. Y así la fiesta del día toma su pulso normal. He contabilizado entre móvil y fijo algo así como veintitantas llamadas, algunas del pueblo, así como de familiares y amigos, 125 felicitaciones a través de Facebook, con lo que el anecdotario del día crece. Si por una vez me pongo serio y feliz, os diré que mi prima hermana Marina se reservó el martes pasado una foto que le había hecho en su guardería su hija Nina, y que hoy ha publicado en el “caralibro” a modo de felicitación. Sí, soy un setentón muy feliz, Me sonríe la vida y hago firmes propósitos de mantener la sonrisa…..

Mientras hablaba hace un instante de la sonrisa, me ha llamado el primo Pepón y me ha vuelto a decir eso de que “estás viejo chaval”. Cuando he intentado contestarle adecuadamente, me ha comentado “qué poco sentido del humor que tienes. ¿Me preparas algo en casa jovenzuelo?” Y encima se invita. Si será…. Anda indio gorrón, pasa.

MANUEL ESPAÑOL

 

TU ESTÁS LOCO, CHAVAL

TU ESTÁS LOCO, CHAVAL

 No lo puedo evitar. Este sábado me caen los primeros 70, estoy jubilado, gozo de una salud aceptable que incluye el ejercicio del deporte en general y el montañismo en particular. Soy feliz con la lectura, la música, el cine, teatro, y mi pasión por emborronar de locuras las hojas en blanco no tiene límites. Pero me falta tiempo, que me gustarían días de… digamos, de 48 horas. Para colmo creo que me he portado mal con Gabino, al que no le dejo expresarse libremente y al que siempre le impongo mis criterios. ¡Ay Gabino, lo siento! Hoy dejas de ser mi alter ego y dejas de ser protagonista por espacio de 24 horas, mientras que un servidor, el jefe Manolo pasa a apropiarse debidamente de tus chaladuras. ¡Ay compañero inseparable!, perdona que me ponga en plan jefe, y posiblemente un poco dictadorzuelo. Te di vida y por una vez te suplanto y hasta me atribuyo el amor que sientes por Jimena. Alguien pensará que este veterano quiere presumir de joven y que cree que para él no existe el declive. El declive sólo está en la mente de uno, aunque haya impedimentos físicos que poco a poco se manifiestan con toda su mala intención y que hacen reflexionar, aunque como estoy en plan de loco surrealista, no demasiado. ¡Qué más da…! Donde haya humor e ingenio, algo tremendamente difícil y por lo que peleo día a día, habrá juventud, alegría. ¡Oiga, don Tristán!, que ya sé que soy un español iluso (Españoles y Lusos, uníos), pero no trate de quitarme el sentido del humor, que es lo último que se debe perder y es obligado mantener por lo menos hasta el último suspiro; no trate de quitarme mi gusto por las mujeres, por mis amigas que tanto y tan sinceramente me alegran la vida (no se piquen los chicos que también me dan su amistad). ¡Que no, que no, don Tristán!, que si trata de arrebatarme la sonrisa me pondré serio y con el gesto adusto puedo ser muy peligroso. De mayor me gustaría ser como mi tío Tan, que me gana a beber vino y me dice unas cosas en broma que no me atrevo a publicarlas por escrito, pero que me hacen soltar unas carcajadas… Algún día en secreto puede que os las cuente. No, no, don, que no hablo de sexo. Joé, que en este puñetero país tienen más delito los escandalizados que los teóricamente escandalizadores. No es malo lo que se dice, pero sí lo que se pretende escuchar. Claro que esto último es cosa de viejos, y yo soy un chico joven que ama la vida con suma intensidad. ¿Qué sería de mi sin mis brujitas buenas que noche tras noche acarician mi mente?, ¿qué sería de mi sin meterme de vez en cuando con el Gobierno? ¡Viva la libertad de expresión!, que cada uno diga lo que piensa, pero que no hiera los sentimientos más intimistas de las personas con opiniones cargadas de mentiras. “Tío, que te estás poniendo viejo y pesado” dicen mis sobrinos cuando me pongo serio y quiero dar cancha a la voz de la experiencia, algo que no sirve de mucho si es que se toman las cosas con un mal interpretado rigor. Estoy en el ordenador, miro en el caralibro y me encuentro con un mensaje privado de Ignacio Español, desde Ferrol, en el que me dice que ya me puedo preparar para este sábado, que me la va a organizar gorda, mientras que Pablo desde Varsovia me anuncia algunas de sus caricaturas. ¡Qué feliz me siento!, que hasta Jimena me dice en estos momentos eso de “tu estás loco, chaval”. ¡Huy lo que se me está ocurriendo, chavala!. Brujitas hermosas y bruxos bonachones, os pido que por lo menos seáis tan felices como yo en estos momentos. Os invito a vivir intensamente también en los próximos 70 años. ¡Viva la fraternidad, la igualdad y la libertad, vivan el amor y las ilusiones!”. Cada día me dais parte de vuestro corazón y creo que ya me puedo llamar “el as de corazones”

MANUEL ESPAÑOL

 

DESPERTAR MÁGICO CON SABOR FRANCÉS

DESPERTAR MÁGICO CON SABOR FRANCÉS

 Los despertares sin música siempre han sido muy duros de digerir, especialmente si van precedidos de pesadillas. Pero es curioso que después de diez días de estancia por la embrujada Selva Negra de Alemania al acorde de los sones de las músicas de aire alpino, todavía mantengo sueños mágicos con París, que como bien dijo Enrique IV para acceder al trono de Francia, “París bien vale una misa”. Que sí, que era muy listo el que fuera monarca navarro, y del protestantismo se convirtió al catolicismo. Hoy prefiero guiarme por mi mundo onírico y bañarme de ese “charme” (encanto), de bailes apaches, de danzas desgarradas que tienen mucho que ver con el tango, de esa “chanson” que con su picardía me atrae con la fuerza del más poderoso imán. Soy como un Ulises que no podía resistirse al canto de las sirenas en su vuelta a Itaca mientras Penélope tejía y destejía. Esta mañana me he acordado y participado en sueños de los momentos alegres de mi padre (fallecido en 1975) cuando cantaba esas canciones con intérpretes tan especiales como Rina Ketty, Juliette Greco, Edith Piaff, y hasta de Yves Montand, y …. Curioso, que he salido de casa tarareando “Bajo los cielos de París”, y al cabo del rato de vagar en una más de esas caminatas diarias que ponen a prueba mi loca imaginación, me encuentro con un venerable de blanca barba, ojos pequeños pero alegres que le bailan, y una expresión risueña, que con su acordeón produce efectos mágicos lanzando al aire las notas de “La canción del pobre Juan”. No lo puedo evitar y me quedo ahí a escuchar con la mejor de mis sonrisas para terminar depositando unas monedas en su sombrero, que él me agradece con un sonoro “merci monsieur” (gracias señor). Me digo, “y además es francés. Mon Dieu”. Como no me marcho inicia los acordes de “A París” y parece que al verme abrir la boca, muy educadamente para hacerme callar se pone a cantar esa maravilla que me sigue poniendo los vellos como escarpias y que inmortalizó Montand. ¡Mon Dieu! Mientras, desvío la atención hacia el interior de la cafetería del al lado y veo arrullarse a una pareja. Hermoso. Tras entregarle nuevas monedas, el hombre me dice que se llama Robert, e iniciamos una conversación en la que me cuenta anécdotas de su vida de cuando cantaba y tocaba por los bares de la capital gala, cuando acompañaba a cantantes conocidas. La invito a un café. “Tengo alma de vagabundo” me dice en un correcto español con un simpático acento galo sureño. Sonríe, es feliz. Me asegura que dentro de unos días volverá a Toulouse, donde reside con su compañera de media vida. Cuando me dice esto mi excitación alcanza grados máximos, aviva los recuerdos tan imborrables que viví en dicha ciudad a la que viajé por primera vez a la edad de los cinco años, y en donde tengo una familia muy allegada. La felicidad alcanza un grado, diría que máximo, cuando le cuento que mi tío José tenía un bar y restaurante llamado “El Maño”, y que estaba ubicado en la Rue Trois Pelliers. “Enfrente y en esa calle he tocado yo”, me cuenta. “Conocí a su tío en sus últimos tiempos y era un hombre muy generoso. ¡Cuántos cafés me habré tomado allí!”. Ya no puedo más de alegría, me pongo a aplaudir locamente ante a cara de extrañeza del camarero. Así que le digo al empleado que “este señor, ahí donde lo tiene con su aspecto, es un gran artista, un músico sensacional que a veces viene disfrazado para cantar y tocar en las plazas públicas, y de paso pone el platillo de las monedas”. Ante la cara de extrañeza del empleado le comento a mi nuevo amigo: “¿Sería usted capaz de traernos un trocito de esa Francia picarona y amorosa que conoce como nadie?”. Él sonríe con su aire bohemio y me dice “voilá”, y magistralmente empieza a hacer soñar al improvisado auditorio. “Non je ne regrette rien”, “A París”, “Himno de amor”, “Una vida de amor”, “Milord” , suenan con más fuerza que nunca. Ha llegado la hora de los grandes aplausos y es el propio barman quien le pide que ponga el platillo por delante, y Robert se emociona ante un público generosamente entregado, y con visiblemente feliz asegura que “este es uno de los mayores éxitos de mi vida. Vale más el calor humano que el dinero, pero gracias a ustedes podré volver a Toulouse”. “Robert, ¿puede tocar una canción más?”, le comento y él, para delirio mío se arranca con “La bohéme”. Un favor le pido por último: “Toque en la plaza del Capitol, vaya al Puente de los Catalanes sobre el Garona, y lance al agua este clavel rojo que le entrego con sabor español, en recuerdo de los primeros compatriotas que debieron de emigrar a hacer los trabajos más duros. Uno de ellos, ese puente y los adoquinados próximos”.

MANUEL ESPAÑOL